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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Nia Correia SERIES | Protagonista de ‘Érase una vez... (pero ya no)’

«Los sapos que he besado son los ‘no’ que he recibido»

(L) | LP/DLP

Curtida en un musical como El Rey León, y ganadora del talent musical por antonomasia, Operación Triunfo, Nia Correia (Las Palmas de Gran Canaria, 1994) ha dado un paso más, el de la interpretación. Y lo ha hecho de la mano nada menos que de Manolo Caro, para coprotagonizar un anticuento de hadas con princesas empoderadas, Érase una vez (pero ya no), la primera serie musical de Netflix en España. Pero no por eso ha parado de lanzar singles, como el celebrado Me muero de risa y el reguetón Tulum, su primera colaboración internacional. Ahora acaba de hacerlo con su querida Edurne en el single Te vas a quedar solo.

Rodeada de actores de renombre como son Rossy de Palma, Itziar Castro y Asier Etxeandia, y de los debutantes Sebastián Yatra (el colombiano de los Tacones rojos) y Mónica Maranillo (concursante de la edición de La Voz Kids de 2017), la canaria se ha sumergido en un mundo de fantasía en colores, en el que no faltan príncipes y princesas, castillos y hasta un dragón azul. Una producción que no ha sido del todo bien tratada por la crítica, pero que consigue su objetivo: el de entretener. «No pretendemos salvar la vida a nadie con esta serie, sino que sea algo entretenido», avisa la cantante, mientras valora su cuidada estética y fotografía y, sobre todo, lo maravillosa que es su música.

Para ella ha sido, sobre todo, una escuela, ya que había hecho cursos de interpretación, pero nada a nivel profesional. Siempre había querido asomar por alguna serie esa cabecita coronada por una cabellera ora lisa ora plagada de rizos, pero nunca se había imaginado que sería a las órdenes del director de La casa de las flores y Alguien tiene que morir. «Sentí mucho vértigo al principio. Miedo», confiesa la cantante, pero pronto el rodaje se convirtió en una experiencia enriquecedora.

Pese al cansancio y el frío. «Asier (Etxeandia) me ha ayudado tantísimo...», enfatiza. Precisamente con él ha protagonizado su primera escena de sexo: «Fue dura, porque eran las cuatro de la mañana, en el exterior, en Aranjuez, con un frío que te mueres y un montón de gente… Pero al final salió bien», cuenta. Demasiado bien: «Le decía a Manolo, ¡quiero más rodajes!». Aunque es consciente de que no todos tienen por qué ser así de redondos.

Aparte de aprender, esta experiencia le podría servir para rellenar varias casillas en el hipotético catálogo Todo lo que sabe hacer Nia, porque interpreta canta, baila y ¡monta en caballo! Aunque ahora le apetece probar algo muy diferente: «Me encantaría hacer una serie policiaca o de terror», confiesa. Y mientras eso llega, sigue con su carrera musical, pasito a pasito, demostrando que es más (mucho más) que un producto televisivo salido de un talent show. «La gente piensa que si has salido de OT ya te conoce todo el mundo, y no. Pero veo que estoy encontrando mi hueco. Voy poco a poco, pero con buen paso», afirma.

Y va acallando bocas, las de quienes lanzan sus prejuicios contra los triunfitos. «Quienes vamos a este tipo de concursos lo que buscamos es una oportunidad para que la gente nos escuche. Y algunos no venimos de la nada», subraya recordando que con 16 añitos ya se apuntó al casting del musical El Rey León y a los 19 dejaba su Gran Canaria natal para instalarse en Madrid persiguiendo su sueño.

Una mujer luchadora

Porque Nia es, sobre todo, una mujer luchadora. Y por eso empatiza con Chanel Terrero, la representante de RTVE en Eurovisión 2022. «Que la conozcan ahora no significa que esa niña no lleve años trabajando. Está superpreparada. Es que es una pasada», afirma. Por eso critica que desde las redes se cebaran con ella antes de que quedara tercera en el concurso. «Me parece fatal, porque nunca llueve a gusto de todos. Además, se venía pidiendo una propuesta como la de Chanel desde hace mucho tiempo», recuerda. De hecho, ella misma daba el perfil. «Cuando salí de OT, la gente me decía: ‘Te tienes que presentar a Eurovisión y llevar una propuesta cantando y bailando’. Y ahora que aparece alguien con una propuesta así y la defiende como ninguna, se quejan. Que si la letra es machista, que si… Y si luego les ponen la canción, se echan a bailar. Hay mucha hipocresía», remarca, para hacer luego hincapié en cómo puede afectar tanto hate. «Por suerte ella es una mujer con experiencia y lo ha lidiado bien pero si llegan a pillar a alguien con 19 años o un poco más débil…», lamenta.

Asimismo, aunque ve el Benidorm Fest como una buena manera de elegir al representante, a ella no le seduce tanto como para presentarse. Tampoco Eurovisión. Prefiere entregarse en cuerpo y alma a su carrera como solista, que siempre ha tenido claro por dónde la quería llevar: «Quería hacer música latina y a partir de ahí hemos hecho una ranchera con India Martínez (Mi luna llena), una balada con Blas Cantó (Cúrame), que no es pop, sino bastante latina, por la letra y por la intensidad. Es muy intensa», dice entre risas, que tanto la caracterizan. «Y vamos tirando por esa onda», insiste, mientras enumera otros artistas con los que ha hecho colaboraciones: Roi (Asúmelo), Nino Vargas (Me muero de risa), María Peláe (Cómo están las cosas…). «María. Mi comadre. Ha sido un regalo esa canción», confiesa.

Y luevo vendría Tulum, con Gente de Zona y JC El Diamante, que le podría abrir las puertas al mercado latinoamericano. «Es mi primera colaboración internacional y es a lo que voy aspirando. Estoy metiendo la cabecita a ver qué pasa». Y qué mejor que con un «reguetón fresco». «No es el típico reguetón bruto que puede ofender a la gente. Te lo puedes poner en el coche camino a la playa bien a gustito. Lo defino como la entrada al verano. Yo, como buena canaria, siempre pensando en el calor», dice deshaciéndose en otra de sus sonoras carcajadas.

A dúo con Edurne

Y no hace muchó estrenó una colaboración en un single de Edurne, Te vas a quedar solo, algo que hace mucho que querían hacer. La maravillosa atuación que hicieron juntas en Tu cara me suena como Britney Spears y Rihana, les sirvió como el empujón final. «Cuando Edurne estaba componiendo la canción pensó en mí, en darle un punto más latino a Quedarte solo y así salió», comenta la cantante. Aunque aún así es menos latina de lo que nos tiene acostumbrados. «Uno puede pensar, ¿Nía que hace aquí? Pues, caballero, ¡es la fusión! Yo creo que ha quedado bastante guay. Desde el momento en que escuché la canción y luego la canté, me enamoré de ella», asegura. En el videoclip aparecen las dos cantantes bailando sobre patines con un aire ochentero. Grabarlo no fue un camino de rosas, precisamente. «Pasamos un calor de locos, porque aquello eran 48 grados a la sombra (ríe). Y no había aire acondicionado. Pero el maquillaje lo teníamos intacto», comenta, coqueta.

Y ahí la vemos mostrar otra de sus habilidades (otra para el hipotético catálogo): la de patinar. «Fue superdivertido. Yo había patinado alguna vez en la pista de hielo y en el Parque del Retiro, pero con patines en línea. Con cuatro ruedas es mucho más complicado. Pero por suerte acabé el videoclip con todos los dientes», cuenta con su característico sentido del humor.

El reto de imitar

En su devaneo entre la música y la interpretación, irrumpió Tu cara me suena, el concurso de imitaciones de Antena 3, en el que dejó números espectaculares para los recopilatorios de los mejores momentos del exitoso programa. Aunque al principio, era su voz la que le ponía a los personajes. «Me costaba mucho por esa autoexigencia que me caracteriza. Pero me relajé y, al final, salió». Y tanto que salió: como para quedar segunda, por detrás de otro canario, el tinerfeño Agoney, en una edición con tal nivel que no había un claro ganador. Y en la que el buen rollo entre los participantes, tan auténtico que contagiaba a los telespectadores, le hizo llevarse un montón de amigos. «Fue una experiencia increíble, aprendí muchísimo y me llevé una familia. María Peláe, Los Morancos… Y Loles León... ¡madre mía! Siento pura admiración por esa mujer…», confiesa.

«Estoy flipando con todo lo que me está pasando», reconoce. Porque lo suyo, como en Érase una vez (pero ya no), parece un cuento de hadas, que empezó cuando se rompió el maleficio de los ganadores de OT, ese que dice que, pese a su triunfo, no logran despuntar. La primera, Rosa López, se lamentaba ante Jordi Évole (Lo de Évole) de que su carroza pronto se había convertido en calabaza. A lo que su compañero de edición Manu Tenorio replicó, recordando que ganar un concurso no lo es todo. No supone un carnet vitalicio de cantante y artista. «Rosa ha sido siempre supertrabajadora —recuerda la canaria—. Pero tienes que tener un buen equipo, gente a tu alrededor que te quiera y que te diga la verdad, que te apoye; siempre tener los pies en la tierra. Y un punto de suerte. No solo es ser trabajador y tener talento. Son muchas las cosas que confluyen».

Y reconoce que ella, como toda princesa, ha tenido que besar algún sapo. «El sapo que he besado es todo ese trabajo que he hecho y los no que he recibido. Pero, al final, estoy viviendo lo que quería vivir, que es esta carrera», concluye. Lo que importa en toda historia es que tenga un final feliz. Y esta lo tiene. Con lo que colorín, colorado...

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