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Migraciones
Mónica Parra Escritora y voluntaria en campos de refugiados

Mónica Parra: «La devolución de menores es una violación de sus derechos»

Mónica Parra, autora del libro ‘Migrar y resistir. Historias del último éxodo hacia Europa’. |

Mónica Parra (Barcelona, 1972), presenta su libro ‘Migrar y resistir. Historias del último éxodo hacia Europa’ hoy, a las 21.00 horas, en la Asociación Atlas. La obra «permite conocer la realidad de la crisis humanitaria en nuestro continente. Se trata de un relato de resiliencia y resistencia», dice su autora. 

Desgraciadamente, el problema que trata en su libro Migrar y resistir. Historias del último éxodo hacia Europa, no hace más que crecer. El poder talibán está provocando la trágica desbandada de los afganos…

Pienso que es un problema estructural, de un sistema, una manera de funcionar y organizar de occidente. Los conflictos que está habiendo, tanto en África como en Asia, la mayoría están creados por países europeos, americanos o árabes. Toda esta gente es una consecuencia de estas políticas que se están haciendo en dichos países y que, al final, llega a afectar a los civiles y a las personas inocentes. Se está hablando ya de reuniones de los gobiernos europeos o americanos con los talibanes. ¿En qué momento se ha pensado en toda esa población que está huyendo desesperadamente y que al final es siempre la que pierde? La base es plantearse por qué están existiendo esos conflictos y quién los ha creado.

Más allá de Europa, las migraciones son hoy casi mundiales. Como miembro de la UE, España tiene una legislación que no parece cumplir adecuadamente. ¿En qué estamos fallando?

Creo que estamos fallando todos en todo. Para empezar, se están vulnerando los derechos humanos de muchas personas que están escritos en convenciones, tales como la de Ginebra, que se firmó después de la II Guerra Mundial y era para acoger a la gente que huía de conflictos. No se están cumpliendo las reubicaciones ni nada. El tema de la devolución de menores es una violación de los derechos humanos flagrante que España está aplicando y que ya se ha parado gracias al activismo, a la gente que se ha pronunciado sobre que esto no podía pasar en Ceuta y que podría estar ocurriendo en otros sitios de España. Hay unas políticas migratorias que, en vez de ser inclusivas, son racistas e institucionales y hacen que se cree una red de externalizar fronteras, construir vallas y gastarnos el dinero que cada año se duplica en armas en externalización de fronteras cuando se podría utilizar en ayudar localmente a todos estos países y no generarles más conflictos de los que tienen, así como ayudar aquí a las personas que lo requieran.

Lo que moviliza la migración, ¿es la necesidad de lo más primario para sobrevivir en el país de origen?

Lo que moviliza a la población son muchas cosas. Para empezar, comer y tener un techo, de lo que mucha gente carece. Otra huye de temas de guerra, como Siria. Ahora en Afganistán, donde siempre se ha negado que fuera un conflicto sí vemos que lo es. Hay cuestiones mucho más personales, como de LGTBI o de género. También está viniendo mucha gente con esta problemática. En Sudamérica existen las mafias, las pandas que copan hasta el Gobierno y hacen que muchas personas tengan que huir. Salir de un país tiene muchos ámbitos. Habría que analizar de qué huye cada individuo, pero es por muchas cosas.

¿Es sensato admitir una xenofobia que, a la larga o a la corta, desemboca en conflictos e incluso guerras?

Sí, por eso es tan importante entender por qué huyen, cada cultura, cada religión y respetarlas. Hacer que todo sea más rico con una ayuda global. No podemos decir que lo que no es como lo nuestro no está bien porque no tiene sentido. Se trata de maneras de ver la vida distintas, de tener religiones diferentes y que todos hemos de aceptar. Hay que hacer que nadie sienta que va a un país y crea que tiene que dejar de hacer sus cosas para integrarse. Evidentemente, cuando uno viaja a un país ha de adaptarse a la cultura en que está, pero sin quitarle sus raíces. La solución se encuentra en respetarnos y vivir todos como buenamente podamos. Siempre pongo el ejemplo de Siria que antes de la guerra era una nación en que vivían musulmanes, cristianos, judíos y otra mucha gente en paz. Con respeto es posible.

«No podemos decir que lo que no es como lo nuestro no está bien porque no tiene sentido»

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En muchos países tenidos por ricos subsiste el paro, la precariedad de la vida en todos los sentidos: vivienda, alimento, educación, etc. ¿Cuáles son los principales argumentos para acoger migrantes sin resolver el problema humano interior?

Creo que en vez de gastarnos tanto dinero en externalización de fronteras, en barcos que patrullan los mares como Frontex, en levantar vallas más altas, esto no tiene ningún sentido cuando todo ese dinero se puede invertir en cooperación en los países locales, en ayudarles a que su vida sea mejor, no a hacerles la vida más complicada de la que ya tienen, no porque queremos expoliar cosas, productos o materias en un país o porque tenemos intereses políticos o de lo que sea hacerles la vida más difícil, como está pasando con Afganistán.

España goza hoy de todas las oportunidades del Espacio Común Europeo, pero también ha tenido que emigrar, tanto por razones políticas como de pobreza. ¿Cree que está respondiendo en justicia a los migrantes que ahora vienen hacia aquí?

Por una parte, diría que tenemos la memoria muy corta y que no nos acordamos de lo que pasamos en la Guerra Civil donde tuvimos que huir y hay mucha gente que vive en Sudamérica y otros países de Europa. Pero también tengo que decir que, de todos los viajes que he hecho en Europa he conocido a muchas personas, la mayoría españolas, que están ayudando y realizando buenamente lo que pueden, desde Canarias también, en Italia, lo mismo, o en Grecia, muchísima gente española, voluntariado que está intentando hacer el trabajo que no ejecutan nuestros gobiernos. Se trata de un acompañamiento, no solo asistencial, de comida o ropa, sino emocional, mucho más importante. Hay múltiples abogados y activistas, mucha gente que está haciendo para resolver los papeles porque se están vulnerando todos los derechos. Por eso es fundamental reivindicar que existen variados activistas poniendo sobre la mesa que se están alterando derechos que no solo les salpican a ellos sino también a nosotros porque si lo hacen con ellos, a la larga, ya afecta a muchos de los nuestros.

Los canarios hemos tenido que irnos masivamente en tiempos no tan pasados, pero la inmigración de ahora parece agobiarnos. ¿Cómo se puede Migrar y resistir cuando la reacción es tan hostil?

Con amor. Creo que tiene que prevalecer la empatía y pensar que lo que le está pasando a toda esta gente que viene nos puede ocurrir a nosotros. Hay que saber comprender y respetar al otro y el tú a tú. Al final todo lo que está sucediendo acaba afectando a ciudadanos de a pie y si los gobiernos no son capaces de ayudar en esto tenemos que ser los ciudadanos los que pongamos conciencia y amor para generar un movimiento que acoja a toda esta gente que huye. Nadie se sube a una patera o un cayuco porque se quiera ir de casa. Eso comporta un conflicto emocional para siempre. Pensemos que la gente que está viniendo tiene necesidad de ello y que si nos pasara en algún momento a nosotros también nos gustaría que nos echaran una mano.

Existen en Europa numerosas entidades solidarias en amparo de los movimientos migratorios, pero no consiguen cambiar la mentalidad de rechazo. ¿Ve usted este problema en crecimiento o en evolución favorable a la acogida?

Pienso que es un trabajo de hormiguita, del día a día, intentar visualizar y que la gente vea lo que pasa. Observo una extrema derecha que sube y da mucho miedo, pero también creo que cada vez tendremos a más gente concienciada que rebatirá este discurso y lo parará. Mientras sigamos trabajando los activistas que estamos sobre el terreno sí quiero pensar que eso va a pasar. Tengo esperanza de que todo esto mejore.

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