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Xavier Carmaniu Mainadé

Una botella de anís por Darwin

La normativa municipal impide que Anís del Mono se continúe embotellando en su antigua planta situada a primera línea de mar en Badalona. Así pues, a Charles Darwin le tocará cambiar de aires y mudarse a Andalucía.  

Los dos grandes embajadores de Badalona en el mundo son la Penya de baloncesto y Anís del Mono, la famosa marca de licor fundada por los hermanos José y Vicente Bosch Grau en 1868 y que ahora tiene que dejar de embotellar su producto en la fábrica modernista porque las normativas municipales actuales lo impiden.

El Anís del Mono es una buena prueba de que la historia, como el amor, está en todas partes. Su etiqueta permite ilustrar cómo se recibió en nuestro país la teoría de la evolución de las especies. Muchos lectores sabrán que la cara del simio que reina en la mítica botella -inspirada, por cierto, en un frasco de perfume que Vicente Bosch compró a su esposa en París- es la caricatura de Charles Darwin.

El naturalista inglés nació en 1809, cuando su país ayudaba España a hacer frente a la invasión napoleónica. Cabe decir que una parte de los españoles más avanzados y progresistas tenían simpatías por los franceses por haber sido capaces de hacer una revolución y decapitar al rey. Algunos historiadores identifican ese momento como el origen de las famosas dos Españas que han marcado la historia contemporánea. Y aunque no lo parezca, todo esto tiene relación con Darwin y el anís.

Mientras España estaba enzarzada en otro conflicto, la primera guerra civil que enfrentó carlistas e isabelinos, Darwin navegaba con el Beagle en una expedición alrededor del mundo que duró cinco años y que no terminó hasta el 1836. Las observaciones hechas durante el periplo le sirvieron para publicar El origen de las especies en 1859. Es una obra capital de la historia de la ciencia porque sentó las bases de la biología evolutiva. El libro tenía más de 500 páginas pero sus planteamientos se terminaron simplificando, en exceso, en una sola frase: el ser humano viene del mono.

Si lo que decía Darwin era cierto, se ponía en duda la teoría de la creación divina defendida por la Iglesia católica. En España, la jerarquía eclesiástica y las élites conservadoras no estaban dispuestas a permitir la difusión de las ideas darwinistas. Bajo ningún concepto. En la Universitat de Barcelona se vivió un episodio que terminó con disturbios, cuando el catedrático de Historia Natural, Odón de Buen, osó enseñar la teoría de las especies en sus clases. Automáticamente sus colegas más retrógrados, con el apoyo del obispado, pidieron que fuera expulsado y la censura eclesiástica prohibiera sus libros en aplicación de la ley Moyano (la ley de educación vigente entonces) que decía: «Cuando un prelado diocesano advierta que los libros de texto o en las explicaciones de los profesores se emitan doctrinas perjudiciales para la buena educación religiosa de la juventud, dará cuenta al Gobierno, quien instruirá el expediente oportuno atendiendo al Real Consejo de Instrucción Pública, y consultando, si lo creyera necesario, a otros prelados y al Consejo Real».

La indignación entre los estudiantes fue máxima y estallaron una serie de protestas y manifestaciones que culminaban con lanzamientos de piedras contra la residencia episcopal. Mientras tanto, al ser apartado de la universidad, Odón de Buen, de ideología republicana y progresista, continuó las clases en el salón de actos del Centro Federal. Pero como los universitarios se mantenían en pie de guerra, fue readmitido.

Queda demostrado, pues, que los planteamientos de Charles Darwin no solo interesaban sino que generaban polémica. Cabe la duda de saber si Vicente Bosch era partidario o contrario a los postulados evolucionistas. Sea como sea, el empresario tuvo la habilidad de convertir una situación coyuntural en una seña de identidad de la marca. Además, para terminar de hacer redonda la parodia, el simio de la etiqueta sostiene un papel donde se puede leer: «Es el mejor, la ciencia lo dice y yo no miento». En definitiva, la etiqueta es testigo de la época en que se vivió una revolución científica de enormes consecuencias y que abrió las puertas a nuevas disciplinas como la prehistoria y la paleontología, que ayudaron a demostrar, todavía con más contundencia, que las observaciones de Darwin iban bien encaminadas.

Sátira

Las caricaturas del naturalista

A medida que los planteamientos científicos del naturalista inglés.

se fueron popularizando, además de los intensos debates académicos a su alrededor, su figura se convirtió en popular para el gran público y fue objeto de los dardos de la prensa satírica; donde era habitual que lo dibujaran con cuerpo de simio, tal y como sale en la etiqueta de Anís del Mono.

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