Tras la masacre en la sede de la Armada de Washington, se reabre, por enésima vez, el debate sobre el control de la venta de armas en Estados Unidos. El presidente Obama ha expresado su preocupación de que los tiroteos se conviertan en un ritual que suceden cada pocos meses. Ha instado al Congreso en avanzar en la reforma del control de armas. Una ley que ya intentó modificar a principios de año, sin éxito. Un control más estricto sobre quién compra armamento o comprobar el historial mental de los clientes, podrían evitar masacres como estas.