Ciencia e información respaldan las alternativas sin humo
La ciencia demuestra que cambiar a las alternativas sin humo es una mejor opción que seguir fumando

Laboratorio de Philip Morris International. / La Provincia

La falta de información sobre las alternativas al cigarrillo sigue siendo uno de los grandes retos para aquellas compañías que ofrecen un cambio hacia opciones menos dañinas que seguir fumando. En este contexto, la ciencia cobra especial relevancia ante el reto de desmentir mitos dentro de la comunidad médico-científica y fomentar un debate riguroso sobre los productos sin combustión basado en evidencia.
La evidencia científica también es clave para orientar políticas públicas más eficaces, diseñar regulaciones proporcionales al riesgo real de cada producto y desarrollar campañas de concienciación basadas en hechos, no en prejuicios. En el caso de Philip Morris, toda la ciencia que desarrollan más de 1.400 investigadores en su centro de investigación de Suiza está disponible, lo que permite crear un diálogo y un debate real en torno a las alternativas a los cigarrillos y las evidencias que las sustentan.
Uno de los mitos más extendidos, por ejemplo, es que la nicotina es la sustancia más perjudicial del tabaco. Sin embargo, la evidencia científica ha demostrado que la nicotina no es la principal responsable de las enfermedades graves asociadas al tabaquismo, como el cáncer o las patologías cardiovasculares. Aunque se trata de una sustancia adictiva y no exenta de riesgo, el verdadero daño lo provoca la combustión del tabaco, que genera humo con miles de sustancias tóxicas.
En ese sentido, es importante entender que eliminar la combustión reduce significativamente la exposición a los compuestos nocivos; es en el humo donde se encuentra un alto nivel de sustancias químicas perjudiciales, que son la principal causa de enfermedades relacionadas con fumar.
Pero, a pesar de que lo ideal siempre será dejar de fumar, para aquellos que ya son fumadores adultos, la ciencia ofrece hoy alternativas que no queman el tabaco, no generan humo y pueden reducir significativamente la exposición a sustancias químicas nocivas. Y, aunque se presentan en formatos distintos, todas las alternativas sin humo tienen en común que no queman ninguna sustancia y, por lo tanto, no generan humo ni ceniza.
Tanto los cigarrillos electrónicos (vapeadores), como los dispositivos de tabaco calentado eliminan el proceso de combustión. Como no se quema ninguna materia, el vapor que se libera es un aerosol fundamentalmente diferente al humo del cigarrillo. En el caso de los dispositivos de tabaco calentado se calienta el tabaco real a temperatura controlada y sin quemarlo, mientras que los vapeadores o cigarrillos electrónicos calientan una solución líquida que contiene nicotina, pero no tabaco. Además, existe una tercera opción, las bolsas de nicotina, un producto de uso oral que no contiene tabaco y que no implica dispositivo, calentamiento o inhalación de un aerosol, puesto que la nicotina se libera gradualmente cuando la bolsa se coloca entre la encía y el labio superior.
Varios países implementan ya estrategias de reducción del daño y adoptan medidas de acceso a alternativas libres de humo, consiguiendo así importantes resultados en la reducción de tasas de fumadores. Suecia es el ejemplo más notorio: con solo un 4,5% de fumadores es considerado el primer país libre de humo del mundo. No solo registra una menor incidencia de cáncer de pulmón, sino también de las muertes relacionadas con fumar que el resto de los países europeos.
Por otro lado, en Japón, desde la introducción de IQOS en 2014, la tasa de fumadores ha caído del 19,6% al 10%. Y en Reino Unido, el sistema de salud pública creó en 2023 su campaña «Better Health», promoviendo el vapeo como herramienta para dejar de fumar, afirmando que vapear es un 95% menos perjudicial que fumar cigarrillos.
Los resultados de estas alternativas ya son patentes: como indica la evidencia científica, al eliminar la combustión, los productos sin humo pueden reducir los niveles de sustancias químicas nocivas y potencialmente nocivas en promedio entre un 90 % y un 95 % en comparación con el cigarrillo. Y aunque la mejor decisión que cualquier fumador puede tomar es dejar por completo de consumir tabaco y nicotina, la ciencia demuestra que cambiar totalmente a las alternativas sin humo que, pese a no ser inocuas pasan los controles de calidad adecuados, es una mejor opción que seguir fumando.
Los bulos sobre las alternativas sin humo persisten porque los mitos se difunden con mayor rapidez que los datos científicos. Este escenario subraya la importancia de garantizar que tanto los profesionales sanitarios como los consumidores dispongan de información clara, contrastada y basada en evidencia. Solo así podrán tomar decisiones informadas y solo así podrá desaparecer el cigarrillo generando un impacto positivo en la salud pública.
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