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Adios al 'inventor' del Sur

El patriarca del turismo en Canarias

Alejandro del Castillo será recordado por ser un visionario gracias al proyecto 'Maspalomas, Costa Canaria' que ideó en los años 60 y que sirvió para promover el turismo como el principal motor económico de las Islas

El patriarca del turismo en Canarias

El patriarca del turismo en Canarias

Alejandro del Castillo Bravo de Laguna (Las Palmas de Gran Canaria, 16 de diciembre de 1928 - Las Palmas de Gran Canaria, 2 de mayo de 2020), noveno conde de la Vega Grande de Guadalupe, caballero de la Orden de Calatrava, maestrante de Zaragoza, medalla de oro al Mérito Turístico, gran cruz al Mérito Aeronáutico, premio Importantes del Turismo del Gobierno de Canarias, hijo predilecto de Gran Canaria y de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, hijo adoptivo del municipio de San Bartolomé de Tirajana, presidente de honor de los Amigos Canarios de la Ópera y premio al mecenazgo musical de la Real Academia Canaria de Bellas Artes, falleció ayer a los 91 años de edad en su casa de Vegueta. Considerado como el patriarca del turismo en Canarias, fue el propulsor del proyecto 'Maspalomas, Costa Canaria' allá por la década de los sesenta del siglo pasado, que convirtió el sur de la Isla en el principal enclave turístico de España con más de un centenar de plazas alojativas.

"Un hombre bueno" y "una buena persona". El historiador Manuel Lobo, coautor junto a Fernando Bruquetas del libro El Condado de la Vega Grande, y Juan José Benítez de Lugo y Massieu, cuñado del conde, coinciden en definir con prácticamente las mismas palabras a Alejandro del Castillo, las mismas con las que 'el Conde' quería ser recordado. "No porque esté muerto, porque en realidad justamente era así", apostilla el catedrático que fuera rector de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, quien asegura que conoció tarde al conde, pero que durante los últimos años tuvo una relación muy estrecha que le llevó a reconocer la importancia que tuvo su figura no sólo en el ámbito empresarial y turístico, sino también en el cultural -creó la Asociación de Amigos Canarios de la Ópera y estableció premios musicales y distintas becas para jóvenes músicos-, en el de la filantropía -realizó incontables obras piadosas y su mujer, María del Carmen Benítez de Lugo, fundó Nuevo Futuro- y en el deportivo -promovió la creación del Club de Golf de Maspalomas y colaboró con entidades deportivas-.

Juan José Benítez de Lugo y Massieu es una de las personas que mejor puede hablar de la vida del conde de la Vega Grande. "Era como un segundo padre para mi", apunta nada más descolgar el teléfono en la vivienda donde se encuentra confinado por la pandemia del coronavirus, una situación que ha hecho que el dolor sea aún mayor al impedirles darle el último adiós. Benítez de Lugo, cuñado de Alejandro del Castillo, recuerda que la relación entre ambos viene desde su infancia. No obstante, en la boda con su hermana María del Carmen fue el encargado de llevar las jarras en la iglesia de Arucas allá por septiembre de 1964 cuando sólo tenía 7 años. El enlace fue recogido en las páginas del periódico ABC en su edición del 23 de septiembre de aquel año: "La desposada, ataviada con traje de raso blanco y tocada con la diadema de la casa marquesal de Arucas, entró en el templo del brazo de su padre y padrino, el marqués de Florida, y el novio, del brazo de su madre y madrina, doña María Teresa Bravo de Laguna del Río".

Por aquella época ya se estaba fraguando lo que iba a ser el proyecto más importante en la historia de la economía de Canarias durante el último siglo, el pilar que sostiene ahora miles de empleos: la creación de 'Maspalomas, Costa Canaria'. Eran más de 2.000 hectáreas de terrenos desérticos, un erial, con 17 kilómetros de litoral que iban desde el barranco de Tirajana hasta el barranco de Arguineguín, los límites que demarcan el municipio de San Bartolomé de Tirajana. Una franja sin apenas vida humana -unos 3.000 habitantes- pero que albergaba uno de los tesoros naturales de la Isla: las dunas y el oasis de Maspalomas. La idea partió del arquitecto Pedro Massieu, que, según declaró el propio Alejandro del Castillo, cogió como semejanza la urbanización de la Costa del Sol de Málaga. El objetivo era atraer a los turistas que por entonces abarrotaban la playa de Las Canteras. "En los años sesenta la capital grancanaria empezaba a llenarse de turistas, pero cada día iban en guaguas al Sur porque en Las Canteras estaba la panza de burro. Por eso, le comenté a mi padre que había que hacer algo abajo para dar de comer y alojar a aquellos visitantes de Centroeuropa que precisamente venían en busca del sol a la Isla", explicó en una entrevista a este periódico en 2012, cuando se cumplió medio siglo de aquel hito de la economía isleña.

Las revistas especializadas ya barruntaban la importancia de aquella idea, que pretendía construir más de 60.000 camas alojativas para convertirlo en uno de los principales destinos turísticos de España en un momento en que Canarias sobrevivía sobre todo del monocultivo del plátano y el tomate, producto este último que la familia del Castillo, en concreto Agustín del Castillo, cuarto conde de la Vega Grande; introdujo en el Archipiélago. Fue entonces, gracias a un crédito de 60 millones de pesetas que el padre del banquero Emilio Botín le concedió, cuando aquellos terrenos baldíos se convirtieron en complejos hoteleros ideados por el proyecto desarrollado por un grupo de arquitectos franceses, que ganó el concurso internacional 'Maspalomas, Costa Canaria'.

Ese fue el germen de la alta franja turística que va desde San Agustín hasta Pasito Blanco que en la actualidad dan cabida a 130.000 plazas alojativas. No fue fácil, como reconoció Del Castillo, quien al principio carecía de socios que apoyasen la idea. Por ello, decidieron empezar por San Agustín, el tramo más cercano a la capital, con los bungalows Los Caracoles y el restaurante La Rotonda para después continuar hasta el complejo que mejor definía la idea del proyecto: el hotel Oasis en medio del palmeral de las dunas. Después llegaron oleadas de turistas e inversores escandinavos primeros y alemanes después, que junto a los constructores canarios levantaron decenas de complejos turísticos por toda la costa, convirtiéndose en la principal economía del Archipiélago.

"Fue un visionario en su momento, apoyado por su padre y sus hermanos Pedro y Ana", apostilla el historiador Manuel Lobo, quien destaca que "dio renombre al Archipiélago y en especial a la isla de Gran Canaria y a Maspalomas". "Tuvo la idea, sobre todo, de promover el Sur de una manera abierta", apostilla Juan José Benítez de Lugo. "Él entendió", prosigue, "que aquello no era un proyecto de una persona y entonces esto lo abrió a mucha gente que a su vez ganó mucho dinero". "Para nada fue un egoísta; una de las cosas que le caracterizaba es que era generoso, todo el mundo que se acercaba si podía le echaba una mano", añade.

Ese carácter filantrópico lo llevó al mundo de la cultura. En 1967 vio la luz el I Festival de Ópera de Las Palmas de Gran Canaria, organizado por Amigos Canarios de la Ópera que había creado 'el Conde' durante una cena de Navidad, como recuerda su cuñado. A este amor por la música se unía una pasión por la pintura. "Era muy polifacético", apunta Benítez de Lugo, quien considera que tenía un "sentido del color innato" que plasmaba en los cuadros que pintaba en acuarela. "Era un buen acuarelista", sostiene Manuel Lobo, quien durante los últimos años mantuvo una relación estrecha con el empresario durante el trabajo de documentación del libro sobre su biografía. "Alberto Manrique de Lara y Pedro del Castillo eran sus maestros. De hecho hizo algunas exposiciones en la Galería Vegueta y en el Real Club Náutico de Gran Canaria". También impulsó con la cesión de los terrenos el campo de golf de Maspalomas y el aeroclub de El Berriel, que enriquecieron la oferta turística en San Bartolomé de Tirajana.

Hace dos años, su mujer María del Carmen Benítez de Lugo falleció. Aquello melló la salud del conde de la Vega Grande, como reconoce su cuñado. Pese a ello, a sus 90 años aún se mantenía con fuerza, era muy activo en las redes sociales -solía sortear los cuadros que publicaba en su cuenta de Facebook entre los me gusta que recibía- y su muerte, en la madrugada de ayer cuando dormía, ha cogido por sorpresa a todos sus familiares y amigos.

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