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Carnaval Israel Reyes Ex director artístico del Carnaval

Israel Reyes: «El Carnaval tiene el reto de encontrar la convivencia entre los vecinos y la fiesta»

El ex director artístico del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria hace balance de sus 18 años al frente de las galas

Considera que «los grupos están desorientados y no se preocupan por el conjunto del Carnaval, solo de su existencia y su premio»

Entrevista al ex director artístico del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, Israel Reyes José Carlos Guerra

Director y productor de teatro, Israel Reyes ha sido durante los últimos 18 años director artísticos de las galas del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. Tras anunciar su retirada de la fiesta el pasado mes de julio, hace un balance en esta entrevista de las más de dos décadas que dedicó a las carnestolendas -primero fue ayudante-. Entre los retos pendientes, el Carnaval de calle y «una nueva era» para los grupos.

¿Por qué el Carnaval?

Llego al Carnaval por el teatro. Desde los 20 años he estado muy vinculado a las artes escénicas, Clapso existía en el 91, aunque era una compañía semi profesional por ese entonces. Nosotros hacíamos una actividad para escolares que se llamaba el Cofre del Carnaval, a partir de ahí llega esa vinculación. La recientemente fallecida Geni Afonso, junto a Francis Suárez, personas muy vinculadas a la fiesta, me llamaron para que fuera su ayudante. Ellos en los 90 tenían mucho peso en Tenerife porque eran ayudantes de José Carlos Plaza, director de la época y cuando el Carnaval se lleva al parque Santa Catalina en el 95 confían en ellos la dirección.

En estos 18 años, ¿las galas han dado un salto?

El salto se dio con Anatol. Antes era un acto protocolorio, simbólico. Cuando empiezan a venir las primeras estrellas, por aquí estuvo Pepe Navarro con Norma Duval, ya había una intencionalidad de salir del concepto fiesta de barrio y convertirlas en un evento de la ciudad. Es Anatol quien hace que venga Antena3, a lo que hay que añadir los decorados impresionantes de Alberto Trujillo. Ambos hacen girar la mirada y convierten las galas en un elemento muy atractivo. Todo con un despliegue de medios sin precedentes. Ambos hicieron posicionarlas en el gran escaparate.

Cuando toma las riendas, ¿hay una continuidad o un antes y un después?

Hay una evolución porque había un modelo que funcionaba. En ese entonces el parque llegó a tener más de 70 chiringuitos, era un carnaval de calle de verdad. Era ese momento en el que todo fluía. Las galas estaban consolidadas. Heredo un modo de hacer las cosas; intento imprimir mi sello, claro, pero Anatol dejó una forma muy característica de hacer las cosas. No hay que olvidarse que la gala es un concurso para elegir a la Reina. Es como los concursos de belleza. Miss Universo tiene 80 años y llevan todo ese tiempo exactamente igual. Le puedes poner tecnología, afortunadamente el papel de la mujer ha cambiado, pero más allá de eso el concepto de espectáculo es el mismo y pasa igual con la Reina. Un acto que se ha arropado con las actuaciones de los grupos y Anatol añade esa gran obertura temática en un concepto de gran musical. Es algo que funciona y sigue funcionando.

Aún así, ha ido afianzando las transformaciones.

El propio Carnaval es un elemento vivo. La Rama de Agaete, vas a la del viernes o a la de hace 40 años y todo es lo mismo. Son fiestas que mantienen una tradición. El Carnaval cambia en base a la sociedad, refleja muy bien los cambios y lo hace de forma inmediata. Las murgas de ahora no tienen nada que ver con las de los 90. En espíritu, en concepto, en motivación. A raíz de la pandemia la motivación de las murgas es otra porque muchos vieron que dedicaban un tiempo exagerado por algo que se supone que es un hobbie. Porque, ¿hasta donde el Carnaval es algo profesional? Viene del pueblo, pero los que hacen la fiesta aunque vengan del mundo aficionado tienen aspiraciones artísticas que de ahí que sea un gran vivero de creación.

Israel Reyes durante una entrevista. José Carlos Guerra

Ha nombrado la gala de la Reina, pero la estrella hoy es la gala Drag. ¿Su nacimiento responde a ese cambio?

Nace con Anatol en el 98 y se consolida después. Para mí la Gala Drag es un poco mi patrimonio porque soy quien redacta las bases. Era el miembro revolucionario LGTB del equipo. Por experiencia y cercanía venía de ver espectáculos en Madrid, en los primeros locales de Chueca, y fui de alguna manera el agitador que aquello pasara de los 450 padres de la idea. Hubo muchos agentes, entre ellos la visión de Anatol. Fuimos a Maspalomas a ver un concurso de transformistas; y en una conversación en coche con él y con Paco Medina hablamos de Priscila, de lo que habíamos visto y surgió apostar por los drags. Había que darle forma a ese concurso. Se la di inspirándome en el concurso más importante de la historia de la televisión, Eurovisión. Si miras las bases, el tiempo de actuación está calcado. Valoramos que si algo funcionaba casi 60 años es por algo. Que las canciones no duren más de tres minutos contribuyen al dinamismo y espectáculo. Uno de los grandes éxitos de la gala Drag es que ves un show similar. Reivindico eso. Al final el Carnaval es la suma de muchas cosas. En Tenerife, en los años 80, siempre hubo una visión escénica casi operística con Tamayo, Plaza, Azpilicueta, de eso aprendimos todos.

«Quedó pendiente forzar que se trabajaran planes de futuro, pero la política es cortoplacista»

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¿De qué se siente más orgulloso y qué podría haberse hecho mejor?

Al ser una fiesta social, que viene de la calle, es poco manejable, salvo que existiera, que no lo ha hecho, un plan a largo plazo. En esta evolución, quizá, yo puedo haber dejado algo positivo pero siempre que haya venido de fuera. Por ejemplo, Tenerife presume de los grandes trajes, pero eso viene de los buenos diseñadores. Aquí presumimos de los drags. Al final todo es fruto del talento de la gente, de la suma y el esfuerzo de los colectivos. Pero nunca ha habido un plan de trabajo con toda esa gente, cosa que sí recrimino. Me siento satisfecho de haber conseguido convenios con centros de formación como con el Politécnico para que quien estudie producción de espectáculos haga prácticas. Lo mismo con el IES La Minilla, donde hay un módulo de vestuario y hacen prácticas en los talleres de costura. Luego ves que hay alumnos de esos ciclos que terminan trabajando en la organización y ves que se hace escuela. También me siento muy satisfecho de la evolución de la gala Drag porque para mí es un hijo de mi trabajo creativo. De lo menos, no haber forzado o insistido que se diseñaran escuelas de carnaval o se trabajaran en planes de futuro; pero la política es cortoplacista.

¿Qué retos tiene su sucesor?

Creo que no es un reto de quién dirija las galas. Se demostró en la pandemia. Aunque no haya carnaval de calle, un espectáculo siempre se puede hacer. La pregunta es ¿eso es Carnaval? La fiesta es la suma de todo. Los retos no están en quien dirija la gala. Merece un debate más profundo. Hay una ecuación; cuando las cosas van mal lo que no se puede hacer es pensar que un director de la gala o un gestor es responsable de una sentencia. Sucede, que la incidencia de esa sentencia por cómo afecta a la fiesta hace que la gente diga que no están protegiéndola. Buscan ponerle nombres. El Carnaval es algo tan grande que la gente no sabe por qué no se puede celebrar el Carnaval de Día. No entienden los grave que fue que una familia pusiera una denuncia y que durante el proceso judicial ningún sector, ni grupos, ni empresarios de la zona, ni carnavaleros de pro levantaron la voz. La fiesta es la suma de muchos elementos.

¿Y en cuanto a retos concretos del Carnaval?

No hay un espacio definitivo para la celebración de las galas, el parque va a estar en obras el año que viene. Está el reto de encontrar una convivencia entre los vecinos y la fiesta; y otro es, tras la pandemia, cómo los colectivos están afrontando una nueva era.

Israel Reyes, ex director artístico. José Carlos Guerra

Precisamente, en la última edición hubo polémica en el concurso de murgas, con la autodescalificación de Los Sarymanches.

Los grupos están desorientados, es una reflexión que hago. Hay una inercia, pero no hay un objetivo. Soy muy crítico con esto, los grupos no se preocupan por el conjunto del carnaval. Solo de su existencia y de su premio, fomentando la rivalidad. Se supone que siempre están preocupados en su discurso; eso está en la canción, pero en la acción diaria hay algo que se ha fracturado que tiene que ver con esto. Nadie va a estar más de 10 horas de su tiempo en un hobbie que no termina de ser algo más allá de esa pasión por ganar. Es verdad que se ha recuperado el desfile de grupos y noto que están cómodos con eso; y hay varios que mantienen vivo todo el año una actividad sociocultural, que era el origen de todo esto. Reunirse a cantar, compartir, crear un disfraz. Hay una búsqueda de hacia dónde va todo esto. Es un reto más. Hay gente que va a ensayar a Agüimes cuando es de Arucas, ya ni siquiera el grupo es un patrimonio del barrio. Es otra cosa, una marca. Cuando el parque se queda medio vacío tras ciertas actuaciones es un reflejo de esto, según para quién el carnaval empieza y acaba en su grupo. 

Usted ha sufrido duras críticas por parte de los grupos.

He sufrido mucha presión por ejemplo por cual es el papel que tienen en la gala. He sido críticos con ellos y ellos conmigo. La gala no puede ser a medida de cada colectivo, es la elección de la reina y las protagonistas son ellas. Es igual que, ¿alguien ve la actuación de una murga en la gala Drag? Alguien lo ha propuesto. Con esa idea ocupan espacios en nombre de soy Carnaval. Hay que buscar espacios de confluencia. ¿Dónde estaban en momentos críticos? Con excepciones claro.

«Me siento satisfecho de la evolución de la gala Drag, para mí es un hijo de mi trabajo creativo»

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También se ha criticado que las galas se han profesionalizado tanto que son muy televisivas. ¿Comparte esta visión?

En cuanto al formato, si la va a emitir la tele, obviarla, sería un error. Otra cosa es que cuando acabe la gala no haya ambiente festivo, pero eso es culpa de unas sentencias que han limitado las muestras expresivas en la calle. Se ha secuestrado la fiesta, pero eso no tiene nada que ver con la gala ni con la dirección. Mira, un ejemplo, Azpilicueta no dirigía las galas de Santa Cruz para la tele; tal es así que ponían los cortes de publicidad y la gala continuaba. Pero claro, eso provocaba que cortaban actuaciones, por ejemplo. Lo que hay que mirar es si funcionan y el dato lo da la audiencia. El fracaso sería que no la viera nadie y no tuviera trascendencia en redes. Es más, ¿qué sería de la gala Drag sin la televisión? Tanto es así, que cuando vino Ru Paul sabía que venía a una gala Drag, de eso ya había en discotecas o Prides; lo que le hizo click fue ver el despliegue de cámaras que hizo Antena3 y que se emitiera en prime-time. Lo consideraba increíble. Si ves la filosofía del programa Drag Race convierte el concepto en un producto mainstream familiar. Ha conseguido pasar de una tele de cable de Nueva York a convertirse en un fenómeno con licencias en 17 países del mundo. Ahí se dio cuenta que los drags podían entrar como producto en las casas.

¿Se han superado las comparaciones con Tenerife?

No podemos estar comparando carnavales entre islas. Esencialmente son el mismo. Ambos bebieron de las mismas fuentes. La comparación hace tiempo que no tiene sentido. ¿Cuántos no se van de aquí al Carnaval de día de Tenerife y cuantos no vienen aquí a la gala Drag? Ambos se pueden complementar y han conseguido mantener su interés.

¿Y ahora qué?

Clapso como productora nunca dejó de hacer teatro. El Carnaval ocupaba una parte importante de la agenda, de diciembre a marzo no teníamos vida. Pero el resto del año hacíamos eventos, producciones teatrales. Ahora nos centraremos en eso y dejar el hueco del Carnaval para ocuparlo con otros proyectos y seguir contando historias. Hay vida fuera de ahí.

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