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La vuelta al mundo de las abejas

El apicultor teldense Iván Santana establece un nuevo punto de venta de su miel en Japón

El apicultor grancanario Iván Santana vende su miel en Japón José Carlos Guerra

Iván Santana cree que cada colmena tiene su propio carácter. Lo que no sabía es que el de sus abejas casarían tan bien con tierras lejanas como Japón, donde ha empezado a venderse su miel.

En un pequeño claro ubicado en mitad de una inclinada ladera a pocos metros del casco del municipio de Moya se escuchan los zumbidos incesantes de las abejas. Un cartel rojo de advertencia avisa a los merodeadores de la entrada al apiario de Iván Santana. Una quincena de colmenas pintadas del mismo color que da nombre a la marca del apicultor, Colmenar La Violeta, se esparcen entre los diversos arbustos y árboles que crecen por el terreno.

Rodeadas de todo tipo de floración, destacando el tajinaste; el eucalipto blanco y la tedera, las pequeñas obreras trabajan sin cesar durante todo el año para producir la mejor de las mieles. Pero estas no son las únicas abejas con las que cuenta Santana, que aunque actualmente reside en la localidad norteña, es natural de Telde y es en esta localidad donde tiene la mayor parte de sus abejas, en un total de 50 colmenas. Con estas produce su producto estrella, la miel de barrilla, a la que también ha bautizado en otras ocasiones como la miel de costa; un oro líquido que ha ganado numerosos premios locales, nacionales e incluso europeos. Su trabajo es conocido a través de los certámenes a los que se inscribe anualmente el experto, pero un nuevo panorama está asomando en el currículum de estos insectos voladores.

Santana ha empezado a comercializar su producto estrella en el país del sol naciente, en el lejano Japón. “Un conocido le envió mi miel de barrilla a un empresario venezolano que regenta una pequeña tienda de chocolate en la ciudad de Ota”, relata Santana. “Le gustó tanto que me pidió que colaborásemos, así que le envié en primer lugar unos diez kilos de miel de barrilla”, agrega, un producto que solo consigue en años donde las lluvias son generosas.

Santana ha conseguido trasladar el producto de sus colmenas hasta la base militar de España en la Antártida

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Alfredo Jorge González, como se llama el comerciante, no se conformó con la pequeña muestra. “Me comunicó que había tenido bastante tirón con los japoneses, así que me pidió más”, recuerda el apicultor. Sin embargo, en el momento no tenía la miel solicitada y tuvo que mandar unos 70 kilos de la que producen las abejas moyenses; que se caracteriza más por su espontaneidad que por su sabor, aunque sigue siendo de la máxima calidad. “En este municipio tengo muchísima más producción, aunque tenga menos colmenas, porque hay muchísima más vegetación que en Telde; sin embargo, el problema es precisamente ese”, añade Santana. La variedad de plantas impide prever qué tipo de miel saldrá de las colmenas. “Llevo tres años asentado aquí y cada año me ha salido una miel diferente”, expresa entre risas. Aún así recuerda que este año ha conseguido volver a producir su famosa miel de barrilla, que hacía que no sacaba desde el 2016. “He podido producir unos 250 kilos, que ya me los ha comprado en su totalidad el empresario de Japón”, sostiene orgulloso.

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Colmenar en Moya del apicultor Iván Santana José Carlos Guerra

Es la primera vez que el apicultor consigue comercializar su producto internacionalmente, aunque admite de todas formas que su miel ha tenido siempre más éxito fuera que en las propias islas; siendo utilizada por chefs con estrellas michelin, viajando hasta Bruselas para presentarse a concursos e incluso hasta la base militar que tiene España en la Antártida. “Soy militar, así que cuando me enteré de que un superior viajaba para allá le quise mandar unos tarritos de miel”, asevera entre risas. Y así es como sus abejas conquistan poco a poco el mundo, desde sus pequeños terrenos de Gran Canaria.

El apicultor teldense realiza también la trashumancia con sus insectos para visitar otros campos de la Isla

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Quizá no viajen fuera de la Isla, pero no sólo se mueven hacia las flores más cercanas. “Realizo con ellas la trashumancia, sobre todo con las de Telde; cuando no ha llovido mucho me muevo con ellas hasta Fontanales, las cargo en un furgón con una manta por encima y después las dejo en unos terrenos para que prueben otro tipo de flores”, añade. Es una práctica poco conocida, pero muy efectiva para los apicultores más veteranos. Su pasión por las abejas no se acaba nunca, por lo que no para de aprender sobre ellas. “Son animales muy curiosos”, sostiene, aunque admite que no puede dedicarse a ellas en su totalidad. “Saco dinero con lo que producen, pero no me da para vivir; de momento lo tengo como una afición”, aunque esta ya lleve desarrollándose desde hace más de 20 años.

Y no solo eso, también dedica parte de su tiempo a formar tanto a niños como adultos sobre la curiosa monotonía de las abejas. Cómo realizan su trabajo y por qué es tan importante para el mundo. Santana considera que es un tipo de ganadería muy poco conocido, al que además le falta mucha profesionalización, especialmente en Canarias. “Aquí hay muy pocos agricultores que produzcan realmente, la mayoría tienen colmenas por afición y no se interesan más allá”, añade, pero no es su caso. Su ambición continúa y las de sus abejas parece que también.

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