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La ciudad de ayer La llegada del deporte a la capital

La ciudad de los 'sportsmen'

Deportes como el tenis, el fútbol o el golf llegaron a Las Palmas de Gran Canaria de la mano de los ingleses en el siglo XIX

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Ciudad de ayer. Campo de golf de Lomo El Polvo y el Campo España

En pleno Mundial de fútbol cuesta imaginarse que hubo un tiempo en el que no existía afición en la ciudad a esta práctica deportiva que ahora mueve masas. Tanto es así que, según recoge el profesor de la ULPGC especializado en Historia de la Actividad Física y el Deporte, Antonio Almeida Aguiar en su libro Británicos, deporte y burguesía en una ciudad atlántica. (Las Palmas de Gran Canaria, 1880-1914), los canarios se reían de aquellos muchachos ingleses "que se ponían calzón corto para darle patadas a una pelota" en los solares de Fuera de la Portada de la capital a finales del siglo XIX. Y es que tuvo que pasar un tiempo para que el sport, en general, calase en una sociedad carente hasta el momento de cultura deportiva.

La construcción del Puerto de La Luz (1883) supuso la llegada al municipio de empresas británicas que poco a poco establecieron sus sucursales a orillas del Atlántico. Esto estrechó los lazos entre la ciudad y su colonia inglesa que, además de las operaciones mercantiles, trajo consigo el estilo de vida de su país natal donde el fútbol, el cricket, el tenis o el golf estaban a la orden del día. Pronto también empezarían a estarlo en Las Palmas de Gran Canaria, si bien su práctica estaría limitada inicialmente a la burguesía anglosajona que enseguida se puso manos a la obra para promover la creación de espacios con fines deportivos.

Entre las primeras sedes para ello estarían los propios hoteles que, en un afán por satisfacer las necesidades de los extranjeros que cada vez visitaban las Islas en busca de sus bondades climáticas, ofrecían a su clientela instalaciones deportivas como alternativa a la "monotonía" que por entonces se vivía en la capital, carente de actividades. Ejemplo de ello sería el Hotel Metropole, donde actualmente se emplazan las oficinas municipales del Ayuntamiento capitalino. En sus jardines, "a los cuales se accedía cruzando la carretera general entre Las Palmas y el Puerto", se encontraban las pistas del Las Palmas Lawn Tennis Club, primer club de tenis de la ciudad fundado en torno a 1895.

La entidad, para la cual los socios pagaban una cuota anual de 20 pesetas, estaba afiliada al All England Lawn Tennis Association y encontraba en la llegada de marinos británicos a La Luz "una ocasión más para demostrar las habilidades en el manejo de la raqueta". Asimismo, en sus canchas se realizaron "los partidos más destacados" de Gran Canaria entre los años 20 y 30 del siglo XX. Entre sus figuras más destacadas cuenta con Sydney Montague Head (1876-1945), quien resultaba campeón en casi todos los torneos, llegando a obtener el trofeo del Campeonato de Madrid en 1906 durante el primer Concurso Internacional de Tenis.

Asimismo, las pistas del Metropole contaron en enero de 1927 con la visita del duque de York, más tarde Jorge VI de Inglaterra, que se enfrentó en pareja con Ernest Wotton a Gerardo Miller y el citado Head. Casi una década después, en 1934, cuenta el libro de Almeida Aguiar, que también visitó estas instalaciones el prestigioso Real Club de Tenis del Turó de Barcelona, cuya presencia "supuso el espaldarazo final a la expansión de este deporte en las Islas". El espacio del club cerraría finalmente sus instalaciones en 1959 cuando el crecimiento de Ciudad Jardín lo limitó a tan solo dos canchas.

Pero algo antes que el club de tenis, el golf había encontrado su lugar en la capital grancanaria. Concretamente fue en el descampado de Lomo El Polvo, hoy Altavista, donde se construyó el campo de Las Palmas Golf Club que fue "pionero en España". Fundado por un grupo de británicos encabezado por C. Kitto el 17 de diciembre de 1891, contaba con una pequeña caseta "con techos de planchas de zinc" y un interior dividido en una sala de estar y un vestuario para caballeros. En lo que al terreno propiamente dicho, la publicación explica que este se extendía a lo largo de dos millas, siendo una de sus peculiaridades principales la falta de césped por la sequedad del lugar al que inicialmente se accedía a pie. En un principio, los únicos canarios que 'participaban' de este deporte eran los conocidos como Spanish boys -chicos españoles -, que no eran otros que los caddies, los muchachos isleños que se encargaban de transportar el material. Y es que el golf sería una actividad exclusiva de los ingleses hasta finales de los años 20 cuando se incorporaron los primeros jugadores oriundos.

El estudio realizado por el profesor de la ULPG también cuenta que en 1903 el club se anunciaba en el periódico de la colonia, The CIR, donde explicaba que de "los 13 hoyos que disponía, cinco se repetían, totalizando así los 18 reglamentarios". También informaba sobre la posibilidad de alquilar palos para los jugadores visitantes, entre los que se encontraron en 1898 John Ball o Harol Milton, ambos vencedores del British Open. Asimismo, en la publicación se daba a conocer que durante la temporada se disputaban varios premios y tres copas de plata, abiertas también a los turistas. El campo de golf de Lomo El Polvo permaneció abierto durante 66 años hasta que la expansión de la barriada de Escaleritas redujo sus recorrido a dos hoyos, por lo que en 1957 fue trasladado a Bandama donde tiene su sede actual.

De todos los deportes que llegaron con los ingleses, sin duda, el que caló con más fuerza entre los canarios fue el fútbol. Si bien, al igual que ocurrió con el golf, no sería hasta el siglo XX cuando los isleños se calcarían las botas. De hecho, "el periodista José Rivero señala el 10 de febrero de 1894 como fecha en la que se jugó el primer partido oficial en Gran Canaria", escribe Almeida en su libro, y fue entre británicos, quienes habían fundado Las Palmas Football Club. Un equipo que improvisó su terreno de juego cerca del muelle Santa Catalina donde despertaban las burlas de aquellos que todavía no entendían por qué un grupo de chavales "sudorosos" corría en calzonas detrás de una pelota.

Pero la indiferencia tardaría poco en convertirse en expectación. Y de meros y cada vez más numerosos espectadores de los enfrentamientos anglosajones, los canarios pasaron a crear sus propios clubes. Así nació el Marino Football Club en 1905, seguido del Artesano Football Club en 1909 y del Sporting Club Victoria en 1911. Cuenta Javier Domínguez en su blog Historia del fútbol canario que los "primeros matchs" entre guiris e isleños se realizaron en el "teso, alrededor del Metropol". Le siguieron después los arenales que había frente a los "almacenes de madera de la compañía escandinava, en Santa Catalina", o la explanada del Muelle Grande que fue bautizada como Rompeolas, donde tuvieron lugar los primeros encuentros más serios entre los equipos de Las Palmas y los del Puerto.

Sería a últimos de 1914 cuando la ciudad contaría con el primer terreno de juego acotado, promovido por el Marino "a final de la calle del Sagrado Corazón de María", en Arenales. Tras esto, varios miembros directivos del mismo club se propusieron construir un nuevo campo para lo que también pidieron ayuda económica al Ayuntamiento capitalino. Las instalaciones verían la luz en 1915 y sería conocido como Campo España. Este estaba ubicado en la actual plaza Doctor Rafael O'Shanahan y en el terreno que ahora ocupa el edificio de Presidencia del Gobierno de Canarias, frente a la Clínica del Pino.

Las instalaciones se estrenaron con un partido entre el Marino y el Artesano, que acabaron empatados a un gol. Esta cancha fue considerada "la catedral del fútbol grancanario", apunta Domínguez, llegando a contar con la presencia del Liverpool en 1935. No obstante, esto cambiaría cuando una nueva disputa entre la directiva marinista terminó por dejar la explotación de las instalaciones en manos de su propietario, Domingo Padrón Guarello.

A pesar de que haber sido creado para el fútbol, Campo España se convertiría en una especie de polideportivo en el que se practicaron otros deportes como la lucha canaria. Su infraestructura acogería también un cine de verano a mediados de los años 20 y principios de los 30, tal y como señaló en sus memorias Rafael Hernández, recogidas en La Sofía Loren de Arenales. En sus entrañas además se celebrarían peleas de gallos, siendo transformado en 1935 en el primer canódromo de la Isla para carreras de galgos que, en tras su completa desaparición en 1963, pasarían al barrio de Schamann donde se cimentó un nuevo espacio para esta práctica conocido como Nuevo Campo España.

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