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Entrevista a Ricardo García Zaldívar

"Faltan voluntad política y presión social para acabar con los paraísos fiscales"

"Lo que no pagan los que evaden o eluden lo tiene que pagar luego los ciudadanos", asegura el doctor en Economía y Estudios Territoriales y Urbanos

Ricardo García Zaldívar, en una imagen de archivo en la ULPGC.

Ricardo García Zaldívar, en una imagen de archivo en la ULPGC. LP / DLP

¿Por qué un paraíso fiscal es un infierno social según usted?

Porque la ciudadanía no conoce lo que supone para ella la existencia de esas guaridas financieras. Lo que no pagan los que evaden y eluden lo tienen que pagar los ciudadanos y esto repercute en importantes recortes en servicios públicos. Una gran parte de lo que sufre la población se debe a que no se han atajado los paraísos fiscales.

¿Quién es el culpable?

Los responsables son, primero, las grandes corporaciones capaces de hacer que un gobierno modifique o haga una legislación que es muy permisiva y que permite cuestiones como el escándalo de Luxemburgo, que hacía posible que grandes empresas apenas pagaran impuestos. Hay una demanda social de acabar con los paraísos fiscales y una falta de acción y voluntad política de los gobiernos que pueden acabar con ellos porque están siendo complacientes con los tres grandes estamentos que usan los paraísos fiscales.

Que son...

En primer lugar las grandes empresas transnacionales, las grandes tecnológicas como Facebook y Google o Inditex. La Unión Europea ha hecho una demanda a Apple, con sede en Irlanda, por 13.000 millones de euros, por ejemplo. Se estima que del dinero oculto en España en paraísos fiscales el 72% pertenece a empresas del Ibex 35. En segundo lugar está la gran banca, los grandes facilitadores de las grandes fortunas, que son el tercer bloque. La banca no sólo facilita a las grandes fortunas la posibilidad de evadir y eludir fiscalmente sino que, además, utiliza de forma importantísima esta legislación, e incluso practica fraude fiscal. Estos tres bloques son los interesados en que estas guaridas financieras sigan existiendo. En realidad, quienes ocultan dinero en paraísos fiscales son menos de 100.000 personas.

Muy pocas para lo mucho que se habla de ellas.

Sí, son pocas pero son muy poderosas. Concentran tal cantidad de riqueza... La creciente desigualdad en España y en el mundo es posible en gran parte por la existencia de estas guaridas financieras.

Si todo ese dinero que acaba en paraísos fiscales pagara impuestos ¿se solucionarían muchos problemas?

Una de las características de los paraísos fiscales es la opacidad. No hay información. Tenemos que recurrir a estimaciones. Hay un trabajo excelente, La riqueza oculta de las naciones, de Gabriel Zucman, que estima que hay 7,6 billones, es decir, millones de millones, de riqueza financiera oculta en paraísos fiscales. Las rentas estimadas de este dinero oculto, lo que produce al año, ronda un billón de euros. Eso supondrían, haciendo una estimación grosera, 250.000 millones de euros de pérdidas fiscales al año. Es una cantidad con la que Naciones Unidas estima que se podría acabar con el hambre en el mundo. La ciudadanía no es consciente de que esto le está impidiendo tener mejores servicios públicos o una mejor protección social frente a una situación de desempleo tan sangrante como la que hay en nuestro país.

¿Tenemos los ciudadanos también responsabilidad?

Sí, pero es muy difícil que una persona para la que su principal preocupación es conseguir algún ingreso para dar de comer a su familia establezca una relación entre algo que ve tan lejano y su situación. No olvidemos que los medios de comunicación sistemáticamente nos echan la culpa diciendo que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, que si no se encuentra trabajo es porque no se busca de forma insistente... Hay todo un discurso que viene a decir, en el fondo, que esto es lo normal. Se calcula que en España hay millones de personas por debajo del umbral de la pobreza en un país que es rico. No hablamos de Zaire. Somos un país con mucha riqueza financiera, pero esa riqueza no contribuye. Vivimos en una democracia y el principal atributo sería contribuir a los gastos comunes: infraestructuras, servicios públicos, prevención social... Se nos dice que no hay dinero cuando en realidad lo que ocurre es que hay una gran evasión y un gran fraude fiscal.

Entonces no es que hayamos vivido por encima de nuestras posibilidades, sino que nos estafan por encima de nuestras posibilidades.

Esa palabra, estafa, es una palabra muy fuerte, pero bastante apropiada. Estalló esta gran recesión, se ha llamado crisis, pero es un concepto mal utilizado porque una crisis es un momento en el que el paciente va para un lado o va para otro, pero llevamos diez años en una situación que no es de crisis, es de fracaso del sistema para crear una sociedad en la que podamos vivir todos sin grandes desigualdades y con niveles mínimos de bienestar.

¿Pasa sólo en España?

No, es un fenómeno global. Hay que hablar de globalización y de cómo las grandes fortunas y la riqueza financiera se ha globalizado y amenaza a los estados con irse si le ponen excesivos impuestos. ¿Qué ha pasado en Luxemburgo? Es un pequeño Estado que ha pensado que la única manera de tener riqueza era haciendo una competencia fiscal desmesurada al resto de países de la UE. El presidente de la UE, Juncker, cuando era presidente de Luxemburgo, fue el que emitió unas resoluciones fiscales para que las grandes empresas transnacionales no pagaran prácticamente por sus beneficios. Hay que romper una lanza por la gente que filtra estas informaciones. Se juegan su futuro profesional e incluso ir a prisión por desvelarlo. Es lo que pasó con Luxleaks. Por esta filtración sabemos que McDonald's, con sede en ese país, no paga prácticamente nada desde 2009. Es también el caso de Apple o Facebook.

Pero el pequeño empresario está frito a impuestos.

Sí. La UE tiene una legislación con libertad de movimiento de capitales y no ha conseguido imponer una armonización fiscal que elimine la competencia de tipos impositivos. Irlanda tiene un 12% de impuesto de sociedades menos de la mitad que el resto de los países. Hasta que no se elimine esta competencia y haya una armonía fiscal en todos los países las empresas seguirán eligiendo localizarse donde apenas se pagan impuestos. La gran paradoja es que la comisaria europea de Competencia ha atacado este problema desde punto de vista de las pequeñas empresas.

¿Cómo?

Su razonamiento es que si se produce una elusión fiscal, aunque sea legal, ataca uno de los principios de la UE: competencia libre y no falseada. Demanda a Apple, localizada en Irlanda, 13.000 millones de euros, pero no por un delito de elusión sino por falsear la competencia. La pequeña y mediana empresa no puede realizar esta elusión fiscal porque no puede desplazarse a Irlanda para pagar menos, lo que contraviene uno de los principios básicos de los tratados de Lisboa y de Maastricht. Es una pequeña batalla dentro del sistema. Hace falta voluntad política, como la que tiene esta comisaria de la UE para ir atacando esta situación, que es insostenible. El sistema tiende a concentrar la riqueza y a producir una desigualdad que puede acabar en una gran explosión social y en casos como el brexit, la presidencia de Trump o la situación que se vive en Francia. La ciudadanía pierde la fe en el sistema para que éste resuelva problemas y busca soluciones extremistas.

¿Ha crecido el número de paraísos fiscales?

Es que la definición de paraíso fiscal cambia. Cuando la riqueza se concentra, el poder que emana de ella es mucho mayor que el que pueden tener estados como la UE. Hace 20 años la OCDE los identificó con aquellos estados con tipos impositivos muy bajos y que eran opacos. Pero la presión de estos estados, alentados por las grandes fortunas y capitales, hace que la OCDE cambie el criterio. Ahora se aplica un criterio mucho más fácil de cumplir: que estos estados faciliten información a otros. Basta con que un país dé información a otros doce para eludir la lista negra de paraísos fiscales.

¿Cómo se acaba con esto?

Todo esto se acabaría si hubiera una presión social mundial. No es una cuestión sólo de activistas, las pequeñas y medianas empresas en Estados Unidos y España están sufriendo una situación complicada y estas son las empresas que crean empleo en estos países. El de los paraísos fiscales es uno de los elementos que más urgentemente debemos cambiar. La filtración de los papeles de Panamá ha hecho mucho para que los ciudadanos pongan cara a quién defrauda, evade o tiene sociedades offshore. Para que se indignen.

¿Saber que quienes estafan son políticos, artistas o gente conocida nos indigna más?

Efectivamente. Muchas veces es necesario poner cara, personalizar, porque si es una empresa o una entidad no le indigna tanto.

¿Es optimista? ¿Cree que acabarán los paraísos fiscales?

Dedico parte de mi tiempo a la movilización social porque creo que cuando los ciudadanos salen a la calle y se manifiestan es cuando cambian las cosas. En el siglo XVIII el sistema capitalista se basaba en el esclavismo, pero en un momento determinado aquello paró. Soy optimista, se puede acabar con los paraísos fiscales, pero hace falta voluntad política y para que haya voluntad política hace falta una enorme presión social.

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