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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Un barrio en transformación

La renovación urbanística de Arenales avanza al ralentí

En los últimos dos años se han construido e iniciado en el barrio más de diez edificios. Los precios asequibles y la ubicación atraen a los compradores jóvenes

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Renovación de Arenales ANDRÉS CRUZ

Lenta pero imparable. La renovación urbanística del barrio de Arenales, en pleno centro de la capital grancanaria, sigue adelante con un goteo que no cesa de nuevas promociones de viviendas, impulsadas por pequeños promotores y también por particulares, que le van cambiado poco a poco la cara al barrio.

Es raro el mes en el que no cae bajo la piqueta una de tantas viejas casas terreras, vacías desde hace años, muchas de ellas vendidas a promotoras que aún no tienen fecha para iniciar el nuevo edificio. Entre los solares, las casas que están cerradas y las tapiadas, que son mayoría, se contabilizan más de un centenar de fincas.

El paisaje de Arenales, uno de los pocos barrios de la parte baja de la ciudad en el que aún sobreviven las tradicionales y humildes casas terreras construidas durante la primera mitad del siglo pasado, presenta desde hace años una imagen desoladora, llena de solares, casas tapiadas o abandonadas, algunas de ellas muy deterioradas, pese a su singular belleza.

Lo único que ha cambiado en los últimos dos años es el ritmo de derribo de los edificios, que se ha acelerado, y de las construcciones, así como el aumento de los carteles de Se vende, tanto casas terreras como obra nueva. Arenales es un barrio en transición, una zona en venta en la que la lacra de la prostitución y la prohibición de construir edificios de más de cuatro plantas, en el área comprendida entre Jerónimo Falcón, León y Castillo y el Paseo de Lugo, ha frenado una transformación urbanística radical, como la que se ha producido en Guanarteme y ahora amenaza con tomar La Isleta, zonas en las que las grandes constructoras han puesto la diana.

Los follones que provocan los puteros y la delincuencia asociada a la drogadicción retrae a muchas personas a instalarse en la zona, pero la mayoría de los que se interesa por vivir en Arenales es gente joven, a los que les da igual vivir cerca de los lugares de explotación de mujeres, que han quedado acotados a Molino de Viento y zonas de Ángel Guimerá, Pamochamoso y Suárez Naranjo.

En los últimos dos años se han iniciado una decena de edificios, en su mayoría viviendas, pero también se han levantado una residencia para estudiantes y una clínica veterinaria.

Varias inmobiliarias esperan el momento ideal para arrancar varias promociones y particulares están comprando casas para rehabilitarlas y quedarse a vivir en ellas o tirarlas abajo y construir en su lugar viviendas unifamiliares de tres o cuatro plantas. En medio de este panorama hay un incesante trasiego de negociaciones de compra venta de solares y viviendas.

La calle Matías Padrón, donde se inició la renovación del barrio hace más de 20 años, junto a las calles Carvajal y Suárez Naranjo, sigue en el ojo del huracán de los constructores con continuas demoliciones, ventas de casas y anuncios de promociones, entre ellas una de la empresa Acosta Matos, que aún no ha comenzado a comercializar la suya. Servihabitat anuncia también varias promociones y en la calle Molino de Viento, una constructora ha agrupado tres solares y anuncia la venta de 40 apartamentos, que están pendientes de arrancar.

Entre solares y viviendas vacías y tapiadas se contabiliza más de un centenar

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Al principio de Matías Padrón, la constructora Neohaus está levantando una vivienda unifamiliar para unos particulares. La empresa terminó hace poco, en la calle Suárez Naranjo, una residencia de estudiantes, que abre sus puertas ahora en septiembre.

Un responsable de Neohaus, Fernando Rodríguez, subraya que las 20 habitaciones de la residencia ya están ya ocupadas, mientras resalta la «gran demanda» de casas que hay en el barrio. «Cuando estábamos haciendo la residencia me llamaban todos los días preguntando, pensando que eran viviendas. Hay mucho interés por comprar ahí. En general hay interés en toda la isla, pero tanto en Arenales como Las Canteras son una zona muy demandada», resalta Rodríguez, quien cree que «la prostitución va a menos, aunque a la gente le trae sin cuidado».

Los nuevos vecinos son, en su mayoría, gente joven que quiere vivir en un lugar en el que la presencia de casas terreras proporcionan al paisaje una imagen de barrio más familiar.

Algunos particulares construyen hogares unifamiliares de tres plantas o rehabilitan las viejas casas terreras para que se convertirlas en sus futuros hogares

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Pero, sobre todo, buscan un lugar céntrico donde poder comprarse un piso a precios asequibles por cantidades que oscilan entre los 122.000 y los 190.000 euros. La promotora Plenium acaba de iniciar un edificio de 18 viviendas con garajes y trasteros en la calle Ángel Guimerá, número 72.

Su director comercial, Juan Carlos Rodríguez, asegura que la inmensa mayoría de las casas se vendieron en pocas semanas. «Las empezamos a comercializar hace cuatro meses y ya tenemos trece vendidas. Ha sido muy rápido y esperamos entregarlos para finales de 2023», explica. En marzo de 2021 entregaron otra promoción de doce viviendas en la calla Agustín de Bethencourt. La promotora va al golpito. Hasta que no termina una promoción no inicia la siguiente. «Vamos una por una, haciéndolas bien y con cariño, y mientras negociamos la compra de más solares. Nos hemos centrado en Arenales. Es una zona muy buena. Siempre me pareció como terreno de nadie y resulta que ese es el secreto. No estás en ningún sitio pero estás cerca de todo. A 10 minutos de Triana, 15 de Vegueta, cinco de la Avenida, 20 minutos de Mesa y López», resalta. «Aquí se pueden dar todavía viviendas a buen precio. No como en Guanarteme. Ese es uno de los motivos por los que trabajamos en esta zona. Nos gusta hacer un tipo de producto de buena calidad y buen precio, que sea asequible».

Viviendas unifamiliares

En la calle Castrillo también hay zafarrancho de obras. Un particular está construyendo una vivienda unifamiliar con garaje y tres plantas, tras demoler una vieja casa. En la misma calle, en la esquina con el pasaje de Las Chapas está a punto de rematar la obra una clínica veterinaria en una vieja casa de dos plantas que ha sido rehabilitada.

La asesora inmobilaria de Era Arco Iris, Arancha Fernández, asegura que acaba de vender dos casas de las cinco que tenía en promoción en la calle Molino de Viento y Pamochamoso.

«Se han vendido a particulares, una pequeñita de Pamochamoso a un vecino que quiere ampliar su casa, y la de la esquina la compró un cliente para rehabilitarla y hacerse su vivienda particular. No se va a alquilar para prostitución», aclara Fernández, quien añade que una de las que tiene a la venta está alquilada ahora mismo para uno de esos locales. «Por eso es tan complicado venderla. Forma parte de un grupo de tres casas y los herederos las quieren vender todas juntas para una promoción de cuatro alturas y un local comercial. También de podrían vender por separado a alguna persona que quiera tener su casa terrera en el centro de la ciudad a un buen precio y que no tenga miedo a la situación que se vive actualmente allí. Cada vez hay menos, porque las casas que se quedan vacías se tapian. Por eso se ven muchas tapiadas para evitar que se metan dentro y se llenen de okupas». En el principio de la calle Molino de Viento, recuerda, «se acaba de terminar un edificio de viviendas y ya se vendió en su totalidad. La idea es esa, que poco a poco vaya saliendo la prostitución. Yo creo que en los próximos diez años veremos el barrio de otra manera. Hace falta paciencia porque no es fácil. Se está renovando poco a poco, porque hay inversores, sobre todo particulares, que están comprando viviendas. Las promotoras importantes no tienen interés por el barrio. Esa es la verdad». Un particular compró hace poco una casa terrera de cuatro habitaciones por 195.000 euros, resalta.

El arquitecto Jaime Santana teme que en un futuro no muy lejano pase como en Guanarteme. «Esperemos que no, pero es previsible, porque es un barrio muy céntrico y está muy bien conectado. Es un sitio ideal para vivir. De hecho, se está construyendo ya a pesar de los problemas de marginalidad que hay y en algún momento, por un motivo u por otro, porque la presión inmobiliaria sea más fuerte que ahora o porque desaparezca la prostitución se produzca una gran inversión», que expulse a la gente del barrio, por la elevación de los precios de la vivienda y el alquiler. «Los alquileres», constata, «se mantienen, aunque no son bajos».

Augura que las viejas casas terreras, ninguna de las cuales está protegida, acabarán desapareciendo y con ellas la clásica tipología del barrio.

Jaime Santana: "Queremos que en el barrio haya una mezcla de edificios nuevos, viejos, grandes y pequeños y una mezcla de niveles económicos. Nadie está en contra de la renovación, lo que rechazamos es que se lance fuera a la gente del barrio"

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 «Lo ideal», subraya, es que en el barrio «haya una mezcla de todo, edificios nuevos, viejos, grandes y pequeños y una mezcla de niveles económicos en la población; que no sea solo una zona de ricos o una zona de pobres, que haya mezcla. Nadie está en contra de que haya renovación, lo que no queremos es que se excluya a la gente del barrio. Rechazamos ese proceso de gentrificación que lanza fuera a la gente del barrio», advierte el arquitecto, que plantea la necesidad de trabajar con las mujeres que están siendo prostituidas para «que se puedan ganar la vida de forma digna». Recuerda que varias organizaciones trabajan en este momento en la puesta en marcha de un plan integral enmarcado en torno a un proyecto participativo para el desarrollo social del barrio de Arenales.

Las plazas pendientes


El barrio de Arenales sigue pendiente de las dos plazas que el gobierno municipal ha anunciado en el barrio.

Una de ellas, que irá en un solar municipal situado entre la calle Castrillo, el callejón de Las Chapas y Molino de Viento, sólo necesita que el Ayuntamiento plante un arbolito, unas plantas y un banco. El descampado ha sido vallado, pero aún así se ha convertido en uno de los basureros de la ciudad. Hasta hace poco había un viejo tresillo.

El otro parque, que coge casi una manzana entre Matías Padrón, Suárez Naranjo y Carvajal, está pendiente de acuerdos con los dueños de dos edificios de viviendas en Matías Padrón, según indica el concejal de Urbanismo, Javier Doreste, que añade que tanto el proyecto de este parque como el de Castrillo se presentarán a alguna línea de financiación de fondos europeos, para ponerlos en marcha.

Asegura que el parque de Suárez Naranjo se hará en cuanto se consiga dinero, en una fecha que aún no se sabe, con el suelo que ya está liberado porque hay problemas para ponerse de acuerdo con los vecinos que quedan. Por su parte, el arquitecto Jaime Santana, critica que el Ayuntamiento haya optado por «expropiar casas a los vecinos para hacer un parque para los vecinos, cuando en el barrio hay decenas de solares que se pueden utilizar o plazas fragmentadas. Por lo menos tendremos un parque en el futuro». Lamenta que no se haya permitido hacer el proyecto de huerto urbano que propuso el grupo Fuera de la Portada, en el suelo destinado al futuro parque de Matías Padrón, mientras se resolvía la expropiación

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