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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

Baboserías cero en los barrios

Puede que por la cercanía de las elecciones y el hartazgo social por las sucesivas crisis, se acelere (o retorne) la bronca en directo al representante político que va al barrio a inaugurar una segunda mano de pintura al techo de un local social. Por lo pronto, el alcalde capitalino, Augusto Hidalgo,. ya vivió el viernes en la Vega de San José un anticipo de este modelo de agitación, al recibir en público una bronca del representante vecinal Óscar Roque, un líder cuyo pasado político se remonta a la etapa de UCD. Un pedigree democrático más antiguo que el del primer edil, que probablemente era un bebé cuando este señor ejercía de concejal en una ciudad mucho más acuciada que ahora por las carencias sociales y de infraestructuras.

Los políticos que andan enredados con las listas electorales y luchas de poder internas suelen perder el sentido de la realidad, y hasta creen que el compadreo y las baboserías que dan y reciben en el partido son de correcta prescripción en los vecindarios de los arrabales urbanísticos. El episodio que puso gallito al alcalde (¡hay la humildad!), cuyo vídeo fue de consumo masivo en las redes, resulta del manual de lavadora en tres idiomas: una comitiva que en su escala de valores distorsionada cree que la remodelación de una cancha de deportes viene a ser una composición de Mahler. Pero no es así. Saben los encumbrados que tienen deudas con el barrio, pero creen que el motivo inaugural es más que suficiente para que la turbulencia del río se amaine. Para nada. Le cae una rociada al alcalde, lo llaman «mentiroso» y le reclaman la apertura de un centro social que por razones varias fue cerrado, ocupado y quemado. Está en la ruina, según los vecinos. Un final absurdo.

Vivimos una fiebre por la inauguritis que ha superado, aunque parezca increíble, la pasión del Caudillo por ir de un lado a otro cortando cintas. Una inclinación que en su caso recaía preferentemente en embalses y pantanos, y que en la actualidad se ha pervertido hasta límites insospechados. Un desarreglo en todos sus matices que incluye, como novedad, la proliferación de la recreación de la obra que nunca se hará, o un despliegue de paneles ininteligibles donde el concejal de turno explica, al estilo napoleónico, el desarrollo futuro (o no futuro) de la obra en cuestión. Es el previo a la primera piedra. Esta casuística, lógicamente, acaba por hincharle las bembas a cualquier hijo de vecino, más si eres de la Vega de San José, cuya lucha por el bienestar se remonta a los tiempos en que los guindillas de la capital usaban salacot.

El alcalde tiene que medir sus acciones electorales de cara a su candidatura al Cabildo. La cesta de la compra está disparada, más bien todo, y no hay nada más que incendie que los sueldos no sirvan para llegar a final de mes. A estas alturas de la película, aunque su idilio con la MetroGuagua no se lo deje ver, debe ser consciente de que en esta urbe sigue desestructurada, crece la pobreza, algunos mayores se mueren solos, hay más personas con discapacidad mental durmiendo en los portales, entre otros males a tener en cuenta. Un caudal que debería ser motivo más que suficiente para valorar qué se va a inaugurar, y qué lugar ocupa entre las necesidades a cubrir en el entorno social sobre el que se interviene.

Para un político, que desea tener controlado todo, lo mejor es que nadie le rechiste, incluso que lo avisen para poder salir por el garaje o por otra puerta. Da igual que la persona que le abronca sea de derechas o de izquierdas. Son estereotipos, insisto, entre los que los políticos profesionales se mueven encantados. En los barrios es otra cosa: es la lucha permanente, hasta por un banco para el parque.

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