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La canaria que plantó a Ayuso

Yolanda Fuentes prefirió dejar la dirección de Salud Pública de Madrid a poner en peligro la salud de las personas porque la presidenta de la Comunidad no respetó sus criterios

La doctora Yolanda Fuentes, en el pueblo sonde se crió. De fondo, la ladera de San Andrés, donde tiene su domicilio familiar.

La doctora Yolanda Fuentes, en el pueblo sonde se crió. De fondo, la ladera de San Andrés, donde tiene su domicilio familiar. María Pisaca

Fiel a su San Andrés natal, Yolanda Fuentes (Santa Cruz de Tenerife, 1974) regresó a comienzos de julio de Madrid, donde en dos oportunidades fue directora general de Salud Pública, a la ladera alta de San Andrés, donde nació, creció y se ensoleró, para disfrutar de un descanso vacacional. Aunque evita hablar de política, lamenta el estado de abandono en el que está sumida Anaga.

Especialista en Medicina Preventiva, es una de las vecinas ilustres de este pueblo, condición que tiene a gala hasta el punto de que, después de 21 años instalada en Madrid, mantiene a gala el trato cercano que distingue al canario sin sucumbir a los aires de grandeza por la responsabilidad que ocupó en la gestión sanitaria pública, primero en la crisis del ébola, con la presidenta Cristina Cifuentes –entre 2015 y 2017–, y en una segunda etapa (en el último cuatrimestre de 2020), con Isabel Díaz Ayuso, de nuevo en la Dirección General de Salud Pública de la capital del Estado. «Por lo poco que yo las conozco, a nivel político no tienen nada que ver». «Como persona prefiero a Cifuentes».

En la crisis del ébola, a consecuencia de las malas relaciones con el entonces consejero de sanidad Jesús Sánchez-Martos, dimitió. Luego, tras su regreso a la dirección general, durante el coronavirus, también renunció por su desacuerdo con la decisión de Ayuso de solicitar pasar a la fase 1, pues «no estaba basada en criterios de salud». «Me fui porque se tomó una decisión muy grave en contra de mi criterio técnico y de mi equipo que pone en riesgo la vida de personas. Los que no tenemos otra cosa que nuestros principios, no debemos abandonarlos».

Yolanda Fuentes cuenta con orgullo que nació en el seno de una familia de San Andrés que tuvo que sortear muchas necesidades. Su padre, trabajador del Astillero de Nuvasa, se dedicaba a plantar huertas e iba a la mar los fines de semanas y en vacaciones, mientras que su madre atendía a sus cinco hijos; ella es la más pequeña. En su infancia, recuerda que no había carretera para subir a la montaña y, sobretodo, sus hermanos, tenían que subir a hombro o a la cabeza la compra; ni siquiera había agua potable tampoco.

Sus primeras letras las aprendió en la antigua sede del colegio República Argentina, para luego pasar al Instituto de Bachillerato Anaga. Tenía que ir a chola al instituto, desde Muelle Norte». Fue en segundo BUP cuando se propuso ser de mayor médico por el accidente de moto que sufrieron unos compañeros. «Me gustaba mucho la ciencia y las matemáticas; la medicina fue mi primera opción».

Tras cursar y finalizar Medicina y Cirugía en la Universidad de La Laguna se traslada a Madrid para afrontar el MIR, logrando plaza como especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública en el Hospital Universitario 12 de Octubre.

La primera oferta

Yolanda Fuentes recuerda que la primera vez que le ofrecieron un alto cargo en la gestión sanitaria estaba trabajando en el Infanta Cristina, de Parla, y le propusieron ser directora médica del Hospital Carlos III donde había estado trabajando como preventivista. «Como tengo la mala costumbre de meterme en todos los fregados, dije que si», se ríe. Ahí empezó lo que denomina como su tour. Primero en la Dirección Médica del Carlos III durante cuatro años, hasta que con la crisis sanitaria de 2012, dos años después el centro se integró en La Paz y el gerente le ofreció el cargo de subdirectora médica, que aceptó. Y llegó la crisis del ébola en 2014, «y me la comí con papas», y «en 2015 me llamaron por primera vez para decirme si quería ser directora general de Salud Pública de Madrid, y también dije que sí».

Cuando se le pregunta si llega al cargo por afinidad política, Yolanda asegura que «a mi nunca nadie me ha preguntado ni exigido una afinidad política. Y desde lo alto de la montaña de San Andrés tampoco es que tenga una agenda amplía», comenta con humor.

En la crisis del ébola tuvo la oportunidad de conocer a Soraya Sáenz de Santamaría, que fue quien presidió el comité de expertos del ébola. Aquel comité de expertos sí existió y la médico de San Andrés se muestra corporativista y rompe una lanza por el comité del Covid: «Conociendo al personal del Ministerio, que son mis compañeros, seguro que también existió el comité de expertos del coronavirus». «Conozco a Fernando Simón –que estuvo también en el comité de expertos del ébola–, a la directora general de Salud Pública y son gente muy seria; políticamente han trabajado con todos». Recuerda que Fernando Simón llegó al comité «porque una ministra del PP depositó en él la confianza; son técnicos no son cargos políticos; y lo ideal es que perduren en el tiempo con independencia del color político que haya». «Si todo lo deciden los políticos sin contar con los técnicos, mal asunto para los países; otra cosa es que le hagan caso, para muestra un botón»., dice en referencia a su experiencia personal. «A mi me llamaron y yo no conocía ni a Cristina Cifuentes ni al consejero», pone de ejemplo.

Malas experiencias

Después de las malas experiencias como directora de Salud Pública... ¿volvería a aceptar un encargo en la gestión sanitaria?. Yolanda Fuentes admite que probablemente lo rechazaría, pero tampoco lo dice de forma categórica. «Recuerdo que cuando recibí la oferta por segunda vez de asumir la dirección y se lo dije a la madre que me parió, me dijo: tú has lo que quieras, pero ¿dónde crees que vas a poder hacer más para poder mejorar la Sanidad?, y me hundió en la miseria, porque no me dijo dónde iba a cobrar más, o dónde iba a trabajar mar, sino dónde podía hacer más por la gente para mejorar la situación».

«Siempre me ha movido la ilusión de poder mejorar las cosas en el puesto donde esté», admite Yolanda Fuentes, y «esa es la motivación por la que me he movido siempre, porque políticamente no represento a nadie; nunca nadie me las ha preguntado ni me han insinuado nada».

Respecto a la situación actual del coronavirus, Yolanda Fuentes sentencia que no es discutible la propagación del virus en entornos cerrado, pero en cada momento hay que valorar si los brotes se están produciendo. «Con lo que ha pasado con los viajes fin de curso da un poco de pena que se haya tirado por la ventana el esfuerzo de tantos profesores y directores de institutos, y no hablo solo del caso de Baleares, que ha sido desbordante». Y marca la diferencia entre los ruidos en las redes sociales y la normativa, los protocolos de Salud Pública y lo que hay que hacer. Trae al recuerdo el caso de los pasajeros de un avión que tuvieron que hacer cuarentena cuando iban a Galicia porque otros incumplieron la normativa.

Sobre la gestión del coronavirus, se pone en el papel de los responsables de Salud Pública: «Es muy difícil, esto es una pandemia mundial y las decisiones son muy difíciles. La relación que no vale es salud-economía. Sin salud no ha economía; cuando antes frenes los casos mayor posibilidad tienes que la economía vaya mejor, porque si no vas a tener que cerrar a lo bestia y las dificultades van a ser peores; ese equilibrio es muy complicado». Yolanda Fuentes considera normal el «sube y baja» de la incidencia del Covid porque tienes medidas muy estrictas, los casos bajan, nos relajamos como población y los casos suben. «Son ondas epidémicas». «Tenemos la mejor herramienta que ni soñábamos hace un año: una vacuna maravillosa y llevamos un ritmo muy buena. Es un lujo. Tenemos que acelerar toda la vacunación todo lo que podamos y ser muy serio en las medidas; piensa que hemos tenido a los mayores encerrados en los centros».

«Ha sido un éxito cómo se ha cuidado la situación en los centros para que luego, con las vacaciones, haya un desmadre. No puede acabar el colegio y que se acabe todo. Nos falta tener un poco más de paciencia», recomienda.

«La mascarilla formará parte del vestuario en ambientes cerrado y, conforme vayamos avanzando, en ambiente exteriores no será necesaria», precisa. Cuándo se le pregunta qué hace falta para regresar y afincarse en Canarias, es categórica: un trabajo, «porque además tanto yo como mi hijo tenemos la mala costumbre de comer», se ríe. «Nos que nacimos pobres nos enseñaron que teníamos que pagar», añade. «Nunca me he planteado meterme en política; mi concepto de vida es el trabajo. De política no sé, sino de trabajar de forma honrada».

Mañana volverá a ser una gaviota en Madrid, que canta Caco Senante, con su rutina de levantarse a las cinco y media, llevarle el desayuno a la cama a su hijo de 17 años y salir al trabajo a las siete y media para, junto a sus compañeros, afrontar le devenir de la epidemiología hospitalaria hasta las tres de la tarde, o cuando se lo permita el ritmo de trabajo, con la ilusión de volver a disfrutar de San Andrés más pronto que tarde.

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