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Manuel Ángel Santana Turégano

Cambio social, carriles bici y regalos navideños

El cambio social se percibe mejor cuando vuelves a vivir en tu ciudad después de tiempo sin hacerlo. Mi trayectoria laboral la he realizado fuera de Las Palmas de Gran Canaria, ciudad en que nací y que visito con frecuencia, pero en la que no suelo hacer el tipo de desplazamientos que la gente suele llamar “ir a trabajar”.

Lo he hecho recientemente, usando la Sitycleta y los carriles bici para desplazarme entre Santa Catalina y San Telmo, y he visto que la ciudad que se mueve ahora es diferente a la que se movía, hace 30 años, cuando yo era adolescente. Bastante gente en bici y patinetas, guaguas llenas, teniendo en cuenta las restricciones de la pandemia, y tráfico relativamente fluido en la Avenida Marítima. Durante una mañana pensé que mi ciudad natal había transitado hacia un modelo de movilidad más sostenible, y que quizá podríamos dejar a las generaciones venideras un mundo más habitable. Pero cuando por la tarde cogí el coche para llevar a mi sobrino en un trayecto típico de adolescentes me topé con la cruda realidad: atascos provocados por un modelo urbano y social en el que el rey de la casa no es el niño ni el perro, sino el automóvil: urbanizaciones para familias de clase media en que lo normal es tener, cuando menos, dos vehículos, y donde para salir de casa se usa la puerta del garaje tanto o más que la puerta de la calle. Y, cosas de mi mente, me dio por enlazar este hecho con los datos sobre la abstención electoral y la cultura política. En Canarias casi la mitad de la población no vota. Y la idea general de la política es que es eso que hacen unos ladrones y enchufados que viven a costa de quienes de verdad trabajan. En eso pensaba mi mente mientras estaba parado en medio del Puente del Guiniguada, uno de los más altos de España, construido cuando mi sobrino estaba a punto de nacer. ¿Los puentes los hacen los obreros, los ingenieros o los políticos? Aunque por supuesto que es necesario que haya ingenieros que los diseñen, y obreros especializados que los ejecuten, sin que mediante la política los ciudadanos tomen la decisión de construirlos no tendríamos puentes.

Cuando yo era niño nos hacían creer que en función de cómo te portaras durante el resto del año en Navidades recibirías tu merecido en forma de regalos. Si habías sido bueno recibirías muchos regalos, y si te habías portado mal los Reyes Magos (en algunas casas Papá Noel) te pondrían carbón. ¿Cómo nos hemos comportado en el último cuarto de siglo? Cuando oigo a los ciudadanos hablar de la política pienso cuánto peso sigue teniendo el franquismo en nuestra consciencia colectiva y qué poco democrática es nuestra cultura política. Porque, en medio del enfado generalizado ocasionado por la pandemia muchas personas parecen ver a la ‘clase política’ como unos Reyes Magos injustos que les han traído carbón pese a lo bien que se han portado, sin plantearse si, al fin y al cabo, no tenemos lo que nos merecemos. Si hemos rendido culto a los dioses del petróleo y el consumismo es normal que tengamos en nuestras ciudades autopistas y centros comerciales. Si hemos potenciado el transporte público y las calles amables para ciclistas, peatones y demás transeúntes, es normal que tengamos una ciudad habitable en que aún hay vida más allá del centro comercial. ¿En qué mundo hemos elegido (o dejado que otros eligieran por nosotros) vivir? Optemos por lo que optemos, y dado que hace más de 40 años que vivimos en democracia, ya va siendo hora de que asumamos nuestra mayoría de edad política, y de que comprendamos que el mundo que en el futuro dejaremos en herencia es el que hoy, entre todos, estamos construyendo, no el que nos traigan unos reyes (o presidentes de gobierno, de república, o ‘caudillos’) más o menos magos, más o menos justos. Somos herederos de una sociedad en la que quien gobernó durante casi 40 años decía que no se metía en política, somos una sociedad en la que muchos dicen que prefieren no meterse en política, coger el coche e ir a distraerse a un centro comercial. Cada coche por separado es una familia yendo a un centro comercial, pero todos juntos es un atasco monumental: como decía Durkheim, uno de los padres fundadores de la Sociología, la sociedad es más que una mera agregación de individuos. En Canarias muchas personas, durante muchos años, han preferido mirar para otro lado y dejar que otros tomaran las decisiones. Pero, si entendemos que la política va justamente acerca de en qué mundo queremos vivir mañana, entenderemos que nadie puede decir que la política no va con él, ni con ella. Y es que, al fin y al cabo, el cambio social es como nos decían que eran los regalos navideños: en función de cómo nos comportemos hoy, tendremos unas u otras cosas mañana. Afortunadamente, parece que en el mundo cada vez somos más quienes queremos que los Reyes Magos traigan cada vez menos carbón (y hollín, y contaminación, y petróleo) y más bicicletas (y patinetas, y balones, y ciudades en que disfrutar de todo ello.)

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