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Opinión

Cohousing

Ángel Pérez

Ángel Pérez

Llegará. No hay forma, ni manera. Ni botox que lo detenga. Envejeceremos. Tendremos mejor o peor envoltorio, disfrutaremos de más o menos salud, pero el tiempo ni perdona ni se olvida de dejarnos claro que tenemos una edad. Hasta los 40 no nos ocupa y después de los 40 nos preocupa: ¿Qué será de nosotros cuando seamos mayores? ¿Dónde y con quién viviremos? Los que tienen hijos piensan ingenuamente que cuentan con ventaja, que sus vástagos son un plan de pensiones de lo emocional que les devolverán el cariño, el tiempo y el dinero que han invertido en ellos. Ilusos. Esa inversión no tiene garantías de retribución. Con o sin hijos, todos deberíamos hacer nuestros planes de manera egoísta e interesada. Si el presente es de los hijos, que el futuro también lo sea, para lo bueno y para lo malo. Velemos y vivamos por cada uno. Quiero tener y ser una persona con una vejez digna, sin cargas y sin cargar, libre, autónoma, de viajes, de amores, de entradas y de salidas. Que mis impedimentos me los pongan mis rodillas y mis caderas y ni nada, ni nadie más. Me declaro un fan del cohousing, esa nueva tendencia en la que amigos se unen y reúnen sus ahorros para construir su comunidad, un lugar a medida no para envejecer sino para vivir. Habitaciones con lo justo y suficiente y zonas comunes que derrochen servicios. Una piscina para iniciar el día, una sala de estudios para el curso de inglés, el taller para el ikebana, la pista de pádel, el huerto ecológico, la zona wifi, personal de limpieza, de cocina, médico y nutricional, monitores de zumba, kizomba o lo que nos dé la gana. Todo se hará y será por y para nosotros, por y para nuestro placer. Informo a mis herederos: ya estoy ahorrando. No esperen nada.

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