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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Lamberto Wägner

Tropezones

Lamberto Wägner

Lagunas

Dos incidentes recientes me han dado que pensar, y están en la génesis de este tropezón.

El otro día leyendo a un sufrido grupo de amigos uno de mis artículos, en el que por necesidades del guión utilizaba una terminología sacada de la guerra de las galaxias o de Star Trek, uno de los contertulios, por cierto una eminencia en su disciplina de historia del arte, me reprochó el uso de una jerga que no comprendía en absoluto, y que a él le sonaba a chino.

Unos días más tarde, en un intercambio de pareceres sobre las inversiones en bolsa con un amigo economista, nos adentramos en el futuro de la energía y el porvenir de los distintos sistemas de generación. En concreto sobre la conveniencia de invertir en uranio, habida cuenta de un horizonte internacional muy favorable a las centrales nucleares.

Al argumentar yo que no había que olvidar el más prometedor de los procesos de generación, la fusión nuclear, imitando lo que ocurre en el sol, con la garantía de un sistema que lleva demostrando su eficacia desde hace millones de años, me encontré con una mirada en blanco de mi interlocutor. Pese a su formación y su permanente acceso a la información, desconocía por completo una solución de futuro, que por cierto es responsable de un proyecto en marcha en el sur de Francia que viene a representar posiblemente la mayor apuesta industrial e inversión financiera de todos los tiempos.

Y estos dos incidentes me han hecho reflexionar sobre situaciones parecidas, a las que no les había prestado atención: no hace mucho, un político de primera fila confesaba desconocer la existencia de un personaje como Elon Musk, que no solo acaba de desbancar a Bill Gates como el hombre más rico del mundo, sino que en aquel momento era ya el responsable de la incontenible pujanza del coche eléctrico. Estoy seguro de que ese mismo político, al igual que sus compañeros de gobierno desconocían en la misma fecha el nombre de Jeff Bezos, otro pionero que ya por entonces estaba dando nueva forma a nuestra sociedad, a través de su imperio de Amazon.

Indudablemente todos tenemos lagunas en nuestro disco duro de conocimientos, y opciones muy dispares en la prioridad de lo que almacenamos en los mismos. Pero ello no quita que produce cierta inquietud la selección de lo prioritario, a la hora de formarse una estructura de las necesidades y las encrucijadas de nuestro porvenir. En el hombre de a pie tales conocimientos no parece que puedan serle demandados. Pero lo que sí es imperdonable es que un político con su cohorte de asesores, al que al fin y al cabo hemos votado para regir nuestro destino, esté in albis de las fuerzas futuras que van a dar forma a nuestras vidas.

En definitiva, que todos tenemos nuestras lagunas, por la inercia misma de nuestra cuna y nuestras oportunidades. Pero hay lagunas que son verdaderos océanos, y creo que algo tendremos que hacer para que los conocimientos enciclopédicos de algunos sobre un ámbito específico no lo sean a expensas de una ignorancia igualmente enciclopédica sobre temas que a todos nos afectan a. Pero esto deberá ser objeto de otro artículo.

Por de pronto acaba de pregonar uno de mis nietos mi absoluta ignorancia sobre las andanzas de Harry Potter, que forman ya parte esencial de su universo, y por tanto de unos cimientos de su personalidad a los que yo seguramente tampoco debiera permanecer ajeno.

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