El Lloret, un mirador de paisaje asolado

Los usuarios y viandantes del Lloret lamentan el estado de dejadez en el que se encuentra el observatorio paisajístico a tan solo un año de su inauguración

El fresco aire marino acompañado con las vistas a Las Canteras y la capital de fondo hacen del mirador del Lloret, uno de los enclaves más privilegiados de la ciudad. Sin embargo, para disfrutar las vistas los viandantes no agachan la cabeza para no observar la suciedad y las vallas oxidadas y tiradas que se encuentran en el lugar. Es el primer aniversario de la inauguración del mirador ubicado en El Rincón en el extremo oeste del paseo, dentro del entorno del Auditorio Alfredo Kraus, y los usuarios critican el estado de dejadez en el que se encuentra

Fue una actuación a cargo del Cabildo de Gran Canaria para que los viandantes, que todos los días suelen ejercitarse por la zona, disfrutarán de un entorno agradable durante sus paseos, además de atraer al turismo. Pero las intenciones no han dado sus frutos, ya que el mirador reúne basura, la vegetación se ha marchitado, los bancos están sucios y unas vallas oxidadas cercan una parte del lugar. «La intención fue primermundista y la realidad es tercermundista», bromea Cristo Harrison mientras pasea.

El Cabildo de Gran Canaria ejecutó la obra, pero la conservación y limpieza correría a cargo del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Desde el Gobierno Insular aseguran que «está recepcionado y es competencia municipal», pero el área de Mobiliario Urbano del Consistorio capitalino alega que no les ha llegado la notificación, por lo que puede ser que «el Cabildo haya empezado el trámite, pero esté pendiente de algo». A falta de una administración pública que mantenga el espacio su deterioro ha sido continuado.

«Cada vez vengo menos por lo abandonado que está», asegura Lidia Santana mientras pasea con su madre y sus perros. A pesar de que vive en la capital ha buscado nuevos lugares en los que pasear tranquilamente y mejor preservados, y en ese rastreo de nuevos espacios ha recalado en Bañaderos, y cuando no le queda de otra llega al Lloret. «Le dije a mi madre que ahora nos sentáramos a descansar, pero están todos los bancos sucios», incide. 

El Cabildo de Gran Canaria renovó la barandilla del paseo El Atlante, al inicio y final del mirador, el pasado marzo, ya que se encontraba oxidada por la marisma. Santana muestra su camiseta con la marca del oxido al alongarse en la barandilla. «Lleva solo dos meses puesta», destaca.

«Es una vergüenza con unas vistas tan bonitas y aquí no se puede andar», reclama Salvador García. Tiene que andar por prescripción médica y el Lloret es el paseo que le queda más cerca. «No voy a Las Canteras porque está lleno de gente, vengo aquí porque no me queda otra opción porque si hubiera otro sitio iría», recalca. García recuerda la fecha de la inauguración del mirador cuando todo estaba de punta en blanco: «Todo eso era nuevo y digno de ver y ahora es digno de vergüenza». 

Aunque para gustos colores durante las primeras semanas, el observatorio paisajístico recibió algunas críticas de los usuarios por la falta de vegetación, que ya en un primer instante se encontraba seca. «En su hábitat natural tendrían suficiente con el salitre marino, pero con todo el hollín de los coches terminan así, aunque con un poco de cuidado se mantendrían», opina Santana. «El enclave es precioso, es una pena», hace hincapié. 

«Mal ha estado siempre», rememora Carlos Mujica. Todos los días camina por el paseo de El Atlante, algunas veces por la mañana y otras entrada la tarde, pero su opinión sobre el lugar es siempre la misma: «Tenemos unas vistas de escándalo y lo único que han hecho es poner los palos». Mujica señala a los troncos de madera que protegen a los usuarios de posibles caídas, y es que considera que los trabajos realizados para el embellecimiento del lugar han sido mínimos. «Mire usted para allá», dice mientras observa a lo lejos la bahía capitalina en todo su esplendor, son esas vistas las que vale la pena caminar por la zona y lamenta que el mirador no las acompañe. 

«Acostumbrado a la fealdad»

Antonio, que camina a paso ligero, es un habitual del lugar, que asegura lleva así «mucho tiempo». «Nunca he visto ningún trabajador actuando aquí», afirma. Vive por la zona y es uno de los lugares más cercanos que tiene para andar, reconoce que las vistas al horizonte son bonitas, por lo que prefiere no pensar en el paisaje más cercano a sus pies. Aunque asegura que ya se ha «acostumbrado a la fealdad». Otros, sin embargo, no llegan a habituarse como Harrison, que cuenta que no suele venir porque es «bastante desagradable», pero debido a la cercanía a veces es lo más práctico en su rutina.

A pesar de la estampa del mirador, los deportistas y paseantes siguen utilizando el espacio para ejercitarse al aire libre con el paisaje de la playa de Las Canteras de fondo. Las vistas compensan el estado de dejadez del que muchos usuarios se quejan. «Es una lástima», suspira uno de ellos.