22 de enero de 2017
22.01.2017

La papa caliente de Setién

El técnico tiene que gestionar a un sector del vestuario de uñas tras airear problemas internos que ya estaban arreglados

22.01.2017 | 01:16
Quique Setién mira el balón durante una sesión en Barranco Seco.

La semana "extraña"

  • Martes 10 de enero. Triunfo de prestigio: Todo pintaba bien cuando la UD, con mayoría de suplentes, conquistó el Calderón y se quedó a punto de dar la campanada en Copa.
  • Miércoles 11 de enero. Salida en Madrid: Setién da la tarde libre a la plantilla y la hora límite para volver al hotel eran las 23.30. Todo los cumplieron, pero algunos de ellos no llegaron en buenas condiciones.
  • Sábado 14 de enero. Discusión y paliza: En el descanso del Camp Nou discutieron Viera y Setién. El cántabro le mantuvo en el campo pero a comienzos de semana le apartó. Hablaron, firmaron la paz pero el jugador no pudo evitar que el técnico le dejara en la grada el viernes.
  • Miércoles 18 de enero. Una más de Araujo: Antes del entrenamiento matutino Sergio Araujo da positivo en un control de alcoholemia.
  • Jueves 19 de enero. Trapos sucios al aire: Setién, cuando todos los capítulos parecían arreglados, dio pistas en rueda de prensa sobre los problemas que habían sucedido.
  • Viernes 20 de enero. Empate y ultimátum: El equipo capea el temporal con un empate y Setién mantiene su firmeza en el discurso a la hora de hablar de los plazos de su renovación.

Punto de inflexión en la temporada de la UD Las Palmas. Si el curso pasado llegó en febrero, después de la derrota en Vallecas y unas declaraciones en caliente de Aythami, casi en la misma fecha el equipo amarillo afronta un cisma. La contundente rueda de prensa de Quique Setién antes de la visita del Deportivo ha cabreado a un sector del vestuario, que se siente herido después de que el cántabro aireara incidentes internos que ya estaban solucionados. La resaca a "la semana más dura", como él mismo la calificó, es un examen de altos vuelos a su liderazgo al frente del grupo. Y todo ello, con la negociación de su renovación encallada, amenaza el futuro de unos de los proyectos más ejemplares y sanos de Primera División.

El reto empezó cuando la semana pasada, durante la estancia del equipo en la Península, el técnico dio una tarde de permiso a la plantilla. El toque de queda para regresar al hotel de concentración eran las 23.30 horas y los jugadores lo cumplieron. Sin embargo, algunos de ellos llegaron en malas condiciones e incluso Javi Castellano, que sufrió un percance, tuvo que acudir a urgencias tras sufrir un golpe en la cabeza.

El club y el entrenador tomaron cartas en el asunto, investigaron los detalles de lo sucedido y abrieron los expedientes que consideraron oportunos. Las decisiones, de común acuerdo, se trasladaron a la plantilla a comienzos de semana y todo parecía zanjado cuando Quique Setién hizo público, para sorpresa de un sector de la plantilla y del club, que fuera de la Isla ocurrieron "cosas extrañas". "Estas cosas no pueden pasar y ellos lo tienen que saber. Hay que preservar la imagen del club, el comportamiento de ciertos chavales no se puede permitir", explicó.

Unido el capítulo en Madrid con el positivo de Sergio Araujo el miércoles por la mañana y la discusión con Jonathan Viera en el descanso del Camp Nou, el cóctel es explosivo. Así, Setién se hartó y decidió dar un toque de atención en público a los jugadores.

No es la primera vez que el cántabro tiene que afrontar situaciones de indisciplina. De hecho, es un experto en poco más de un año al frente del equipo. Ya dejó en la grada la temporada pasada a Jonathan Viera en Cornellà-El Prat, con Sergio Araujo lo ha repetido en otras ocasiones e incluso con Marko Livaja, que llegó tarde a un entrenamiento. Pero el caso más sonado sigue siendo el de la discoteca 'Chester' con Nauzet y Araujo como protagonistas.

De todos esos desafíos ha salido unido el vestuario. Y Setién confía en que la tónica se repita. "No habrá problema; de esta saldremos reforzados", calmó después del empate frente al Deportivo. Sin embargo, en este caso hay más jugadores implicados y su ultimátum al club -"habíamos puesto un plazo y si no nos ponemos de acuerdo tendré cierta libertad para negociar con otro club"- podría ser otra piedra en el zapato. Su futuro en la UD está en juego.

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