Soria exigió la Presidencia a Rivero a cambio de los cabildos y ayuntamientos

El líder del PP quería ser jefe del Ejecutivo, condición que no estaba dispuesto a aceptar el dirigente nacionalista - La libertad de pactos fue la excusa para desalojar a CC de las corporaciones locales

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R. ACOSTA La Presidencia del Gobierno a cambio de cederle el poder local a CC. Ése era el objetivo inicial del líder del PP, José Manuel Soria y lo que Rivero amagó con contar pero no lo hizo. Los resultados del 22M le habían sido favorables y le pusieron en bandeja la posibilidad de presidir el Gobierno si Paulino Rivero renunciaba a sus pretensiones a cambio de garantizarle estabilidad política en las corporaciones insulares y municipales donde los nacionalistas perdieron la mayoría. Cabildos y ayuntamientos en manos de CC desde hacía más de 20 años quedaban a expensas de un pacto entre el PP y el PSC, lo que desbancaría a los nacionalistas de sus tradicionales feudos en La Palma, Tenerife o El Hierro.

Pero Rivero no estaba por la labor. Quería la Presidencia y forzar un pacto en cascada con el PSC para evitar la pérdida de las corporaciones locales. Por eso cuando su ex socio de gobierno lo llamó la noche electoral se negó al pacto propuesto por Soria, pese a que se arriesgaba al "incendio" político al que aludió ayer en el Parlamento durante la sesión de investidura.

La rotunda negativa de Rivero a ceder la Presidencia provocó que Soria, contrariado, le espetara que daría libertad de pactos a sus organizaciones insulares. Al día siguiente el líder del PP inició el "incendio" aludido por Rivero, es decir, la libertad para pactar se iba a traducir en buscar mayorías con el PSC en las corporaciones locales para desalojar a los nacionalistas.

Con esta estrategia pretendía dos objetivos: romper el pacto que se estaba gestando entre nacionalistas y socialistas y provocar la división interna en el seno de CC. Los dirigentes del PP de La Palma, El Hierro y Tenerife transmitieron a Soria que había caldo de cultivo suficiente para llevar a cabo esta estrategia, ya que las bases socialistas de las islas occidentales estaban deseando en muchos municipios palmeros y tinerfeños dejar fuera del poder a CC después de más de 20 años de hegemonía.

Los socialistas recibieron el mensaje claro de los populares de pactar y desalojar a CC de las instituciones. José Miguel Pérez dio también la negativa por respuesta a las pretensiones de Soria pero lo que no calibró el líder socialista es la rebelión interna en su partido.
Fueron varios días de tensión e incertidumbre porque Soria presionaba advirtiendo que podía conseguir los votos necesarios para su investidura, los socialistas palmeros y herreños hacía oídos sordos a las instrucciones que recibían y los nacionalistas amagaban con romper la disciplina de voto.
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