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El Rally, en un suspiro... de Moya

El casco urbano del municipio norteño, por primera vez, testigo directo de un tramo de la prueba internacional

El paso de los vehículos por las calles del casco urbano de Moya despertó el interés de los vecinos y atrajo hasta la zona a mucha gente de otros pagos. De especial vistosidad era el transcurrir de las monturas por el dónut diseñado alrededor de la fuente de una de las entradas principales a la localidad. En ese punto, cientos y cientos de aficionados disfrutaron de la destreza de los pilotos al solventar esta dificultad en el recorrido desde las azoteas -incluso entonado el célebre 'Hola don Pepito, hola don José desde unas a otras'-, sobre escaleras, en las puertas de los bares y en otras zonas privilegiadas para el deleite de la vista durante las dos pasadas que hubo por allí.

Y si contentos se veía a los espectadores por el espectáculo que presenciaban, incluso más lo estaban los comerciantes de la zona, quienes hicieron su agosto en pleno mes de mayo ante la gran cantidad de personas que desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la tarde se movía por las calles del casco urbano de Moya. Y todo ello sin ningún incidente digno de mencionar, sobre todo en el tema de la seguridad, importantísimo en un evento de estas características.

Un ejemplo de ello lo encontrábamos en el Bazar Dulcería Ponce. Allí, tras el mostrador, Saro, Víctor y Marcela se afanaban en atender a la clientela que llegaba ávida de bocadillos, refrescos, aguas, dulces, gominolas, pipas... "Ojalá todos los días fuesen así", apuntaba Saro. Decía que, con respecto a un sábado normal, "las ventas se habían incrementado casi un 400 por ciento".

Este ir y venir de usuarios al negocio no les cogía desprevenidos, pues para la ocasión el abastecimiento de productos había sido importante y también habían reforzado el tema del personal, "porque normalmente suele trabajar una persona un sábado como hoy".

No dudaba al señalar que la iniciativa de que un tramo del Rally Islas Canarias pasase por el casco urbano "ha triunfado". "Para los comerciantes ha sido fantástica la idea, aunque comprendo que a algunos vecinos no les haya hecho gracia por las complicaciones que acarrea por el tema del cierre de calles y carreteras", puntualiza.

Unos metros más allá del Bazar Dulcería Ponce, en la terraza de la casa de Esther Díaz a pie de carretera, su hermano Pedro, de la Federación Canaria de Automovilismo, había promovido una reunión de familiares y amigos. Entre ellos se encontraba Pilar, la madre de Carlos Larrodé, fiel copiloto de José Mari Ponce y moyense de nacimiento.

La progenitora reconocía que, a pesar de los muchos años que lleva su hijo en el mundo de los rallis, "cuando compite continúo teniendo nervios y se me pone una cosa en el estómago, y más al verlo desde tan cerquita". Reconoce que observarlo pasar por las calles de su pueblo, donde es muy querido, siente "orgullo de madre".

Durante la segunda pasada por delante de la casa en el asiento derecho del Seat 600 JRT, terminado de ejecutar el dónut de la fuente, Carlos Larrodé hasta sacaba la mano por el quicio de la ventanilla del vehículo para dedicarle un especial saludo a su mamá y a los amigos y conocidos que esperaban expectantes su paso.

Además de los muchísimos vecinos del municipio moyense que siguieron in situ el paso de la carrera, hasta la localidad del norte de Gran Canaria también se acercaban aficionados de otros puntos de la Isla para ver desde el pueblo el transcurrir de la prueba internacional.

Como cada año, Oswaldo, Domingo, Paco y Javier, un grupo de amigos de "Triana Alta como dice Pepa Luzardo -exalcaldesa de la capital en referencia a su lugar de nacimiento, el Risco de San Nicolás-" cumplían como cada año con la tradición de presenciar en directo el paso del Rally Islas Canarias; así lo llevan haciendo desde pequeños con el otrora El Corte Inglés.

Estos viejos rockeros del mundo de los rallis, disfrutando de un enyesque, rememoran épocas de esplendor de la prueba, "desde que Medardo Pérez dominaba". También recuerdan la participación de pilotos excepcionales como "Carlos Sainz, Antonio Zanini o Terry Kaby", y reclaman que la prueba alcance el rango de "mundialista".

Apostados sobre el pedestal de la cruz de piedra que anuncia la presencia del cementerio de Moya, no se pierden detalle de la carrera Paco, Mary Carmen, Ricardo, Estefanía, Samuel, Cristian y Alejandro. Aunque vienen en grupos diferentes, "aquí nos enteramos que todos somos vecinos de Telde".

Se declaran fieles aficionados del mundo de los rallis y creen que disfrutar de la prueba en pleno casco urbano de Moya "es la bomba". Además, reconocen que la edición que acaba de terminar se trata de "una de las mejores de la historia" de este evento automovilístico, por la calidad de monturas y pilotos.

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