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Volcán de La Palma| Historias tras la tragedia

Una flor a Fátima con la esperanza de que pare la erupción del volcán de La Palma

Los bomberos cumplen el deseo de una vecina de Las Manchas que pide que pare la erupción

Un bombero deposita la flor a los pies del monumento religioso. | | E.D.

Bomberos de La Palma cumplen el deseo de una vecina de Las Manchas y llevan una flor al monumento a la Virgen de Fátima, símbolo de la resistencia de los volcanes de San Juan, en 1949.

Los pequeños detalles son un motivo para la esperanza en medio de la erupción del volcán de Cumbre Vieja. Lo que para los bomberos de La Palma es una anécdota más, se convierte en realidad en todo un símbolo de resistencia: una vecina de Las Manchas ha reclamado la complicidad de estos hombres para llevar una flor al monumento de la Virgen de Fátima, un espacio que se encuentra dentro de la zona de exclusión.

Uno de los bomberos que atendieron esta petición, Pedro León, explica que el encargo se produjo cuando los recursos de emergencia se disponían a iniciar su labor en la parte sur de la zonas desalojadas. Allí, continúan colaborando con los vecinos en las tareas de limpieza de azoteas y tejados, servicios de acompañamientos o desalojos o atendiendo animales.

Esta es la historia de una mañana diferente, una jornada que se agita en el Mirador de Los Charcos, en el municipio de Fuencaliente, cuando una señora hace indicaciones a los bomberos en el último control de acceso que las Fuerzas de Seguridad del Estado a la zona de exclusión.

Era una residente de Las Manchas de Arriba, junto a la iglesia de San Nicolás, barrio perteneciente al municipio de El Paso y que está totalmente cubierto por el material que expulsa el volcán. Ella solo tenía una petición, y entre lágrimas les rogó a los efectivos que llevaran la flor que sostenía entre sus manos al monumento dedicado a la Virgen de Fátima. «Que esto pare ya», les imploró.

La señora vio cumplido su deseo por la amabilidad que mostraron los bomberos. Pedro León, Félix Rodríguez e Ismael Martorel, efectivos del Parque de La Laguna, que actualmente también son parte de los vecinos desplazados por el avance de la lava, consiguieron gracias con un vehículo 4x4 y «algunos apaños» completar un camino que «no fue fácil», señala el primero, y llegar hasta ese monumento con una historia particular, vinculada a la erupción de los volcanes de San Juan, en el año 1949. Allí la Virgen de Fátima tiene para sus vecinos el significado la resistencia contra la devastación del volcán, siguiendo desde el pasado 19 de septiembre, como testigo directo, la evolución de la erupción de Tajogaite.

Y es que este monumento está estrechamente vinculado al vulcanismo de la isla. Su llegada a La Palma tiene el origen en la promesa hecha por el párroco de la localidad, Blas Santos Pérez, que se comprometió a que, si se salvaba la ermita San Nicolás de Bari del paso de la lava, levantaría este monumento a la virgen a la que le había implorado la salvación de la iglesia.

Donde se ubica la imagen se pararon las coladas de lava del volcán de San Juan en 1949

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En aquella ocasión, el río de lava se acercaba peligrosamente a la ermita de San Nicolás de Bari y en previsión se habían llevado las imágenes religiosas, puertas, campanas, retablos e incluso ventanas a la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios, en Los Llanos de Aridane. Pero, por suerte, o intervención divina, la lava, que lo calcinaba todo a su paso, bordeó la iglesia y no le causó el mínimo daño, quedando a unos cien metros de la ermita.

Fueron dos canteros gallegos los que tallaron en 1951 en Pontevedra el monumento. La imagen de granito, cuyo diseño es de Gonzalo Cárdenas, es de dos metros de alto y de un peso de tonelada y media y antes de partir fue bendecida en Santiago de Compostela, el 28 de abril de 1952, en una ceremonia solemne por el arzobispo de Santiago, Fernando Quiroga Palacios, como ofrenda de Galicia a El Paso.

La talla se recibió 18 de mayo de 1952 en la parroquia de San José en Santa Cruz de Tenerife, contando el periodista Luis Álvarez Cruz, que también fue testigo presencial de la erupción del volcán de San Juan, que «con tanta emoción y reverencia» se recibió la talla «donada por Galicia a la isla de La Palma, con el fin de que sea emplazada en la misma linde donde se detuviera la lava, a su conjuro milagroso, a su celestial intercesión».

El cronista también puso de relieve que «la sagrada imagen, erigida al pie de la lava negra del volcán de Las Manchas», permitiría también apartar a la Isla de «la desventura, lo mismo que en otro tiempo apartará el curso impetuoso de la lava volcánica que descendía desde la cumbre para anegar el risueño valle en su oleaje de fuego».

En su ubicación definitiva, el marco que la contempla, coronado por una cruz que soportan hojas de acanto, llama poderosamente la atención y está construido en cemento y piedra volcánica. Delante tiene una plaza y un altar sobre adoquines de lava, con dos accesos independientes que ahora están totalmente cubiertos por una gran capa de piroclastos.

Desde su instalación, la Virgen de Fátima ha formado parte de la vida, cultura y festejos de todos los mancheros, ya que hasta allí se acercan en las bodas, procesiones del rosario, misas o despedir a sus difuntos.

Por todo ello, Pedro León destaca que el llevar hasta ella la flor es «otra manera de ayudar», y con la que también consiguen dar esperanza a muchos vecinos, ya que «no podemos frenar la lava, ni podemos hacer mucho más», lamenta. Para el bombero se trata de «un tema moral», insistiendo en la necesidad de que «se mantenga un hilo de luz y de fuerza».

Acceder al monumento de Fátima «no fue peligrosos», añade, pero considera que era necesario cumplir ese deseo de la vecina de Las Manchas «como un gesto hacia la Virgen de Fátima y lo que significa» para los vecinos de esta zona.

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