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UD Las Palmas La crónica (Copa del Rey, octavos de final, vuelta)

La UD tiene dos equipos

La segunda unidad, con los titulares lanzados en Liga, resuelve el pase a cuartos de final de la Copa del Rey tras volver a derrotar a la SD Eibar (3-2)

Hace nada, el otro día, la creencia general lamentaba que la Unión Deportiva Las Palmas no tenía potencial suficiente para competir en Primera División. Ahora, unas cuantas semanas después de caer en el pesimismo más absoluto y tras enlazar cinco partidos oficiales sin perder, la realidad dispara al alza la cotización del club. Tanto que la UD hasta se permite el lujo, como el que tiene un piso en la ciudad y una casa en el campo, de tener dos equipos: uno para alejar la amenaza del descenso en la Liga y otro para colarse en los cuartos de final de la Copa del Rey, fase que Las Palmas alcanzó anoche -19 años después de su anterior comparecencia por esas latitudes del torneo- tras superar a la SD Eibar (3-2) en un extravagante partido.

No lo tuvo fácil la Unión Deportiva para rematar la faena y pasar de fase. Ni por el 2-3 de la ida en Ipurúa ni por el ímpetu que le puso la SD Eibar durante toda la noche al ejercicio de remontar. José Luis Mendilibar, técnico del conjunto armero, alineó a varios titulares habituales -Keko, Saúl, Adrián o Enrich-, ordenó adelantar la línea defensiva hasta casi el centro del campo y con eso -más un poco de descaro general y algún ajuste en el once- el equipo vasco logró enredar a Las Palmas en su campo durante un buen rato tras el pitido inicial y al inicio de la segunda mitad. Con eso, sin lujos ni artefactos, llegó a poner en jaque a la UD.

Al equipo de Setién -que nace, crece, se reproduce y muere a partir de la pelota- le costó arrancar ante un rival que le presionó y le quitó el balón. Con todo, pese a tener que recular y ver venir a un adversario obligado a darle la vuelta al marcador, la Unión Deportiva -de entrada- no sufrió más allá de sus propias indecisiones y errores. Tapó pasillos de circulación, sus mediocentros se mostraron solidarios en las coberturas defensivas y así, sin muchos agobios, sin sobresaltos ni lamentaciones, contuvo el arreón inicial de la SD Eibar, tan empeñado en ganar como ofuscado para dar con la portería defendida por Raúl Lizoain.

El cronómetro de Pérez Montero, árbitro del duelo, había consumido ya 20 minutos y sobre el césped, con contenido, había pasado bien poco. Dos faltas -repartidas entre ambos equipos-, un fuera de juego de la SD Eibar, mucho trote y poco fútbol. Justo hasta que sucedió lo inevitable: la pelota cayó a los pies de Juan Carlos Valerón y con un clic, con un gesto, el viento cambió de dirección. Fue en el minuto 22, cuando Las Palmas llegó a trompicones a la frontal del área. Por allí pululaba el Flaco, perdido tras correr unos cuantos kilómetros detrás de los jugadores del rival, que con un solo toque habilitó a Willian José dentro del área. El brasileño, sin pensárselo dos veces y con un defensa ya colgado del hombro, cruzó el balón y exigió un paradón de Irureta, que mandó el balón a córner.

En ese saque de esquina la Unión Deportiva estuvo a punto de encarrilar su pase a cuartos de final. Momo colgó el balón y Willian José, libre de marca, soltó un zapatazo que se estrelló contra el larguero (min. 23). El asunto, entre una y otra ocasión, quedó en fuegos de artificio, pero después de eso la inercia del juego quedó a merced del equipo amarillo, que serenó el ritmo del partido, recuperó el balón y se quitó el aliento de la SD Eibar del cogote.

Pasó el partido a una fase de tono amarillo, pero más caótica, lejos del pie derecho y el cerebro de Valerón, en la que se jugó a impulsos. Y ahí, en ese charco, Wakaso es el rey. El centrocampista ghanés, desplazado en la alineación al extremo izquierdo -justo donde la dirección deportiva le recomendó a Setién que lo situara-, se convirtió en el epicentro de la acción. Recibió la cartulina amarilla de rigor, sacó de quicio a un par de rivales y en una pillería se inventó el 1-0.

Fue después de que Irureta, el portero de la SD Eibar, saliera a despejar un balón profundo pegado a línea de banda. Por allí apareció Wakaso, que ejerció como el alumno más listo de la clase, para reclamar con celeridad el esférico al recogepelotas de esa zona. El futbolista africano, con el guardameta rival reculando a toda mecha hacia el arco, puso el balón en juego con rapidez: lo mandó hasta el corazón del área, por donde apareció Willian José con todo a favor para marcar a puerta vacía. El atacante brasileño no acertó en el remate, pero Juncá, en su desesperación por cubrir la marca del delantero amarillo, golpeó sin querer la pelota y la empujó hasta el fondo de la portería (1-0, min. 23).

A falta de buen juego, la Unión Deportiva empezó a despejar el camino hacia la siguiente ronda de la Copa a base de eficacia. Con el horizonte libre -en apariencia- de obstáculos, el equipo de Setién bajó la guardia en la reanudación y se llevó un susto morrocotudo. Mendilibar movió ficha y puso en circulación a Inui y Barrenetxea. A la SD Eibar, con las sustituciones, le cambió todo: el ritmo, la puntería, la suerte, la confianza y hasta la cara.

En un minuto, entre el 52 y el 53, el conjunto vasco desarmó a Las Palmas. Ekiza, tras una falta botada con sutileza por Saúl Berjón, cabeceó para hacer el 1-1. Y acto seguido, casi sin tiempo para digerir el empate, Enrich firmó el 1-2 al rematar un centro de Juncá. Las Palmas, de inmediato -y con Bastón realizando ejercicios de calentamiento en la banda-, entró en pánico.

Último esfuerzo

El ataque de vértigo fue efímero, aunque el remedio no llegó a base de buen fútbol. Con la SD Eibar volcada en ataque, la Unión Deportiva se encontró con tantos espacios libres por delante como los colonos que fueron a conquistar el Oeste americano. Y con campo abierto, con tantos futbolistas con talento en sus filas, el equipo amarillo descifró con rapidez el problema. Siete minutos después del 1-2, Wakaso se lanzó como un kamikaze por la banda izquierda, ganó la línea de fondo y dibujó un centro que Momo, tras pasar por delante de Willian José, convirtió en el empate a dos (min. 60). David García, cerca del final (min. 83), hizo el 3-2 y la SD Eibar no le quedó otra que arrodillarse y firmar su capitulación.

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