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Un siglo de lujo, erótica e intrigas

La fragancia más conocida del mundo y durante décadas la más vendida también atesora una historia agitada y fascinante

En 1952, Marilyn Monroe convirtió el perfume en leyenda en una entrevista en la revista ‘Life’ en la que dijo que para dormir solo se ponía “Chanel Nº5”

Sobre estas líneas  y a la derecha, Suzy Parker, fotografiada por Richard Avedon, y ‘mademoiselle’  Coco Chanel.

En 1952, Marilyn Monroe convirtió el perfume en leyenda en una entrevista en la revista ‘Life’ en la que dijo que para dormir solo se ponía “Chanel Nº5” Sobre estas líneas y a la derecha, Suzy Parker, fotografiada por Richard Avedon, y ‘mademoiselle’ Coco Chanel. LP/DLP

Parecía que estaba todo dicho sobre el perfume Chanel Nº5. Que le habían dedicado un libro, The secret of Chanel Nº5 (Tilar J. Mazzeo, 2010); un documental, La Guerre du Nº5 (Stéphane Benhamou, 2017), y hasta una magnífica exposición, Nº 5 Culture Chanel en el Palais de Tokyo de París (comisariada por Jean-Louis Froment, en el 2013).

Que tuvo como imagen a la mismísima Gabrielle Chanel y a algunas de las mejores tops de la historia, empezando por Suzy Parker y Lauren Hutton. También a Ali McGraw y Candice Bergen cuando trabajaban de modelos, y a las más sofisticadas actrices de cada década: Deneuve, Bouquet, Kidman, Paradis, Tatou, Deep, Cotillard. Que los fotógrafos de algunas campañas fueron los enormes Richard Avedon, Patrick Demarchelier, Helmut Newton o Steven Klein; y los realizadores de los anuncios, los magníficos Ridley Scott, Luc Bresson o Baz Luhrmann.

Que dormía con Marilyn. Que hasta Brad Pitt le ponía ojitos en la única campaña de una fragancia femenina protagonizada por un hombre. Que Andy Warhol la inmortalizó en una de sus famosas series de polaroids. Que tiene entradas en la Wikipedia en varios idiomas y decenas de cuentas en Instagram. Que su frasco se exhibe en el MoMA de Nueva York desde los años 60.

Un siglo de lujo, erótica e intrigas

Aún sabíamos más; que fue creada por el perfumista Ernest Beaux; que Coco quería una fragancia que oliera a mujer, a limpio y que enganchara a los hombres por la nariz. Que en su composición aparecen los primeros aldehídos —las primeras moléculas sintéticas— e ingentes cantidades de jazmín y rosa de mayo de Grasse, la región provenzal donde crecen las flores que mejor huelen. Que su frasco fue, de entrada, una muestra industrial. Que se llama Nº5 porque ese era el numero que llevaba la muestra que eligió Chanel entre las 10 propuestas que le presentó Beaux.

Nueva biografía

Acaba de salir en español El Nº5 de Chanel. Biografía no autorizada (Superflua), de la periodista francesa Marie-Dominique Lalièvre, una nueva vuelta de tuerca, esta vez en un formato intriga, que pretende descubrir algunas lagunas en torno a esta icónica fragancia.

¿Fue el Nº5 un remake de otra fragancia —Bouquet de Catherine— que Beaux había creado anteriormente para Rallet, una empresa que surtía a la familia imperial rusa? ¿Fue el gran duque Dimitri, uno de los novios de Coco, quien le presentó a Beaux? ¿Fue Beaux un doble espía de los rusos y los franceses? ¿Trabajó Coco para el contraespionaje alemán? ¿Cómo llegaron a EEUU las materias primas para fabricar el perfume?

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Lalièvre se lanza en busca de pruebas en los Archivos Nacionales de Francia, en los de Chanel, en las cartas de Churchill y en los diarios del gran duque Dimitri Pávlovich, además de mantener conversaciones con los herederos de los perfumistas de Grasse y de París, y con descendientes de los protagonistas de esta historia, para poner luz sobre muchos temas y rendirse ante algunos secretos que no consigue descifrar.

Las respuestas a muchas de esas preguntas están en el libro, como también lo está la agitada biografía de una fragancia que se creó en 1921, en un periodo de paz entre guerras y cuyo devenir estuvo marcado por la Segunda Guerra Mundial, la ocupación de Francia y el exilio judío a Estados Unidos, entre tantos trágicos avatares.

Seguramente Coco haya tenido que ver en la confusión. A ella siempre le gustó fabular sobre ella misma. Siempre contó con el misterio como un arma de seducción.

Siguiendo el hilo de la historia, Chanel Nº 5 nació del deseo de mademoiselle Chanel de tener un perfume para regalar a sus mejores clientas. Sin embargo, viendo que todo el mundo lo pedía, decidió comercializarlo en las tres tiendas que tenía a principios de los años 20 en la Rue Cambon de París, en Deauville y en Biarritz.

Para ampliar su producción y venderla en las galerías Lafayette se asoció con los hermanos Wertheimer, judíos y propietarios de Bourjois, para lo que se creó la sociedad Les parfums de Chanel en 1924. Los Wertheimer se quedaron con el 70%; Théophile Bader, el propietario de Galeries Lafayette, que conocía a los Wertheimer y los había presentado, se quedó con el 20%; y Coco, que en aquel momento no era consciente de lo que le podía reportar un perfume, aceptó poner el nombre, llevar la dirección creativa y quedarse con el 10%.

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Con la ocupación de Francia, los Wertheimer se exiliaron a Nueva York, no sin antes traspasar sus acciones a un nuevo socio, Félix Amiot, para eludir las leyes que requisaban las industrias a los propietarios judíos. Amiot, fabricante de aviones con don de gentes, supo jugar a dos bandas, y gracias a sus contratos para crear aviones para la compañía alemana Lufthansa que luego nunca fabricaba, consiguió pasar todos los controles políticos y conservar la compañía, que devolvió a los Wertheimer cuando por fin terminó la guerra.

Desde Norteamérica, los Wertheimer convirtieron al Chanel Nº 5 en un fenómeno de ventas, que aumentaban a buen ritmo gracias a grandes campañas de publicidad. Habían montado una fábrica y consiguieron que un tipo misterioso llamado Gregory Thomas —vicepresidente de Bourjois Inc. en América, educado en Suiza y doctorado en la Sorbona— lograra atravesar las líneas francesas y volviera a Nueva York en trasatlántico con la fórmula del Nº 5 y 350 kilos de extracto de jazmín y de rosas de Grasse en bidones metálicos, pagados con lingotes de oro. ¿Fue Gregory Thomas un espía? Pues parece que también.

Viaje a Hollywood

Del éxito estratosférico del Nº 5 en EEUU se enteró Chanel cuando en 1931 viajó a Hollywood para diseñar algunos vestuarios para Sam Goldwyn. Ya de vuelta, hizo escala en Nueva York, y recorrió los grandes almacenes para analizar el mercado. La fragancia comenzaba a dar mucho dinero, pero no a ella, sino a sus socios. Eso la mortificó. A Gabrielle Chanel le gustaba mucho el dinero. Le encantaba gastarlo.

En 1940 los nazis ocuparon Francia e impusieron la arianización (convertir en ario) de Francia. El libro de Lelièvre se lanza a fondo a investigar uno de los episodios más turbios de la vida de Gabrielle Chanel: su intento de hacerse con la propiedad de la sociedad Les Parfums de Chanel, aprovechando las leyes de los ocupantes nazis, que privaban a los judíos de sus propiedades. Frente a un lector de microfilmes del Archivo Nacional de Francia, la escritora indaga, incrédula, en busca de documentos que prueben ese vil gesto de mademoiselle.

En 1947, tras un nuevo episodio de denuncias cruzadas con sus socios, Coco Chanel ganó su guerra: un acuerdo por el que recibiría un 2% sobre las ventas del Nº 5 en todo el mundo, además de una cuantiosa indemnización en concepto de daños e intereses. A partir de entonces, el perfume le rendiría cada año el equivalente a unos 10 millones de euros actuales. Su primer perfume la había hecho rica.

Gabrielle Coco Chanel, fallecida el 10 de enero de 1971, justo hoy hace 50 años, tuvo una vida de película. Su Nº5, también.

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