Opinión | Reseteando
El clavo de oro del tren

Imagen de archivo de un tren Talgo en unas estación / RICARD CUGAT
En plan épico se podría decir que el tren al que aspira el Cabildo grancanario es comparable a la odisea del lejano oeste para conseguir su deseado caballo de hierro. Rectifico: en el lugar de los colonos de Norteamérica se palpaba el sudor de una masa de trabajadores en precario abriendo túneles y colocando raíles por ásperos parajes. Aquí, en la Isla, no hay señal carnosa del proyecto, aunque existen informes y planos como para llenar los 21 metros del último modelo de guagua llegado a la ciudad. Tan aletargado es el reposo de esta aspiración revolucionaria, que no hay más remedio que subirse a la bicicleta estática al conocer que Óscar Puente, ministro motosierra en el caso Koldo, Pablo Rodríguez, Antonio Morales y Rosa Dávila (por Tenerife), entre otros, han escenificado el bodegón futurista del tren bala saliendo de un hangar diseñado por un heredero de Yamamoto. Las secciones (nada de vagones) del modelo con un sistema de impulso híbrido van repletas de bañistas hiperconectados a la IA, a la vez que un robot atraviesa el pasillo comprobando los billetes y con un menú de pastillas para la sed, elevar la glucosa o potenciar la vitamina D. En un monitor se explica que en el siglo XXI un tal Morales cumplió el sueño de apretar el botón para accionar el prototipo, pero que todavía faltarían décadas y décadas para conseguir al completo el vehículo que rompería todos los esquemas de la movilidad insular. Un rayo fuerte de solajero penetró por la ventana y creó una simpática sombra chinesca en la mesa de la reunión. De vuelta a la monotonía monocorde: cómo lograr los 4.000 millones (1.500 para GC y 2.200 para TF) para un sueño que cada vez se parece más a aquel que tuvieron los que construyeron el primer ferrocarril transcontinental de los EEUU, cuyo clavo de oro se colocó en 1868. Pero aquello resultó toda una hazaña en el campo de la ingeniería, llena de sufrimientos extremos para cruzar las montañas. Aquí, sin embargo, no se ha colocado ni un tornillo, sólo sobresale una narrativa entre papeles, previos y más previos que nos llevarán al delirio máximo.
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