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El Rastro de Las Palmas de Gran Canaria se estrecha por las obras de la Metroguagua en el Parque Blanco

Los puesteros admiten que han perdido espacio pese a que se han ocupado puestos que estaban vacíos para evitar la aglomeración | La clientela dice no sentir apelotonamiento

Rastro en medio de las obras en el Parque Blanco

Rastro en medio de las obras en el Parque Blanco Christian Afonso

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Rastro en medio de las obras en el Parque Blanco Christian Afonso

El Rastro dominical de Las Palmas de Gran Canaria, en el Parque Blanco, ha tenido que reorganizar su espacio por el vallado de parte de la zona para el inicio inminente de las obras de la Metroguagua a su paso por Santa Catalina. Muchos de los puesteros se negaron a trasladarse al barranco Guiniguada, el punto que el Ayuntamiento capitalino decidió habilitar para que continuaran su actividad y, tras llegar a un acuerdo esta semana, el área de Desarrollo Local ha terminado dando el visto bueno a que se mantengan, por el momento, en su emplazamiento habitual, pero con menos superficie que la que gozaban. Esto ha supuesto algunas molestias por la estrechez entre los comerciantes, si bien la clientela seguía paseando con normalidad y sin notar apelotonamiento.

Un domingo más, y pese a las idas y venidas de las últimas semanas sobre si finalmente abandonaría o no el Parque Blanco, el Rastro ha vuelto a montar sus puestos de venta al público dentro de la extraña normalidad en la que se ha sumido en los últimos años, primero por la pandemia de Covid y ahora por los trabajos que le obligarían a cambiar de emplazamiento. A media mañana, la afluencia de público iba aumentando y en los pasillos empezaba a verse mucha actividad de transeúntes que buscaban alguna ganga, pero sin llegar a sentirse agobio por la cantidad de personas.

De hecho, María, una asidua que visita el Rastro cada semana, ha asegurado que no notó este domingo que estuvieran más apretados que en cualquier otro. "Yo lo veo igual que siempre, con la misma amplitud, y tampoco veo que haya sensación de aglomeración", ha insistido la mujer, que junto con una acompañante iban golisneando entre los puestos. Además, ha puntualizado que todavía existen "muchos espacios libres" de comerciantes que no han establecido sus puntos de venta, por lo que seguiría habiendo libertad de movimiento dentro de lo que cabe.

De la misma opinión han sido Tito y su pareja. Ambos se han acercado al mercadillo por primera vez para ver qué tenía para ofrecer y se han encontrado con un entorno que les animaba a dar un agradable paseo, además bajo el tibio sol que ha lucido durante la mañana en la capital. "Se puede caminar bien, no hay problemas de apelotonamiento de gente", ha dicho el hombre, quien ha señalado que sí conocía la existencia de las obras y que, por ello, han tenido que reducir un poco el espacio, "pero no se nota prácticamente, si bien nosotros partimos de una creencia porque no hemos venido otras semanas".

Sin embargo, a juicio de muchos de los puesteros, la situación es algo distinta. Para Momo, "se nota un cacho que estamos más apretados" con la reorganización del espacio debido a los trabajos para la Metroguagua, pese a que se haya reubicado a algunos de sus compañeros en huecos que estaban libres. Asimismo, ha apuntado que a primera hora de la mañana se ha notado mucho la estrechez en las operaciones de carga y descarga de los vehículos que traen las mercancías. "Tuvieron más problemas para llegar hasta cada uno de los puestos porque no había hueco para que pudieran transitar como hacían antes", ha explicado el comerciante.

Una puestera asegura que están más apretados, pero que es "mejor que estar en un barranco"

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Una puestera que se encontraba cerca de su posición ha lamentado que, efectivamente, se han visto afectados por esta situación en el Parque Blanco. Mientras hacía llamadas a la gente que paseaba entre los puestos para que se acercaran a curiosear en el suyo, ha asegurado que sí nota la estrechez, sobre todo porque los pasillos son más pequeños, "pero mejor estar aquí que irnos a un barranco, donde nos quieren llevar" para luego terminar recordando que esta es la forma que tiene "para ganar el pan para nuestros hijos".

Otro compañero comerciante ha ratificado que han estado "algo más apretados", pero que espera que la situación vuelva poco a poco a la normalidad. Algo que también ha deseado Tahrioui, quien ha quitado algo de hierro al asunto de la disminución de espacio. "Hay que tener paciencia porque cuando surgen este tipo de situaciones siempre pasa lo mismo, que hay gente que no está de acuerdo, pero si nos quedamos aquí, nos tenemos que adaptar a lo que hay", ha afirmado el puestero.

Tahrioui ha comentado que para tener mejoras, es necesario "apretarse los machos" durante un tiempo, aunque está seguro que el "descontrol, por llamarlo de alguna manera" que ha habido este primer día de reorganización irá desapareciendo conforme pasen las semanas.

Quejas

Además del menor espacio entre puestos que muchos comerciantes han percibido, también han puesto sobre la mesa otras cuestiones que creen tienen que mejorarse para hacer del Rastro un referente de la capital grancanaria, como ya lo son este tipo de mercadillos en otros puntos de la geografía nacional e internacional. Para uno de los puesteros, es imprescindible que haya una persona que se encargue de controlar cada domingo el mercado, "como se hace en otros muchos sitios".

De esta manera, ha continuado, tendrán a una persona que sepa quién es quién dentro del mercadillo, supervisará que cada cual cumpla la normativa, que los puestos estén en el lugar y en la forma que les corresponda y dará una imagen de seriedad y organización que, en estos momentos, dista mucho de ser una realidad, según ha afirmado. Además, ha expuesto que a los turistas no les interesa el Rastro dominical de Las Palmas de Gran Canaria porque existe un descontrol y una falta de servicios "más que palpable". Y ha puesto como ejemplo que no hay baños públicos suficientes para la afluencia de gente que cada domingo acude hasta el Parque Blanco, o incluso para los propios comerciantes.

En cambio, el principal problema que tiene en estos momentos el mercadillo es, para Mohamed Lamhamdi Lasfar, que los turistas han dejado de pasarse por allí de un tiempo a esta parte. "Se llevan a la gente que llega en los cruceros a otros sitios, ya no les traen hasta el Rastro", ha lamentado el comerciante, quien ha recordado que esta es la forma que tienen muchos padres de familia de poder dar de comer a sus hijos. Según ha matizado el puestero, en la actualidad solo se acerca "gente que nos roba, que trata de regatearnos todavía más los precios que ya ofrecemos, que están muy ajustados", al tiempo que ha aludido al hecho de que ellos también están obligados a pagar tasas para desempeñar sus funciones en esta zona de la capital grancanaria.

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