Suscríbete

La Provincia - Diario de Las Palmas

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Desirée González Concepción

La vida es urgente

Siempre estuve en desacuerdo con el dicho popular «no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy». En cierta manera me parecía un refrán creado para presionarnos a ser autoexigentes y responsables en exceso. Un refrán de antaño, rescatado de una época donde solo se vivía por y para trabajar, donde el disfrute y el placer casi no tenían cabida. Quizá esa frase grabada en mi mente desde pequeña y que yo había demonizado, hoy cobra otra connotación.

Con la sexta ola revolcándonos más fuerte que nunca acabamos un segundo año de pandemia. Nuevas restricciones, escaso contacto con amigos y familiares, tercera dosis de vacuna, unas navidades descafeinadas... Buscamos desesperadamente la casilla de salida, buscamos la luz al final del túnel y… no llega. Sin duda, ante estas circunstancias nos vendría bien recordar aquella frase de Pau Donés, aquella frase enunciada poco antes de morir y con la cual nos daba una gran lección. «La vida es urgente» decía, cuando sus días estaban contados y con una positividad pasmosa comentaba que quería aprovechar ese final pues tenía muchas cosas por hacer…

Efectivamente la vida no espera, la vida ocurre mientras nos quejamos sobre lo que nos inquieta y suspiramos por lo que anhelamos. Nos refugiamos en este bucle de negatividad y nos dedicamos a procrastinar. Podemos aplazar un viaje, una comida de trabajo,… pero no debemos posponer nuestros proyectos, nuestras metas vitales. El virus mantiene a mucha gente confinada, muchas camas de hospitales ocupadas, pero los que tenemos la suerte de seguir surfeando la ola, debemos salir de esa pereza existencial. Postergamos nuestros objetivos y los sustituimos por actividades irrelevantes que no nos aportan, que apenas calman nuestro malestar… a la espera de que todo vuelva a la normalidad. Según la RAE vivir es estar presente, es decir, atender a lo que acontece en este preciso momento. Nos ha tocado convivir con un pequeño virus que nos ha puesto en jaque a todos. Ahora toca mover ficha y no podemos quedar enrocados durante más tiempo. Debemos entender que la nueva normalidad radica en vivir sabiendo que debemos cuidarnos, protegiendo además a las piezas fundamentales y más vulnerables del tablero. Rescato el axioma del filósofo chino Sun Tzu «no hay mejor ataque que una buena defensa», que viene al pelo para corroborar la necesidad de ese cuidado como muestra de responsabilidad social. Tenemos ahora la oportunidad de recuperar valores como el compromiso, la solidaridad y la empatía gracias a este virus que vuelve con fuerza una y otra vez. ¿Aprenderemos antes de que nos sacuda la siguiente ola?

Casualmente, hace unos días tomaba el sol y, despistada, una ola arrasó con todas mis pertenencias: se llevó mi camiseta, empapó el libro que casi acababa y pude salvar el móvil de milagro. Observé como la ola después de golpear con cierta violencia, regresó con calma al océano embravecido. Aquella ola me había devuelto la presencia y recordé entonces aquella frase de Henry David Thoreau «debes vivir en el presente, lanzarte en cada ola, encontrar tu eternidad en cada momento».

Llega un nuevo año y me imagino que el deseo imperante será que finalmente se erradique la Covid. Cuando toquen las doce campanadas, tendremos la ocasión de cambiar de discurso y de monotema. Por mi parte, yo deseo hacer caso a mi abuela cuando decía aquello de «si puedes hacer algo hoy, no lo dejes para mañana». Hoy mi propósito será desarrollar con ilusión mis proyectos, disfrutar de cada pequeño instante, disfrutar de las personas que quiero y que siguen aquí… para mañana o pasado dejaré el darle vueltas y vueltas al tema que nos ha restado tanta energía. Ya no pondré excusas para vivir… porque vivir es urgente.

Compartir el artículo

stats