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Obituario

Olga, repítela otra vez

Fallece a los 92 años la reconocida escritora lagunera | La autora de Hilandera de luz o Memoria azul forma parte del proyecto del Gobierno de Canarias Constelación de escritoras canarias para el reconocimiento y difusión de la obra de autoras de las Islas

Olga Rivero Jordán

Olga Rivero Jordán

Olga Rivero Jordán, se nos fue a escribir versos, en las nubes del tiempo; se fue a escuchar la trompeta de su compañero Mariano, allá arriba, lejos.

Olga, repítela otra vez le decíamos en las escalinatas de la Universidad de La Laguna. Recitaba de nuevo, su poema preciso y reía nerviosa entre estudiantes, ávidos de su palabra.

Olga, en las mediasnoches de huelgas de hambre estudiantiles, se venía a hurtadillas a nuestros encierros, con termo de café con leche y bocadillos de jamón y queso. Nos obligaba a comer a escondidas, ¡que están creciendo!

Olga, se apuntaba a las mani que aquellas, si eran de verdad, con grises armados, y porrazos por doquier. Corría y se refugiaba en los zaguanes. Ella no podía faltar.

Fuimos a ver a Pedro García Cabrera, estaba ya muy mayor. Ella le leyó sus versos inclasificables y el gomero poeta, después de pensarlo, se los aprobó. Cuando llegó mi turno, sólo dijo: mucha política. Aquello envenenó a Olga y nos marchamos pitando. Habrase visto, repetía una y otra vez.

Tu, sigue escribiendo.

Olga, reía y retumbaba en toda La Laguna. Su risa salía de aquellos ojos luminosos, limpios, amables; su conocida carcajada contagiosa.

Todos los universitarios de aquellos primeros años 70 eramos como sus hijos. ¡como sabían las tardes de churros con ella y sus poemas!

Se metía en las asambleas, en la cafetería de la Universidad, en la biblioteca entraba a buscarnos y se veía todas las pelis en el paraninfo, con un frío que pelaba.

Aparecía taconeando por el Hall de la Universidad, con sus carpetas bajo el brazo. Te amarraba a ella y te leía sus últimos versos, recién fabricados.

Olga era nuestra, incansablemente nuestra. Amiga, divertida, ocurrente, observadora; era pasión, era guasona; la mujer de un trompetista. Una artista libre, antifascista. Era colosal.

¡¡Como la queríamos!! si no aparecía, íbamos a su casa a buscarla. El café no faltaba con los acordes de Mariano de fondo y las rimas de rigor.

La vi triste cuando el más querido de la pandilla, Leocadio, se suicidó. Un poeta palmero, frágil, espléndido. El no pudo con este mundo y se marchó, antes de tiempo. Para Olga fue un golpe directo, al alma.

Olga hizo guardia cuando nos encerramos en la Catedral con los trabajadores del plátano. Ella nos trajo mantas y un altavoz para que habláramos, desde la torre. Aquella acción de varios días, nos costó unos cuantos palos y el paso por la comisaría que estaba en la plaza del Adelantado. Todos fichados y los curas, calientes por el sacrilegio. Olga nos esperaba en comisaría y pidiendo a gritos, que no nos tocaran. La oíamos desde dentro y bajaba la tensión.

Olga, la insólita, la necesaria, Olga, la nuestra. Olga te fuiste.

Todos aquellos universitarios laguneros de los años 70, nunca te podremos olvidar.

Olga, repítela otra vez.….

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