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Apuntes

Resistiremos. Y la victoria será nuestra

La importancia del periodismo rebelde para el avance de la democracia y el progreso de la humanidad está demostrada por la represión que sufren los medios y los profesionales, por la censura y los intentos de amedrentamiento, por el acoso a los editores y por los asesinatos de periodistas. La libertad de expresión, la opinión pública, no son conceptos etéreos. Reflejan derechos sustantivos y conquistas democráticas irrenunciables encarnadas, en primera línea, por hombres y mujeres reales: por los periodistas que ponen nombre y cara al ejercicio de esta función que es el corazón de todas las constituciones que hacen a los ciudadanos, ciudadanos libres. Los fanáticos religiosos o políticos no asesinan como prioridad estratégica a carpinteros, fontaneros, arquitectos, ingenieros, médicos, pilotos... dirigen su odio y su crueldad hacia aquellas personas que simbolicen al ejército del pensamiento y la educación: periodistas, intelectuales, artistas, maestros. Pero, de forma especial, por su poderosa influencia en las elites y en las masas, ponen en su punto de mira al periodismo. La verdad no les conviene. La claridad les ciega. El mal vive mejor en la oscuridad; y solo sale a la luz cuando el propio mal, ejercido con extremismo sanguinario, sirve como arma de destrucción masiva de la voluntad; es decir, cuando se implanta el miedo. Una sociedad presa del pánico, incapaz de reaccionar, es una sociedad vencida. Muerta.

Una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos define a los periodistas como "perros guardianes de la democracia". Esta es su principal vertiente: controlar a los poderes, políticos, económicos, religiosos... Ser intransigentes en la defensa de los derechos de todos.

La masacre terrorista contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo no es un hecho aislado. Forma parte de una historia criminal que, revestida de diversas formas, con distintos camuflajes, tiene la finalidad de neutralizar una actividad misionera sin la que las democracias dejarían de serlo. Y los ciudadanos irían perdiendo sus libertades mientras los malos aumentarían su grado de impunidad y poder.

Pero sería injusto no ver que no son solo las sociedades occidentales las afectadas. Quienes más sufren los zarpazos de este fanatismo son las propias colectividades musulmanas. Recordemos las agresiones a las niñas que van a la escuela en Pakistán o en Afganistán; no nos olvidemos de las niñas y mujeres secuestradas por Boko Haram en Nigeria. Repasemos la lista de cientos de miles de víctimas musulmanas del islamismo radical, en Irak, en Siria, en Argelia, en Libia... amparados los verdugos por cínicos rigoristas vestidos de blanco desde los arenales petroleros de Arabia y el Golfo.

2014 ha sido un año trágico: según Reporteros sin Fronteras han sido asesinados 66 periodistas, 11 colaboradores y 19 civiles que hacían periodismo a través de las redes sociales. Otras fuentes, como Campaña para un emblema de prensa eleva el número total a 138.

La aparición en escena del Califato desquiciado de Estado Islámico ha ofrecido imágenes estremecedoras de barbarie y fanatismo. Estos terroristas, que intercambian papeles con Al Qaeda y otros grupos unidos por el mismo delirio asesino, utilizan los medios tecnológicos más avanzados con una sola finalidad: sembrar el terror. Las escenas de degollamiento de prisioneros civiles se combinan con ametrallamientos masivos y con la práctica de violaciones, torturas y narcotráfico. El nombre de Alá se utiliza para encubrir toda la gama de pecados capitales y miserias humanas.

El miércoles 7 de enero de 2015 pasará a la historia de la lucha por las libertades. El martirio de diez periodistas de Charlie Hebdo, que sabían que estaban amenazados tras la publicación de viñetas satíricas sobre Mahoma (su director, Stéphane Charbonnier, dejó dicho 'humor o muerte'), será una fecha simbólica.

Pero aparte del crimen como recurso del ejército del mal hay otras maneras de terrorismo contra la información y la opinión: Putin encarcela a los disidentes, persigue a los medios críticos, y deja colaborar a los grupos mafiosos; el presidente ecuatoriano, la presidenta argentina, instrumentan procedimientos para debilitar a las empresas periodísticas, y hacerlas siervas de las instituciones; en Cuba, en Venezuela... En la inmensa mayoría de Estados islámicos, en China... En algunos países del este de Europa... Egipto, Turquía, con una peligrosa deriva que lleva de cabeza a la sharía; el régimen loco de Corea del Norte...

Frente a esta amenaza permanente de las fuerzas conjuntas de la sinrazón, el odio y la maldad el periodismo resistirá. Tiene un compromiso inextinguible con la opinión pública. Incluso en la paz y amparados en constituciones avanzadas los periodistas y editores son con frecuencia presionados, chantajeados, amedrentados y amenazados. Pero hay que aguantar firmes en la trinchera y en el ataque con las armas que ayudan a mejorar el mundo y a dignificar a la raza humana: el teclado, el micrófono, la cámara, instrumentos clave para promover la cima del pensamiento que es el método científico, el razonamiento, y la igualdad, la libertad, la fraternidad. La democracia, en fin. Y ganaremos. Dejemos atrás de una vez la era de las tinieblas. Las religiones como armas y como disfraz de ambiciones y codicia. Los dioses como disculpas de los malvados. Cueste lo que cueste. Je suis, nous sommes tous 'Charlie Hebdo'.

(tristan@epi.es)

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