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Caminante de Triana Calle Mayor
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Marino Mercante miembro del COMME.

Sobre este blog de Las Palmas

Relatar, con romanticismo, las viejas y las tecnologías nuevas en nuestra ciudad con un aire de nostalgia. De punta a punta


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  • 09
    Mayo
    2015

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    Triana calle mayor

    CAMINANTE DE TRIANA CALLE MAYOR

    CAMINANTE DE TRIANA CALLE MAYORCAMINANTE DE TRIANA CALLE MAYORCAMINANTE DE TRIANA CALLE MAYORCAMINANTE DE TRIANA CALLE MAYORCAMINANTE DE TRIANA CALLE MAYOR

    TRIANA CALLE MAYOR

    Caminaba yo por mi calle. La brisa del sur se colaba por la estrechez de Munguía. A veces racheado el cálido viento moteaba el ambiente. Dos usuarias del cercano súper trajinaban las bolsas apresuradas, molestas y cariacontecidas. Con las ráfagas de espaldas se dirigían cortando el paso a los peatones que seguían su discurrir por nuestra ecléctica vía hacia la recién restaurada calle . Les seguí los pasos. La otrora calle de edificios terreros y casas particulares se ha convertido en una semipopulosa arteria comercial influenciada por su vecina. Pequeños comercios jalonan sus aceras. Desembocamos en San Bernardo. Mis vecinas de trayecto se pierden Cano arriba. Me paro en la estrecha travesía peatonal y la sombra de los abedules reconfortan la hora del alto sol. El tráfico me despierta de mis murmullos mentales. Las puertas de los comercios permanecen cerradas. Del proyecto original del siglo pasado de su alameda San Bernardo conserva su jugosa frescura y a pesar del intenso rodar automovilístico es un placer desplazarse y poder detenerte en algún comercio de ciertas marcas que se han aposentado en sus aláteres. Llego al ecuador y me desaparece el agradable refresco sombreril en la bocacalle de Pérez Galdós.

    No puedo subir más, la pendiente me lo impide, quizás sea por eso que el otro meridiano de San Bernardo está más desolado. Le sacaron un poco el encanto en pos de la modernidad con su aparcamiento. Recuerdos de mi niñez el ver las maquinas socavando en la historia de la originaria Gran Vía y hoy Primero de Mayo y de la encantadora alameda de San Bernardo. Que impresiones de aquellas inmensas vigas colocadas atravesadas para la cerrazón de la obra. En aquellos años pocas obras de tal envergadura impregnaban la ciudad. Con mi maleta de libros hacia el colegio me detenía de pequeño mientras las máquinas roían mi viejo Puente de Piedra en el que tantas veces me detenía un poco asustado mirando de reojo a ver donde pernoctaba Andrés el Ratón. Vuelvo a abrir los ojos y cerrar la mente. La vieja casona de San Bernardo siempre me ha impresionado y más al convertirse en símbolo representativo con sus tricornios en la puerta que me hacían mirar de soslayo tras su hermosa cristalera. Hoy aún paso y miro hacia la explanada inferior y una nube de misterio se me dirige hacia los ocupantes de aquellos vehículos en tan lustroso garaje que quizás otrora fueran carruajes.

    Me he detenido y mi camino me ha desviado de mi calle, debo volver a ella pues sin ella no hay razón de vivir. Quizá mañana piense en don Benito.

     

     

     

     

     

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