TRIBUNAL SUPREMO
Los animalistas no vulneraron el honor del Zoo de Madrid por cuestionar el bienestar de sus delfines
El Tribunal Supremo avala la libertad de expresión de Proyecto Gran Simio, que publicó las conclusiones de una investigación acerca del la situación de los cetáceos
Desde el Zoo de Madrid sostienen la falsedad de las acusaciones y que el único fin era su desprestigio

Estructuras pilosas que parecían inútiles son la clave para el electrosentido de los delfines. / Pexels
Alberto Muñoz
El Tribunal Supremo ha desestimado una demanda del Zoo de Madrid contra Proyecto Gran Simio, una asociación animalista que en 2019 denunció las presuntas lesiones que presentaban los delfines que participaban en los espectáculos del Aquarium. Según explica la sentencia, el zoo decidió interponer esa demanda después de que la ONG hiciese pública en su página web su demanda contra él frente al SEPRONA, pues consideraba que se había cometido una intromisión ilegítima en su derecho al honor.
En este caso, sin embargo, el Supremo ha considerado que lo sucedido se encuentra amparado constitucionalmente por las libertades de información y expresión, y, de hecho, ve "razonable" que una asociación que promueve el bienestar animal utilice los cauces legales para poner en conocimiento de la policía la existencia de un posible delito contra la salud de los delfines.
Es por eso que los magistrados de la Sala de lo Civil del Alto Tribunal han descartado la tesis principal sostenida por el zoo, ya que desde su representación legal se mantenía que la denuncia inicial frente al SEPRONA y la publicitación de la misma se produjo únicamente con el fin de desprestigiar su labor a la hora de velar por el bienestar de sus animales.
Delfines con lesiones y patologías
En 2019, Gran Simio publicó las conclusiones de una investigación llevada a cabo por la organización Sea Shepherd Conservation Society, una ONG que evaluó la calidad de vida en cautividad de estos animales en diversos delfinarios alrededor del mundo.
En ella se denunciaba que el zoo seguía utilizando en las exhibiciones recreativas a dos delfines con patologías cutáneas "constatables" y a otros que presentaban lesiones oculares evidentes, aportando pruebas fotográficas y asegurando que no se les daba la posibilidad de recuperarse antes de volver a participar en los espectáculos.
Con esos datos, Gran Simio entregó un informe al Servicio de Protección a la Naturaleza de la Guardia Civil (SEPRONA) en el que se describían las úlceras dermatológicas en forma de cráter de uno de los delfines, una gran úlcera en otro delfín con pérdida de piel en el extremo superior de ambas mandíbulas y graves problemas oculares en el resto de los animales que les hacían permanecer con los ojos medio cerrados.
Ante las conclusiones de ese informe, el Zoo Aquarium de Madrid manifestó en su momento que las acusaciones eran "totalmente falsas y han sido atribuidas intencionadamente con total desprecio a la verdad". A raíz de aquello, el zoo, que a diferencia de otros como el de Barcelona depende de una empresa privada, decidió presentar una demanda por vulneración de su derecho al honor y que es la que acaba de desestimar definitivamente el Tribunal Supremo.
Desde la Asociación Ibérica de Zoos y Acuarios (AIZA), sin embargo, también se criticó entonces la decisión de la organización animalista de denunciar y hacer pública su demanda frente al SEPRONA, pues consideraban que no siempre eran lo suficientemente rigurosos y que se basaban "en vaguedades, sin aportar pruebas y sin siquiera haber visitado el zoológico denunciado".
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