Accesibilidad | Día internacional de las personas con discapacidad

Las Palmas de Gran Canaria, una ciudad inaccesible: cuando tu vivienda es una cárcel

Tres de cada diez canarios con movilidad reducida han tenido que cambiar de domicilio en algún momento

Las Palmas de Gran Canaria cuenta con barrios enteros sin ascensor

«Mi madre tuvo que vender la casa en su momento por mi hermana, iba en silla de ruedas y era una locura salir de casa porque no tenían ascensor», apunta Cecilia Déniz mientras conversa con una amiga en el portal. Tres de cada diez canarios con movilidad reducida se han visto en la misma tesitura que esta familia del barrio de Escaleritas de Las Palmas de Gran Canaria. Según el informe ‘Accesibilidad y movilidad: mejorando la calidad de vida de las personas con discapacidad’, elaborado por la Fundación Mutua de Propietarios con motivo del día internacional de las personas con discapacidad, que se celebra este domingo, el 28% de los habitantes del Archipiélago han tenido que cambiar de domicilio por este motivo.

Déniz vive en un primero y todavía siente que puede subir sin problemas la veintena de escalones que la separa de la calle, pero «uno se va haciendo mayor y nunca se sabe», resalta. Vecina de la calle Juan Rodríguez Quegles, en Escaleritas, lo cierto es que ninguno de los edificios de las antiguas promociones sociales de la zona tiene ascensor, a pesar de tener hasta cuatro alturas. Incluso, algunos portales tienen escalones hasta la acera y carecen de rampas. Construidos en la década de 1960, la accesibilidad universal no era una materia que se contemplara en aquella época.

En Escaleritas, al igual que en otros barrios de la capital, todo el mundo conoce a algún vecino que se vio obligado a cambiar de domicilio al no poder hacer frente a las escaleras que les separaban de la calle. ¿La alternativa? Resignarse a vivir encerrados en su propia casa y a depender completamente de otra persona para poder salir del edificio para hacer cualquier trámite -como ir al médico, comprar o simplemente dar un paseo-. Según el informe, el 48% de los canarios pasan numerosos días dentro de casa; el 1% directamente no lo sale nunca.

El coste para adaptar un edificio puede dispararse por encima de los 5.000 euros por vivienda

«En ocasiones, el hogar se convierte en una cárcel para las personas con movilidad reducida dada la dificultad para poder entrar o salir», afirma Laura López Demarbre, vicepresidenta ejecutiva de la Fundación Mutua de Propietarios. De hecho, este mismo informe señala que el 87% de los edificios de viviendas en toda España deben realizar actuaciones para poder eliminar barreras arquitectónicas. Instalar un ascensor, rampas para salvar escalones en el portal, porteros automáticos inaccesibles desde una silla de ruedas, buzones elevados y la necesidad de un abrepuertas motorizado -al pesar demasiado esta- son algunas de las necesidades pendientes en numerosos inmuebles.

Y aunque una mayoría está de acuerdo en que solventar estas deficiencias es beneficioso para el edificio, lo cierto es que, según el informe, el 54% de los canarios ve poco a nada probable realizar mejoras de accesibilidad en su comunidad. La falta de acuerdos entre los propios vecinos y los motivos económicos son las dos principales causas. Más teniendo en cuenta que el coste para hacer las adaptaciones necesarias puede dispararse, incluso, por encima de los 5.000 euros por vivienda. Una cantidad prohibitiva para numerosas familias.

«Muchas de las viviendas no accesibles son propiedad de personas con bajos recursos por lo que se evidencia la necesidad de que administración e instituciones contribuyan a hacer posible que se lleven a cabo actuaciones para la eliminación de barreas arquitectónicas», denuncia López Demarbre. Lo cierto es que un grueso de los edificios sin ascensor en Las Palmas de Gran Canaria corresponde con promociones sociales de los años 50, 60, 70 y de principios de los 80 cuyos vecinos tienen en su mayoría bajos recursos. Es el caso de barrios como Escaleritas, Zárate, La Paterna, San Francisco o la Vega de San José, entre otros.

Resolver la situación

En algunos casos el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria ha comenzado a resolver esta situación. En los dos mandatos de Javier Doreste como concejal de Urbanismo, el Consistorio rehabilitó buena parte de la Vega de San José, actuaciones que incluyeron la eliminación de barreras arquitectónicas y la colocación de ascensores en 2021 en seis bloques de cuatro plantas. En el número 20 de la calle Málaga, por ejemplo, Antonia, Gloria y María, vecinas con problemas de rodilla, tardaron casi cuarenta años en disfrutar de esta comodidad, que es en realidad un bien básico.

El Consistorio también ha comenzado la colocación de los ascensores en el número 23 de la calle Ruperto Chapí. Se trata de dos bloques que suman un total de 40 viviendas, las primeras de las 899 que está previsto rehabilitar en La Paterna Vieja. Al no haber ningún tipo de hueco disponible -uno de los principales inconvenientes en este tipo de edificios con décadas de antigüedad-, los arquitectos han optado por hacerlos exteriores, de tal manera que la caja del elevador irá sobre la acera y los vecinos accederán directamente a sus casas en lugar de hacerlo por los rellanos.

Virginia, desde un cuarto: «Mi madre estaba encamada y sacarla nos costaba muchísimo»

Se trata de una solución compleja. Con el precio inicial de licitación de referencia, la colocación de los ascensores en La Paterna ronda los 9.000 euros por piso, algo que sus vecinos difícilmente podrían haber hecho frente. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), los hogares de esta zona tienen una renta que no alcanza los 25.000 euros anuales, lo que les coloca en el 15% de los más pobres de España. Esta dinámica se repite en la mayoría de barrios de la capital con grandes carencias de accesibilidad. En el caso de San Francisco, con edificios de los 60 con cinco plantas sin elevador, sus familias están entre el 2% de las más pobres del país.

Además del problema económico -existen también planes municipales a más largo plazo para Las Chumberas o El Batán-, está la complejidad de insertar este tipo de elementos en edificios con más de 50 años. «Tal y como hicieron el edificio es difícil», señala Pedro, vecino de la plaza Obispo Frías, en Escaleritas. Compró un primero, «pensando en el día de mañana», y colocar un elevador en su bloque apenas le salvaría de la mitad de los 18 escalones que tiene hasta su puerta. La acera es demasiado estrecha y en el lado hacia los patios traseros, donde sí habría hueco, el descansillo no coincide con el de las viviendas, explica.

En otros bloques el problema lo tienen en la misma entrada, con varios escalones hasta la vivienda. Apenas tres pasos que para una persona con movilidad reducida pueden ser «todo un mundo». «Estos edificios para personas mayores son imposibles», añade Antonio, en compañía de su amigo julio, también en Escaleritas; pasa de los 55, pero va con una muleta a todas partes, «porque vivo en el primero, si no, ni saldría de casa». Opiniones como la suya se repiten por toda la zona, «mi madre estaba encamada y sacarla de casa nos costaba muchísimo», añade Virginia Mencaro, desde su ventana en un cuarto piso de la calle Eduardo Benítez González.

Otro estudio de la misma fundación, en este caso en conjunto con la Universidad Rovira i Virgili, resalta que el 44% de los canarios mayores de 75 años tienen dificultades para salir de sus casas al carecer de ascensor o subir de manera obligatoria escaleras -la falta de accesibilidad en barrios como los Riscos capitalinos es otro problema crónico de la capital grancanaria-. Se trata de un segmento que ya supone el 8% de la población del Archipiélago y, además, buena parte -el 25%- vive solo.

El doble de la media española

El mismo informe indica que el 35% de los edificios del Archipiélago necesitan un ascensor y tres de cada diez una rampa en el portal. Se trata de cifras que prácticamente doblan la media española, por lo que las Islas se encuentran a la cabeza de este problema social. Además, la falta de accesibilidad en sus viviendas es algo que afecta al estado de ánimo de las personas que padecen este tipo de situaciones, más de la mitad reconoce abiertamente sentirse mal por no poder salir de casa. 

El Observatorio de la vivienda refleja que solo el 27,7% de los edificios de la ciudad están adaptados

Este fue el caso de Margarita, quien tras operarse de una rodilla ya puede dar sus paseos por la calle Henry Dunant, Escaleritas, aunque sea con la ayuda de una muleta, «no podía hacer nada por el dolor horroroso, tenía una ansiedad tremenda», explica. Vive en un tercer piso sin ascensor y la prótesis le cambió la vida; ahora está a la espera de la operación de la otra pierna, «para la recuperación tuve que irme a vivir con mi hija en el sur porque como estaba era imposible bajar las escaleras, pero es que antes casi no salía a hacer mis cosas porque era imposible», remarca.

Según datos disponibles en el Observatorio de vivienda del Cabildo Insular, tan solo el 27,74% de los edificios de Las Palmas de Gran Canaria son accesibles. Es decir, siete de cada diez inmuebles presentan algún tipo de problema en esta materia. Se trata de cifras de 2011 provenientes del INE, por lo que llevan más de una década sin actualizarse y todo apunta a que la situación se habrá aliviado sensiblemente teniendo en cuenta las actuaciones que han realizado tanto administraciones públicas como las propias comunidades de vecinos, además del aumento del parque de vivienda de los últimos años -actualmente sí se construye siguiendo los criterios que exige la Unión Europea de accesibilidad universal-.

En base a este mismo observatorio, los barrios nuevos -como La Minilla, Siete Palmas o Ciudad del Campo-, son los únicos donde la práctica totalidad de los edificios disfrutan de accesibilidad universal. El resto, son todo lo contrario. De esta manera, hay barrios enteros con deficiencias, como pueden Las Chumberas, Zárate o Las Rehoyas -este último está previsto demoler y reemplazarlo por completo-. La situación también se ve acusada en zonas de casas terreras, como los Riscos, Lomo Apolinario o Piletas.