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De Vicio

La pasión por la tecnología de Yury Yanowsky

Hijo y hermano de bailarines, este canario de adopción, primer bailarín del Boston Ballet y coreógrafo, lleva 23 años instalado en Estados Unidos, donde alterna danza y creación artística con la enseñanza en la Harvard University

Yuri Yanowsky.

Yuri Yanowsky. Sabi Varga

Hasta los 14 años, Yury Yanowsky "no sabía bien qué quería hacer" en su vida. Hijo y hermano de bailarines, "antes de dedicarme a la danza estuve practicando de todo: música, gimnasia deportiva, fútbol, tenis, golf?", recuerda ahora que lleva 25 años ocupando el puesto de primer bailarín, 23 de ellos en el estadounidense Boston Ballet.

Su experiencia americana, dice, no la cambia por nada. "Llevo más de dos décadas en Boston y al principio, aunque era joven, fue duro por el idioma y lo diferente que eran sus costumbres. Debo reconocer que la gente americana es abierta y si tienes talento te apoyan sin importar de dónde vengas".

"Ahora soy un americano más; mi mujer es americana y acabo de ser padre de una niña que tiene sólo 6 meses", dice este profesional de 42 años que adora el fútbol, "en especial a Messi y el juego del FC Barcelona, además de la actual UD Las Palmas", y que admite "echar cada vez más de menos Canarias. Será la edad", bromea, "pero es importante para mí saber que una vez al año vuelvo a las Islas", donde tiene a casi toda su familia, sobre todo a sus padres, Anatol Yanowsky y Carmen Robles, figuras de la danza afincadas en Gran Canaria desde hace décadas.

Asegura que "lo mejor de Boston es que es una ciudad más tranquila que, por ejemplo, Nueva York, pero a la vez te permite coger el coche y llegar a Manhattan para ver una exposición o un show el fin de semana y luego volver a casa".

Tras un cuarto de siglo de carrera profesional, "llevo cuatro años dedicándome a la coreografía; este 2016 he creado mi pieza más ambiciosa con el Boston Ballet, llamada Smoke and Mirrors. Además estoy haciendo óperas y vídeos musicales que compagino con mi trabajo de profesor de ballet en la Universidad de Harvard".

Yury, ávido lector que recomienda, entre otras, la obra teatral The Empty Space, de Peter Brook, y a quien fascinan las biografías sobre Stravinsky, "de quien me gustaría hacer una ópera centrada en el artista", anuncia, dice que su libro favorito es El Perfume. "Hubo también una época en que me sentí unido a una pieza llamada Onegin, de Aleksandr Pushkin", añade este bailarín a quien le "encantan" los gadgets tecnológicos: "Compro lo último que sale. Con el iPhone grabo mis coreografías, las edito con el Mac y el iPad lo uso para enseñar y remontar vídeos. Toda mi música favorita la guardo en ellos porque siempre tengo que ir escuchando algo".

Adora la tortilla de papas y la Coca Cola, "pero con la edad tienes que trabajar más duro para mantenerte en forma, así que dedico siete horas al día a la danza y el fin de semana me voy al gimnasio, nado y hago pesas", concluye no sin criti- car que, pese a que en España se valora la danza, "no se invierte ni tiempo ni dinero".

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