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Volcán de La Palma | Las medidas para el fin de la erupción

Los expertos afinan la medición de los parámetros que ponen fin a la erupción del volcán de La Palma

Con el cese de actividad de Cumbre Vieja, los científicos pueden acercarse más al edificio principal y extraer nuevos datos | Piden prudencia a la población

Medición de las temperatura de la colada en la zona de Tacande

Medición de las temperatura de la colada en la zona de Tacande Andrés Gutiérrez

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Medición de las temperatura de la colada en la zona de Tacande Christian Afonso

Los días se van descontando para dar por finalizada la erupción de Cumbre Vieja en La Palma, y la comunidad científica afina cada vez más la medición de los parámetros para poder decir que la actividad ha concluido en el oeste palmero. Las cuatro patas en las que se sustenta esta decisión son la sismicidad, la deformación del terreno, la presencia de dióxido de azufre en la atmósfera y el tremor volcánico. Desde el pasado lunes por la noche, estos indicadores han reflejado un balance positivo y, de continuar así, solo quedarían tres días para que la ansiada noticia del final de la erupción llegue tras más de tres meses. Pese a todo, los expertos siguen pidiendo prudencia a la población, ya que no se podrá recuperar la normalidad al día siguiente de declarar el volcán extinto. 

Durante una visita ayer a la colada situada más al norte del edificio principal de Cumbre Vieja, el volcanólogo del Instituto Geográfico Nacional (IGN), Stavros Meletlidis, comentó que, durante la actual «fase de espera» en la que se encuentra inmerso el volcán, «hay aspectos que se pueden medir que antes no podíamos, como la temperatura en profundidad relativamente cerca del cono, o tomar muestra de los gases de esta última fase». Por ello, estos últimos días se han visto en las inmediaciones del cráter principal a personal científico de las distintas agencias que conforman la red de vigilancia de este proceso realizando nuevas mediciones, más allá de la franja de seguridad de un kilómetro a la redonda del edificio volcánico. «Esas fumarolas que se ven en la actualidad, esa desgasificación cerca del cráter, nos permitirá aprender algo más sobre el volcán», insistió el experto.

Como han explicado desde el Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (Pevolca) una vez cesó la actividad aparente del volcán, estos días se tiene muy en cuenta los valores que arrojan el tremor volcánico, la sismicidad y la emisión de gases siguen estables. No así la deformación del terreno, que en la estación de Jedey, la más cercana a los centros emisores, llegó a marcar una deformación de ocho centímetros durante la jornada, si bien ya se ha revertido parcialmente. La medición de estos parámetros se afina cada vez más, ya que la calma que existe actualmente en el proceso eruptivo les permite acercarse más y medir cuestiones que antes era imposible medir. 

El personal experto descubre ciertos productos y estructuras en las cercanías del cráter

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«Los parámetros en una erupción volcánica en general hay que verlos en un contexto y en un conjunto. No se trata de tenerlos en un momento dado, sino que los datos que se obtienen hay que tenerlos en su conjunto y en un contexto más amplio para poder identificar estas fases de las que hablamos. Es lo que hemos hecho desde el principio, y por eso hemos podido realizar las evacuaciones con un éxito rotundo», defendió Meletlidis. Además, toda esta información que se está extrayendo del volcán, y que resultará tan importante de cara a futuras erupciones en otras muchas partes del mundo, se ha conseguido sin poner en riesgo, en ningún momento, la vida del personal científico y de emergencias desplegado en La Palma estas semanas. «Hay que tomar ciertas precauciones, tener respeto y no arriesgar, porque ningún dato científico vale una vida humana», agregó el volcanólogo.

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Los científicos dan cuatro días más para confirmar el final de la erupción en La Palma Andrés Gutiérrez

Pese a la intensa lluvia que cayó ayer sobre La Palma, que dejó cantidades importantes de precipitación en numerosos puntos de la geografía insular, la comunidad científica continuó ejerciendo su labor de vigilancia. El propio Meletlidis realizó algunas mediciones de temperatura sobre el terreno, que siguen reflejando que las coladas permanecen calientes, con valores de hasta 150 grados centígrados en ciertos puntos. De ahí que no se puedan relajar. Todavía esas coladas no pueden pisarse, porque, más allá del calor que desprenden, también albergan otros peligros, como los gases emitidos por el gigante dormido, o la posibilidad de derrumbe que es más que posible. Todo ello hace que se tomen muchas precauciones a la hora de acercarse a ellas para estudiarlas y sacar las medidas necesarias. 

Además de ello, los caminos de acceso a estas zonas más próximas al volcán siguen estando, en muchos puntos, prácticamente intransitables. De hecho, en la visita de ayer, hubo momentos en los que los vehículos todoterreno del IGN y el GES tuvieron algunos problemas para continuar avanzando. La lluvia también contribuyó a ello, haciendo patinar sobre la ceniza mojada a los automóviles. Si a eso se le suma que las condiciones de visibilidad ayer, en medio del aguacero, eran prácticamente nulas, la situación era muy comprometida.

Pese a darse por finalizada la erupción la población todavía tendrá que esperar para regresar a casa

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Además de para afinar en las mediciones encaminadas a declarar el final de la erupción, el personal científico que se acerca al edificio principal de Cumbre Vieja también consigue extraer nuevos conocimientos. Este es otro de los grandes objetivos de la red de vigilancia: no se trata solo de supervisar la marcha del volcán, sino también de extraer información que permita conocerlo más en profundidad y poder usar esos datos en otras erupciones que puedan producirse en distintos puntos del planeta. Según Meletlidis, esa mayor cercanía al cráter tiene la importancia del descubrimiento de «ciertos productos y ciertas estructuras» que el volcán genera únicamente en las inmediaciones como son las bombas volcánicas densas que pueden «dar pistas sobre el magma y las condiciones en profundidad». 

Asimismo, durante la erupción el IGN había instalado una cámara térmica dentro del radio de un kilómetro alrededor del edificio principal de Cumbre Vieja, ya que este tipo de cámaras no tienen capacidad para hacer zoom. Aun así, los datos no eran del todo fiables, pero una vez cesada la actividad aparente del volcán, han podido instalar otra de esas cámaras térmicas más cerca todavía «para tener una visión más directa y mejor de esos parámetros físicos de temperatura hacia el interior del propio cráter», según explicó Stavros Meletlidis. Todo ello contribuirá a tener cada aspecto de este fenómeno natural bien estudiado y analizado, y contribuir a su conocimiento generalizado y pormenorizado, como nunca antes se había hecho en una erupción de estas características.

Precaución y paciencia

Si los parámetros continúan en la tendencia de estabilidad actual, dentro de tres días el Pevolca podría declarar formalmente el final de la erupción en Cumbre Vieja, que cumplió tres meses el pasado domingo. Pese a ello, tanto desde el comité científico como desde las propias instituciones se insiste en informar a la población que, con todo, ello no significa que pueda regresar a sus hogares inmediatamente. Muchas de estas personas se encuentran fuera de sus casas desde hace más de 12 semanas, por lo que es entendible que quieran regresar, pero lo harán, expuso Meletlidis, «cuando las condiciones de seguridad para ello estén garantizadas». 

Ayer mismo, y por segundo día consecutivo, quienes tienen sus viviendas o tierras de cultivo en Puerto Naos, La Bombilla, El Remo y otros núcleos costeros de Los Llanos de Aridane no pudieron entrar a la zona de exclusión porque la presencia de gases tóxicos seguía siendo alta al promedio en niveles de fondo. Son muchos los peligros que, aunque el cráter haya dejado de manar lava al exterior, pueden seguir produciéndose en la zona afectada por la erupción. Los ejemplos que especificó el volcanólogo del IGN fueron los «episodios o momentos donde se puede tener una actividad sísmica, cambios de formación o emisión de gases», algo que mantiene la preocupación intacta entre la red de vigilancia del fenómeno. En ese sentido, insistió en que La gente tiene que entender que, en estos momentos, «quizás puede haber casas que no estén preparadas para estar habitadas, que pueden tener daños estructurales por los terremotos o la carga de ceniza, o que puedan estar cerca de una emisión de gas difuso». Las lluvias que han caído estos últimos días, también pueden tener efectos, ya que las coladas de lava han modificado la topografía del valle de Aridane, provocando ciertas variaciones en las escorrentías, desplazando las corrientes de agua a puntos que no están preparados para absorber esas cantidades.

«Esa calma nos genera una zona de confort, porque no nos sentimos directamente amenazados, pero no es así, existen ciertos peligros todavía como derrumbe de coladas, emisión de gases, sismicidad... No hay que relajarse porque la rutina lleva a los errores, y hay que estar siempre atentos y escuchar y seguir las recomendaciones del Pevolca», argumentó el experto. En ese sentido, aseguró que todos esperan que la normalidad se vaya recuperando poco a poco en la isla, pero auguró «instrucciones adicionales que habrá que acatar», por lo que pidió paciencia y prudencia a los habitantes desalojados. «Nosotros como vigilantes del volcán, como científicos, siempre hemos sentido el arrope de la gente, siempre ha confiado en nuestra labor, y creo que ahora tiene que dar una muestra más de esa confianza», concluyó Meletlidis. 

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