Suscríbete

La Provincia - Diario de Las Palmas

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Juan Francisco Martín del Castillo

Un escritor, una fatúa y el izquierdismo

Hace siete años el mundo se estremeció con los atentados en torno a la sala de conciertos de Bataclán, en la Ciudad de la Luz, el París de la razón, la simetría y la libertad. Se supo de más de un centenar de víctimas, según iba avanzando la noche de aquel fatídico viernes, 13 de noviembre. Un acto execrable, inhumano y hasta sacrificial. Por un momento, las calles de la capital fueron pasto de la violencia fanática de origen religioso.

Al lunes siguiente, el 16 de noviembre, se produjo una escena, igualmente increíble, en una conversación entre compañeros de profesión. Un alguien, supuestamente instruido y con el suficiente conocimiento de la realidad de las cosas, lanzó a los cuatro vientos una ráfaga de frases que retumbaron en nuestros oídos como la detonación de un arma de fuego. «Es que no sabemos lo que ocurre. Hay que comprender a estos chicos. Ellos también son víctimas». Los presentes en la reunión nos miramos los unos a los otros en un silencio tan impactante como el mensaje que acabábamos de escuchar.

Un segundo viernes, éste más cercano en el tiempo, supimos del vil atentado al escritor angloíndio Salman Rushdie. En concreto, el pasado 12 de agosto, muy temprano, como en las peores noticias, el autor de Los versos satánicos (1988), confirmó trágicamente la premonición de otro poeta señalado por el fanatismo y la intolerancia ideológica: «Hay algo enemigo temblando en mi certidumbre». Así se expresaba Pablo Neruda, en un poema titulado Tiranía, anticipando la sensación que seguramente debe asaltar ahora al pobre Rushdie en su convalecencia hospitalaria. Han transcurrido treinta y tres años de la fatúa dictada por un ayatolá de Irán, pero eso no ha importado para consumar el edicto. Sin embargo, y es a lo que voy, el crimen cometido sobre el escritor tiene muchos responsables, entre inductores, consentidores e indiferentes. Es verdad que hay un detenido, un ejecutor material de la agresión, si bien el que crea que todo termina en este individuo o bien es un ingenuo o bien un ignorante. Aquella persona que clamó por los victimarios de Bataclán es uno de ellos.

Hubo un tiempo en el que el izquierdismo, el mundo progre en general, razonaba, explicaba, comprendía y hasta perdonaba las acciones del yihadismo. Incluso hoy, en la Francia de Descartes y Voltaire, siguen escribiéndose sesudos alegatos en favor del fanatismo islámico, transformando a los asesinos en víctimas y a éstas, las genuinas y verdaderas, en sacrificios necesarios en el altar de la defensa racial y religiosa. Por último, le deseo a Rushdie, ejemplo de abnegación, una pronta mejoría, pero que ni él ni nadie olvide que su pesadilla personal es el mal de una época, la nuestra, ausente de los valores que identifican la verdad y la mentira, los mismos que separan la libertad de la sumisión.

Compartir el artículo

stats