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La plaza de España empieza a respirar

Los hosteleros comienzan a notar un incremento de clientes tras el doble castigo del Covid y las obras | La ciudadanía disfruta del nuevo espacio libre ganado a los coches

Así luce la nueva plaza de España el primer fin de semana tras su reapertura La Provincia

“Tengo que mirar, que creo que está todo lleno”. Iván Molina, dueño de la Tasca de Iván no para apuntando reservas desde el pasado jueves con la avalancha de clientes que han tomado su terraza coincidiendo con el estreno de la plaza de España, un nuevo espacio libre que la ciudad le ha ganado al coche. Los hosteleros de la zona, que han sufrido muchísimo durante casi un año el doble castigo de las obras de transformación de la glorieta en un espacio peatonal y de las restricciones del covid aseguran ahora que empiezan a respirar un poco tras el calvario vivido.

Los vecinos de la zona también han comenzado a respirar un aire más limpio y menos ruidoso, aunque el tráfico de los alrededores sigue siendo bastante elevado. Grandes y chicos acudieron ayer a disfrutar de la plaza de España, unos por la novelería de conocer como ha quedado la zona sin coches y otros para disfrutar del nuevo espacio verde y, de paso, tomarse una caña y unos pinchos en las terrazas del entorno. El día acompañó y la mayoría se mostraba encantado con la plaza. “Yo vivo por la zona y creo que ha ganado muchísimo. Está perfecto, no veo ningún fallo. Estos espacios en el centro de la ciudad son un lujo. Yo estoy encantada”, sostiene Lidia, sentada al sol en uno de los nuevos bancos junto a Antonio.

“Qué pena que no ví al alcalde y no pude pedirle que quite esta tierra y ponga pavimento”

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El negocio en la Tasca de Iván se ha multiplicado por cuatro desde el pasado jueves, asegura encantado el dueño, que apenas puede hablar por la gran cantidad de clientes que acuden a su terraza. Afirma que en los últimos seis meses lo ha pasado tan mal que estuvo a punto de cerrar. Ayer su terraza tenía el aforo autorizado de bote en bote a eso de la una de la tarde y todo apuntaba a que la tónica se mantendría hasta la noche. “Con las obras lo hemos pasado muy mal. Igual de mal que con el covid. Se juntaron las dos circunstancias y a nosotros además nos plantaron un andamio de obras para arreglar el edificio. Se nos ha hecho el doble de duro. No es lo mismo tener una obra de estas características en condiciones normales que con las restricciones del covid y el interior cerrado. Hemos estado a punto de cerrar, pero siempre hemos sido positivos y yo confiaba plenamente que las cosas iban a mejorar”, explica Molina, quien reconoce que tuvo que pedir un crédito al banco para mantener abierto el local de la plaza de España, tras tener que cerrar su otra tasca de General Vives, con la que llevaba nueve años y que “era una mina, pero no podía más”. El negocio se redujo un 60% y ahora las tornas se han virado. “Estamos alucinados, aunque yo confiaba plenamente en que las cosas mejorarían con la nueva plaza y sabía que tenía que esperar seis meses porque todo iba a cambiar y además se iba a multiplicar por cuatro. Yo lo tenía clarísimo. Una zona peatonal es una zona peatonal aquí, en Sevilla o donde sea”, resalta el hostelero, que cree que acertó. Sostiene que la afluencia es ahora mayor incluso que antes de la pandemia, porque ahora hay gente a todas horas. En cuanto a la peatonalización, está contento. “Yo entiendo a los que se quejan porque vienen a trabajar y tienen problemas con el coche. Por eso yo me compré un patinete y una moto”, cuenta Molina quien es de los que piensa que “hay que evolucionar. Ahora lo único que falta es ganarle la batalla al covid poquito a poco con las vacunas”.

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La renovada Plaza de España se llena de visitantes José Carlos Guerra

En Granier y Terraza Plaza, también han notado un aumento de las ventas. “Se vende un poco más”, comenta Gabriela y Julia, quienes añaden que lo que más se agradece es el fin de las obras. “Lo hemos pasado muy mal, mucha suciedad, poca gente, la terraza siempre estaba llena de tierra y polvo por todos lados. Ahora ha mejorado bastante”.

En el medio de la plaza, en la zona de los bancos están encantadas Felipa Álamo y Silvia, cuyas únicas críticas van dirigidas al sendero de tierra batida. “Esto es muy sucio. Qué pena que cuando vino el alcalde estaba en el mercado y no pude decirle que quite esta tierra y ponga pavimento. Ese es el único fallo. Lo demás está muy bonito”, entiende Felipa que, al ser de la zona, todos los días se da un paseo hasta la Base Naval. “Le doy las órdenes a los marineros y me vuelvo para casa”, bromea muerta de risa. Un poco más allá de Felipa y Silvia, Antonio vigila a su hija de 17 meses y también está satisfecho con el nuevo espacio libre. “Me parece que ha quedado muy bien, muy bonito. Debería haber muchísimos más sitios como este, muchos más. Debería estar la ciudad llena de ellos. Lo que han hecho aquí, en Mesa y López y en Luis Morote habría que extenderlo e invertir más en carriles de bicicletas y en reforestar la ciudad con árboles y plantas autóctonas. Esta ciudad necesita más espacio verde, más espacio público”.

En otro banco, Mercedes y Encarna no se ponen de acuerdo porque la primera cree que se debería prohibir a los niños pisar el césped, mientras la segunda entiende que la hierba está para que la disfrute la chiquillería. “En algún sitio tendrán que jugar”, sostiene.

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