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Ángel Tristán Pimienta

Apuntes

Ángel Tristán Pimienta

Periodista

La maldición de llegar tarde

España, y Canarias en primera fila del patio de butacas, suele llegar tarde en las ocasiones importantes. O muy temprano, pero esto son otros lópeces, como se decía al final del franquismo. La Transición tiene de trascendente que fue una afortunada excepción: una excepcional excepción. Todo el mundo, menos los extremos y los tarados, vayan ustedes a saber por qué lo estaban, puestos de acuerdo para evitar el abismo.

Eso se acabó pronto. Con Aznar cambiaron las reglas del juego: todo pasó a estar sobre la mesa de su despacho. Lo primero que quedó fuera de la política de Estado fue el compromiso de unidad en la lucha contra el terrorismo. A partir de ahí todo ha sido un rompe y rasga. Ruido de grillos. Todo parece estar grillado. Encima, esa enorme, profusa, confusa y difusa y muy alargada barra de bar que son las redes sociales fomentan el jaleo y, paso a paso, la polarización.

Pero hay también pequeñas cosas en apariencia, pero que generan grandes problemas, que al parecer se dan como irremediables. Son como esos medicamentos súper caducados, a veces décadas, que se encuentran escondidos, olvidados en gavetas apolilladas de las viejas farmacias.

Dos noticias se están abriendo paso en el cenagal político, y las dos representan perfectamente en qué medida España está alejada en el día a día, en las cosas corrientes, de la Europa real.

Una es la llamada FP Dual. Es una formación profesional digamos típicamente alemana. Claro que para su éxito hace falta tener empresarios convencidos como los alemanes. En 1994 dieciocho chicos de Las Palmas llegaron a Paderborn (RFA) como voluntarios para un programa experimental del INEM. Se trataba de comprobar en la práctica las posibilidades del sistema dual, y de iniciar un plan de inmersiones financiado por los fondos europeos. Una idea del delegado provincial del INEM, Manuel León. Fue un éxito rotundo para ambas partes: para los jóvenes (y sus familias), para el INEM y para las partes alemanas.

Exactamente un año después, en octubre de 1995, una delegación –en la que participaba LA PROVINCIA– acudió al teatro de operaciones: se entrevistó con los responsables alemanes, con los representantes de empresas concernidas, con los alumnos, en sus lugares de trabajo, e incluso acudió a una muy concurrida feria de profesiones. En el grupo iba también la diputada socialista Carmen Romero, profesora, que sintetizó perfectamente las condiciones: «Los empresarios españoles deben implicarse en la formación profesional para prestigiarla» (…) «la mayor utilidad de esta experiencia es comprobar sobre el terreno el progreso de la inmersión (…) y comprobar también cómo aquí en Alemania todas las instituciones están coordinadas para resolver un problema que no se puede abordar solamente desde un ángulo. Es decir, es una cuestión que necesita implicar no solo a Educación sino también a Trabajo, al mundo empresarial, a las comunidades autónomas y organismos municipales…».

Por las mismas fechas LA PROVINCIA publicaba que el centro de formación profesional de Cruz de Piedra no contaba con coches que tuvieran elevalunas eléctricos y otras modernidades. La compañía Domingo Alonso suministró ipso facto vehículos adecuados para las prácticas.

Pero el tema ha ido decayendo. De vez en cuando se habla de la FP Dual, hasta que se para de hablar. El pez siempre se escapa de la malla.

Sin embargo el País Vasco tiene un sistema de formación profesional avanzada que funciona. El viceconsejero vasco de FP lo explicaba a profesionales canarios en Uso Múltiples I: «Para que nuestras empresas puedan estar en la vanguardia tecnológica europea y sean competitivas hace falta que cuenten con trabajadores que también estén en la vanguardia tecnológica europea». Uno de los presentes planteó en el turno de preguntas si el coste salarial no restaría competitividad. La respuesta fue contundente: «No, lo que nos resta competitividad es el precio de la electricidad, mucho más caro que el de nuestros competidores alemanes, ingleses y franceses…».

De ahí, no nos movemos.

La otra cuestión es la nueva ley universitaria. El ministro Castells es uno de los grandes sociólogos actuales, profesor en prestigiosas universidades extranjeras, sea en Estados Unidos o en Europa, y conocedor por lo tanto de los modelos de gobernanza universitaria que se están imponiendo por sus resultados en estos tiempos de vértigo total.

En la UE hay dos procesos en marcha que se van extendiendo: uno es la fusión de centros, especialmente de investigación. Hoy la masa crítica necesaria está desperdigada, así que algunos países han acometido un programa de concentración de esfuerzos.

Por otra parte se extiende el cambio de gobernanza, sobre todo en lo tocante al sistema de elección de rectores, eje que une a todas las ruedas. Un estudio comparativo encargado a prestigiosos por la Conferencia Española de Consejos Sociales revela que se va extendiendo la implantación de un Consejo integrado por la parte académica y la parte social, en distintas proporciones, que efectúe la contratación fichaje entre los diversos candidatos, que han de ofrecer un proyecto al «tribunal» evaluador. Qué piensan hacer para conseguir qué, y en cuánto tiempo. El ministro Castells llegó con su mochila de experiencias a cuestas e intentó meter un poco de modernidad en unas estructuras obsoletas. Pero poco a poco el corporativismo, los intereses creados, los grupos de presión que atraviesan generaciones, departamentos, parroquias, partidos, sindicatos… han ido obligando al profesor Castells a echarle agua de grifo sin depurar a su fórmula magistral. El resultado, a no ser que el Congreso se «trastorne» para bien y decida avanzar en vez de retroceder, es que lo que puede salir, si es la CRUE la que dirige a los diputados como a peleles, a golpe de amenaza… sería un serio retroceso con respecto a la LRU y la LOU, excepto en cosas aisladas que no necesitan leyes sino decretos.

Otra vez Europa y, la parte mundial en la que estamos, va a una velocidad, y España, ensimismada y mirándose el ombligo a académico, no aprovecha para cambiar el 600.

Me da pena Castell. En serio. Otra ocasión perdida.

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