Así eran los bautizos en el siglo XVI: siete padrinos y una familia espiritual

El doctor en Historia Jesús Rodríguez Calleja presenta su libro 'San Juan Bautista de Telde. Primeros registros bautismales (1503-1552)'

Un plano que data del siglo XVI, creado por Leonardo Torriani, refleja la ciudad de Telde, marcada por la recogida de caña de azúcar.

Un plano que data del siglo XVI, creado por Leonardo Torriani, refleja la ciudad de Telde, marcada por la recogida de caña de azúcar. / Universidad de Coímbra

Benyara Machinea

Benyara Machinea

Jesús Rodríguez Calleja, doctor en Historia Moderna y Demográfica Histórica, presenta su último libro, titulado San Juan Bautista de Telde. Primeros registros bautismales (1503-1552). Con esta investigación, el autor recoge una serie de archivos que ofrecen luz sobre cómo se realizaban estas ceremonias religiosas y que ayudan a comprender cómo se estructuraba la sociedad teldense del siglo XVI. 

El bautizo es una de las pocas ceremonias que se han mantenido invariables a pesar del paso del tiempo y de las múltiples transformaciones que ha vivido la sociedad. Sin embargo, algunas de las prácticas más comunes que se llevaban a cabo en Canarias en el siglo XVI han terminado desapareciendo, como la costumbre de nombrar a siete u ocho padrinos por cada bebé o el hecho de que los curas ofrecieran estas misas en latín. El doctor en Historia Jesús Rodríguez Calleja recoge estos y otros aspectos característicos de la sociedad teldense de la época en su libro San Juan Bautista de Telde. Primeros registros bautismales (1503-1552).

El autor presentará el citado ejemplar este jueves a las 19.00 horas en la biblioteca municipal Saulo Torón de Telde, coincidiendo con la celebración del Día de las Letras Canarias. La nueva obra del historiador, dirigida a investigadores y otros interesados en la materia, se compone de láminas sobre la ciudad, reproducciones originales de los bautismos e incluso la bula papal en la que se creó el obispado de Telde, entre otros archivos. A su vez, el libro alude a la ciudadanía de Valsequillo, pues la jurisdicción administrativa de ambos municipios recaía en su momento en la parroquia de San Juan Bautista.

La pila de cerámica vidriada que ilustra la portada del libro es la que se utilizó para llevar a cabo los primeros bautizos de la ciudad antes de trasladarse en 1802, coincidiendo con la creación de la parroquia de San Miguel, al municipio de Valsequillo, donde permanece a día de hoy. Y es que este elemento, importado desde Sevilla, "solo se puede encontrar en unas diez iglesias españolas, tres de las cuales están en Canarias, específicamente en las parroquias de Valsequillo, Gáldar y San Cristóbal de La Laguna", especificó el escritor.

"Cuando una persona se iba a casar con algún familiar espiritual tenía que pagar una despensa a la Iglesia"

En concreto, la parroquia de Telde fue la segunda del Archipiélago en empezar a realizar este tipo de ceremonias, convirtiéndose en una de las primeras ciudades de España en implantarlas. El proceso para iniciar a los bebés en el cristianismo ha vivido pocas transformaciones desde entonces, pero uno de los aspectos más sorprendentes de la celebración es que cada niño contaba en el siglo XVI con siete u ocho padrinos, pues la alta tasa de mortalidad llevaba a los progenitores a buscar a varios responsables que, en caso de fallecer, pudieran encargarse de sus cuidados. En estas misas, que se llevaban a cabo en latín, aún no existía la figura de las madrinas, que aparecería más adelante.

Sin embargo, estas costumbres desaparecieron porque los padrinos adquirían con este proceso un vínculo de familia espiritual. Por tanto, "cuando aquel bautizado se iba a casar con alguien que era familia de su padrino tenía que pedir una despensa a la iglesia y pagar, así que se renunció a aquello de tener seis o siete padrinos", explicó Rodríguez. Esta cantidad era la misma que tenían que abonar los parientes consanguíneos que se unían en matrimonio, lo que llevó a que se produjera un cambio bastante rápido para evitar este tipo de parentesco.

En las reproducciones de estos registros el historiador recoge los nombres de las primeras generaciones de familias que se asentaron en Telde, de las que se podía conocer su procedencia a partir de sus apellidos, la mayoría de los cuales eran toponímicos, es decir, que hacían referencia a alguna región o país. Dentro de España muchos viajaron, como se puede constatar en los registros de bautizados, desde regiones del sur de España y de otras zonas como Aranda, Vizcaya, Zamora o Burgos, mientras que respecto a la procedencia externa "destacan portugueses, genoveses, flamencos y personas de procedencia forzada, como esclavos", señaló Rodríguez.

Los hijos nacidos entre esclavos y patrones, o incluso de clérigos, tampoco eran algo extraño, como se puede intuir en este texto.

Los hijos nacidos entre esclavos y patrones, o incluso de clérigos, tampoco eran algo extraño, como se puede intuir en este texto. / LP/DLP

El ejemplar también ilustra acerca de cómo se fue formando la ciudad en torno a los ingenios azucareros, que durante décadas marcaron el desarrollo económico y comercial de esta zona de la Isla. "El azúcar era el producto estrella de aquel momento y se generan una serie de profesiones en relación a la caña de azúcar y a los que plantaban la caña, por lo que aparecen los almocrebes, los que la transportaban y la molían, los caldereros, los purgadores, los refinadores y sobre todo los maestros de azúcar", explicó el historiador. El trabajo más forzoso, no obstante, estaba reservado para los esclavos, que eran capturados en África para traerlos a trabajar al Archipiélago.

El azúcar que producían, una vez refinado, llegaba a las costas de Sevilla y de ahí pasaban a Flandes. "Era una ciudad que bullía con mucha actividad comercial, pero no solamente están los que se dedicaban a la caña de azúcar, sino que en los documentos aparece un sinfín de profesiones: herreros, carpinteros, cerrajeros, espaderos… Aparte de los clérigos y esclavos había una asistencia social y aparecen los cirujanos, el alfaquil, que es el médico, los barberos, que eran los que sacaban las muelas, e incluso se construyó el Hospital de San Pedro Mártir", incidió el autor.

La estructura familiar era bastante similar a la actual, con familias nucleares que presentaban una mayor natalidad, con una media de seis hijos, que sumados a abuelos y esclavos convivían en hogares de alrededor de diez personas. "Cuando la familia se deshacía por la muerte del varón o de la mujer se volvían a casar y había una alta sociedad que controlaba la posesión de la tierra, del agua y eran los que tenían los mayores recursos y disponían de esclavos para trabajar, pero la mayoría de la población eran trabajadores que difícilmente llegaban a fin de mes", incidió Rodríguez. Esta distribución de la tierra fértil fue la que provocó que la población emigrara a América, a partir del momento en el que empezó a crecer la población y la gente no podía subsistir con los recursos del municipio.

Hijos de clérigos, esclavos y patrones

Los registros de bautizos recogidos por el doctor en Historia Jesús Rodríguez Calleja arrojan luz sobre algunos aspectos sorprendentes de la sociedad canaria del siglo XVI. Los esclavos constituían una parte importante de la población, en especial en el municipio de Telde, donde el porcentaje rondaba entre un 7 y un 10%. Durante esta época se dedicaron a las tareas más forzosas y complicadas de la recogida de caña de azúcar. Sin embargo, cuando se descubrió América una gran parte de la producción se trasladó al nuevo continente, por lo que en Telde, a partir del siglo XVII, la mayor parte de esclavos que quedaron eran de producción. Es decir, los patrones capturaban esclavas en África y sus dueños o los amigos cercanos de sus dueños las dejaban embarazadas, por lo que tenían juntos un hijo que desde que nacía pasaba a ser esclavo por asociación. Los sucesores eran personas que servían mayoritariamente en el ámbito doméstico, mientras que otros trabajaban en el campo o en las casas ayudando a los dueños.