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Xavier Carmaniu Mainadé

entender + CON LA HISTORIA

Xavier Carmaniu Mainadé

Prostitutas en la iglesia

El 10 de junio de 1975, un grupo de prostitutas encerradas durante ocho días en una iglesia de Lyon para reclamar sus derechos fueron desalojadas. Cuando hace 46 años del episodio, la justicia española reconoce su derecho a sindicarse.

Las prostitutas que trabajan por cuenta propia tienen derecho a sindicarse. Este es el resumen de la sentencia que ha fallado el Tribunal Supremo como resultado de una demanda interpuesta contra Otras, la Organización de Trabajadoras Sexuales que en 2018 se constituyó como sindicato. Entonces entidades feministas partidarias de la abolición de la prostitución presentaron un recurso judicial. Pidieron que los estatutos de Otras fueran anulados y que la entidad fuera eliminada de la lista de organizaciones sindicales del Ministerio de Trabajo.

El dictamen del Supremo se conoció el 2 de junio, Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales, una jornada marcada para siempre en el calendario desde 1975, cuando un centenar de prostitutas ocuparon la iglesia de Saint-Nizier de Lyon. Estaban hartas de ser perseguidas por la policía, que las denunciaba y encarcelaba día sí día también. Con la acumulación de multas, condenas y antecedentes penales, temían que los servicios sociales les retiraran la custodia de sus hijos.

Aquellas mujeres plantaban cara a un sistema que las acosaba de manera constante y, por primera vez, no se escondieron para dejar que otros hablaran por ellas. Tomaron la iniciativa y se hicieron escuchar. Los medios de comunicación de todo el país enseguida pusieron cámaras y micrófonos en Lyon. Y se encontraron con Ulla, una mujer de 28 años, que ejercía de líder de la protesta y que no tenía pelos en la lengua: «No vamos a salir hasta que consigamos resultados, con la cabeza bien alta, siendo mujeres y madres; y no un sexo y un bajo vientre que los hombres están esperando allí fuera para saltarnos encima».

La acción tuvo el apoyo del rector de la parroquia; de la entidad católica abolicionista llamada Mouvement du Nid, fundada apenas cuatro años antes de que se produjera el encierro de Saint-Nizier; así como de otras organizaciones feministas vinculadas a la izquierda. Cabe decir que aquellos posicionamientos no estuvieron exentos de debate puesto que estas entidades ideológicamente eran contrarias a la prostitución.

Fueron pasando los días y las mujeres seguían resistiendo dentro del templo. Además, al conocerse la noticia comenzaron a llegar muestras de solidaridad desde diferentes puntos del país. De hecho en algunas ciudades como Grenoble, Marsella, Saint-Étienne, Montpellier y París grupos de prostitutas imitaron su acción y también ocuparon iglesias. El caso incluso cruzó el Canal de la Mancha y en Londres se creó el Colectivo Inglés de Prostitutas, que aún se mantiene activo.

Tanto en Francia como en el Reino Unido, las trabajadoras sexuales reclamaban la despenalización de la prostitución, que se acabara con la estigmatización de la profesión y que, ya que habían tenido que pagar tantas multas, que tuvieran derecho a servicios básicos tales como el acceso a la sanidad pública.

A pesar de la creciente atención mediática –la noticia llegó al New York Times, por ejemplo– el Gobierno no quería saber nada. La secretaria de Estado para la condición femenina, Françoise Giraud, rechazó reunirse con ellas argumentando que no tenía competencias en la materia, y el ministro del Interior, Michel Poniatowski, fue más allá y denunció que las prostitutas habían sido manipuladas por sus proxenetas, que querían desembarazarse de la presión policial que les estaba hundiendo el negocio.

Finalmente, el 10 de junio, el Gobierno ordenó el desalojo de la iglesia, a pesar de que en ningún momento el rector había presentado denuncia contra las mujeres, que fueron expulsadas de Saint-Nizier por la misma policía que las acosaba cada día en las calles de la ciudad.

Después de aquel episodio, durante el otoño de 1975 se llevaron a cabo otras iniciativas para continuar la lucha pero, poco a poco, la protesta se fue apagando y la situación de aquellas mujeres no mejoró. A pesar de todo, sin embargo, el 2 de junio se convirtió en el día señalado para reivindicar la lucha iniciada en 1975 y que tantos años después sigue generando controversia, tal y como hemos podido comprobar estos días con el caso de Otras.

‘Loveless’


Un libro y una obra de teatro

Claude Jaget, del diario Libération, fue el periodista que más siguió el encierro de Saint-Nizier, en Lyon, y a los pocos meses publicó un libro con entrevistas a aquellas mujeres titulado Un vie de putain!, que en 2016 sirvió de base para la obra de teatro Loveless de Anne Buffet y Yann Dacosta. En 2018, la pieza se representó en el Teatro de Célestins de Lyon.

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