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Fuerteventura vive la mayor crisis de su historia

La ausencia de turistas lastra la economía majorera | Los empresarios critican la tardanza de las ayudas públicas

Un ciudadano camina por uno de los centros comerciales más populares de la zona turística de Caleta de Fuste, en el municipio de Antigua.

Un ciudadano camina por uno de los centros comerciales más populares de la zona turística de Caleta de Fuste, en el municipio de Antigua. Gabriel Fuselli

La pandemia del coronavirus golpea la economía majorera. Esta situación ha generado que la Fuerteventura sufra la mayor crisis de su historia. De hecho, es la isla del Archipiélago que ha sufrido el mayor desplome económico, con 14.388 personas desempleadas, miles de trabajadores acogidos a Ertes por el cero turístico. Mientras la cifra de contagios por el virus de la Covid-19 sigue creciendo a un ritmo desproporcionado, la mitad de los establecimientos turísticos continúan con sus puertas cerradas. Todo ello hace que el pesimismo envuelva a un territorio y a sus habitantes. Aunque ha comenzado tímidamente a remontar la llegada de turistas, la cifras quedan muy lejos de las que se registraban antes del coronavirus.

El nivel de pobreza se ha incrementado desde marzo de 2020, cuando se declaró el primer estado de alarma que impuso el confinamiento y las restricciones a la movilidad. Las familias, sin ingresos o con estos muy mermados por la crisis económica, se han visto obligadas a pedir ayudas que tardan en materializarse por la excesiva burocratización unida al volumen de la demanda. La lentitud de las ayudas institucionales, ha convertido a las ONG en proveedores de alimentos u otros elementos de primera necesidad para las personas sin recursos. En este contexto, la Misión Cristiana Moderna ha atendido a más de 2.000 personas.

Los empresarios y autónomos también han sufrido las trabas burocráticas y la lentitud de unas ayudas públicas que precisan para mantenerse a flote mientras esperan a que escampe el temporal y el turismo regrese a los números de antes de la pandemia. A pesar de que todos los ayuntamientos, Cabildo insular y Gobierno de Canarias han anunciado subvenciones para hacer frente a esta crisis, el retraso en su materialización arrastra a los solicitantes a un futuro incierto.

11 millones de euros

El pleno del Cabildo de Fuerteventura aprobó el pasado viernes, las bases definitivas de la convocatoria de ayudas a autónomos y pymes, por la que se destinan más de 11 millones de euros a consolidar y mantener el tejido productivo insular. Las subvenciones se dirigen a financiar gastos de funcionamiento con ayudas de hasta 6.000 euros para los autónomos, 20.000 euros para microempresas y pequeñas empresas, y un máximo de 30.000 euros para medianas empresas.

En una economía dependiente del turismo, el impacto negativo de la situación actual golpea a todos los sectores económicos. Así, los comercios insulares tienen cada vez más difícil poder hacer frente a gastos mínimos de funcionamiento y mantenimiento de personal, lo que supone en muchos casos incluso el cierre definitivo de muchos establecimientos.

Con el objetivo de cumplir eficazmente con la revitalización del sector, desde la institución insular se asegura que se atenderá a cada caso particular teniendo en cuenta criterios como el volumen de pérdidas soportadas y el número de personas trabajadoras en plantilla

Unas bases que tienen en cuenta además el cumplimiento de criterios de sostenibilidad. Dentro de este apartado se reconocen aspectos como la contratación de personas en situación de vulnerabilidad: parados de larga duración, jóvenes, etc., establecimiento de planes formativos en materia de igualdad, así como una política de contratación igualitaria, condiciones laborales justas, mejora de la organización en el trabajo y la existencia de un código de conducta basado en el respeto a los derechos humanos y la transparencia.

«La intención es adecuarse a la situación específica de cada solicitante, siguiendo en todo momento el principio de proporcionalidad y la eficiencia en la asignación de los recursos, conforme a lo establecido en la Ley General de Subvenciones», afirman desde el Cabildo.

Entre la gran variedad de gastos que se propone subvencionar la institución insular, se cubre también el esfuerzo efectuado para adaptar su actividad al cumplimiento de las medidas sanitarias por la Covid-19, tales como gel hidroalcohólico, mamparas o mascarillas, entre otros materiales.

Para el presidente del Cabildo majorero, Sergio Lloret, «lo importante es que esos 11 millones de euros lleguen cuanto antes a autónomos y pymes, en un año especialmente difícil, para que repercuta en beneficio de las familias de nuestra isla».

«Desde que llegamos al Cabildo nos hemos preocupado por autónomos y pymes, porque conocemos la realidad de Fuerteventura», afirma, por su parte, la consejera insular de Promoción Económica, Lola García. Añade que «las ayudas se extienden, además, a medianas empresas, esperando que este dinero llegue pronto a quienes más lo necesitan».

Pesimismo

Entretanto llegan las ayudas, el pesimismo cala entre los empresarios. A juicio de Luis Cardona, presidente de la Asociación de Empresarios Excelfuert, la situación turística en la isla en lo que respecta a lo laboral y económico «es tan delicada o más que en marzo del 2020. Las medidas restrictivas impuestas a la ciudadanía de nuestros principales mercados emisores son las que hacen que los intentos de una reactivación del sector esté resultando tan difícil. Crean mucha incertidumbre y confusión».

A esto se añade que «la demanda sigue siendo insuficiente y, en este momento, incluso empeora por el rebrote». En un modelo turístico de masas, por el que ha apostado Fuerteventura durante décadas, la baja demanda es nefasta, porque se trabaja con márgenes de beneficio muy estrechos. «Debemos mover un gran volumen de clientes para poder rentabilizar el negocio», explica Cardona, quien detalla que por la falta de demanda «todavía casi un 30% de hoteles están cerrados en la zona Sur sin haber tenido ninguna reapertura desde que cerraron hace más de un año»

En cuanto a las previsiones, señala que «no son muy halagüeñas a corto plazo. Aún teniendo en cuenta el tirón de los meses de julio y agosto, damos este verano casi por perdido», reconoce. El presidente de Excelfuert tampoco derrocha optimismo al hablar sobre la recuperación. «No creo en aquellos que dicen que habrá un gran boom explosivo, ni que este invierno 21-22 atraiga cifras de turistas como los del año 2019», manifiesta.

El planteamiento de Cardona es que será a partir de octubre y noviembre cuando se empiece a notar algo la reactivación. Lo fundamenta en dos razones. La primera, que el invierno es la temporada alta por excelencia en la isla, especialmente en la zona sur. La segunda razón viene dada por el hecho de que estará más avanzada la vacunación y, por tanto, la inmunización de la población.

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